«El Museo de Miniaturas Militares supuso un antes y un después para la ciudadela de Jaca»

Diego Fernández: "El Museo de Miniaturas Militares supuso un antes y un después para la ciudadela de Jaca". (FOTO: Rebeca Ruiz)
Diego Fernández: «El Museo de Miniaturas Militares supuso un antes y un después para la ciudadela de Jaca». (FOTO: Rebeca Ruiz)

El Museo de Miniaturas Militares supuso un antes y un después para la Ciudadela de Jaca. Así lo explica Diego Fernández, que fuera director, hasta 2020, de este espacio cultural único en el mundo y que hoy, 11 de abril, cumple 15 años. El museo, que tiene su origen en la colección particular de Carlos Royo-Villanova que el Ayuntamiento de Jaca expuso, inicialmente, a partir de 1984, en el Fuerte de Rapitán, supuso en su momento un punto de inflexión en la dimensión cultural del Castillo de San Pedro e, incluso, de la ciudad. Hoy, es uno de los museos más visitados de Aragón y se estima que más de un millón de visitantes han recorrido sus instalaciones, que incorporarán, próximamente, un nuevo diorama dedicado a la Guardia Civil.

El Museo de Miniaturas militares de la Ciudadela de Jaca cumple 15 años

El Museo de Miniaturas de la Ciudadela de Jaca cumple 15 años. Un espacio cultural singular, único, mimado hasta el último detalle y que se ha convertido, en sus 15 años de historia, en uno de los museos más visitados de Aragón.

Diego Fernández fue el director del Museo de Miniaturas Militares hasta 2020, y creador de todos los escenarios y dioramas que se exponen en el MMM. Él es el alma mater y la persona que mejor conoce la evolución que ha experimentado este espacio hasta convertirse en lo que es hoy: una seña de identidad de la Ciudadela de Jaca y un revulsivo cultural para la capital de la La Jacetania. Este lunes, coincidiendo con su décimo quinto aniversario, compartía un encuentro informal con varias personas que, en distintos momentos y circunstancias, colaboraron con el museo.

Una historia de amor con el miniaturismo

Un concurso de belenes en el Regimiento de Ingenieros en Marines, donde Diego Fernández estaba destinado como sargento a principios de los años 90, fue el comienzo de una historia de amor con el miniaturismo que sigue más viva que nunca.

Apasionado por la cultura y el arte, y por una serie de circunstancias, lleva toda una vida dedicado a esta técnica. Hoy, 30 maquetas realizadas por Diego Fernández se exponen en el Museo Militar de Valencia. Y dioramas con su firma pueden contemplarse en ocho espacios museísticos de distintos puntos de España.

A partir de aquel momento, Diego Fernández se formó específicamente en la materia, con un Máster de Museología de la Universidad de Valencia y distintos cursos de didáctica y conservación, entre otros, en el prestigioso Museo del Traje de Madrid, y de montaje de exposiciones.

En 2001, Diego Fernández llegó a Jaca. A través del coronel Juan Bautista Topete (autor, precisamente, de los escenarios de las maquetas donde se exponía la colección de Royo-Villanova en Rapitán), se le encargó un informe acerca de cómo podría llevarse a cabo el traslado de aquella colección, que acababa de ser adquirida por el Ayuntamiento de Jaca, al Castillo de San Pedro. Junto al mismo Royo-Villanova se ocupó personalmente del traslado de todas las figuritas, y el Ejército de Tierra le encargó la confección de las maquetas del museo tal y como se conoce hoy.

Del Fuerte de Rapitán a la Ciudadela de Jaca

«Carlos Royo-Villanova estuvo más de 20 años -desde los años 60- coleccionando soldaditos de plomo; la mayoría de ellos procedentes de una empresa valenciana que se llama Alymer, en Burjassot. Fue el origen de aquella primera exposición de Rapitán, en 1984. Allí los espacios eran los almacenes de pólvora, las casamatas,… con unas condiciones que hacían que algunas de las piezas estuvieran totalmente blancas por la cal que habían acumulado como consecuencia de la humedad de los muros del fuerte», recuerda Fernández.

Aquel museo inicial, que dista mucho de lo que es hoy el Museo de Miniaturas Militares, se había cerrado al público a mediados de los años 90. «Lo primero que hicimos fue inventario de una colección que entonces estaba formada por unas 35.000 piezas. Era necesario saber exactamente qué había y ordenarlo todo por escenas, y restaurar y limpiar lo que merecía la pena», explica Diego Fernández. Algunas de las personas que colaboraron con él en esta tarea (entre ellas, la viuda del coronel Topete, Magdalena García, se reencontraban hoy en la Ciudadela de Jaca.

Tras un exhaustivo trabajo de recuperación, de las 35.000 piezas originales, se expusieron, aproximadamente, 32.000 en 23 escenarios en el momento de la puesta de largo del museo. Y a ellas se han incorporado las de los nuevos dioramas inaugurados con posterioridad: el dedicado al Tercio de Lombardía que pasea por los glacis de la Ciudadela (1.200 piezas), la gran maqueta de la Batalla de Waterloo (con 8.000 piezas en origen y que hoy alcanza las 9.000) y la de la UME (con unas 300 piezas).

También hay que sumarles las más de 3.500 piezas de la colección Martín Nicolás, y las colecciones de Waterloo que se exponen independientemente (unas 500). Junto a los Premios Ejército, conforman el inventario de más de 50.000 piezas en el conjunto del Museo de Miniaturas.

Un Museo de Miniaturas único

Una de las cuestiones que hacen que el Museo de Miniaturas Militares de Jaca sea único en su ámbito es la dimensión de las piezas. «Nosotros mantenemos una misma escala siempre en lo que supone el recorrido cronológico del museo, la H0/1:87, que es la escala comercial que se utiliza para las maquetas de trenes. Y cada figurita mide aproximadamente dos centímetros», señala Fernández.

Lo normal, en este tipo de espacios, es que se utilicen miniaturas de 54 milímetros. «No se lucen quizá tanto como en las más grandes; pero, por contra, permiten hacer escenas mucho más vistosas», apunta. Es una de las señas de identidad de este espacio museístico tan especial.

Los Tercios de Lombardía en los glacis de la Ciudadela de Jaca

Aunque a Diego Fernández se le pone en un compromiso si se le hace elegir entre las maquetas que forman el Museo de Miniaturas Militares, para él tiene un significado especial el diorama de los Tercios de Lombardía.

«Evidentemente, hay muchas que me apasionan. Quizá me quedaría con la de la Ciudadela: primero porque representa un monumento al que quiero mucho» -explica, emocionado-.

De hecho, confiesa que su ilusión sería poder realizar a escala un Castillo de San Pedro como lo concibió Tiburcio Spanocchi que, además, tuviera un componente didáctico.

Es un diorama con un importante legado sentimental para Diego Fernández. Todas las figuras que lo conforman las donó Carlos Royo-Villanova. Y, además, está hecho codo con codo con Cristina, su mujer. Para él, es mucho más que una maqueta: son recuerdos gratos y muy intensos, cargados de nostalgia y de buenas sensaciones.

Por si fuera poco, Fernández escondió en ella dos figuras entrañables detrás de la espadaña: el Capitán de los Tercios y la Ciudadela personificada, que son dos de los principales personajes que aparecen en La memoria de la piedra.

La Guardia Civil, protagonista del próximo diorama del Museo de Miniaturas Militares de la Ciudadela de Jaca

Actualmente, el valor del Museo de Miniaturas Militares es incalculable, tanto sentimentalmente como en términos económicos (hay que recordar que todo su contenido está realizado artesanalmente). Es un espacio cultural vivo, que sigue creciendo. En este sentido, Diego Fernández ya está trabajando en la próxima maqueta que se incorporará a sus fondos y que estará dedicada a la Guardia Civil.

La idea no es nueva y ya se tuvo en cuenta a la hora de concebir el museo. «Será un homenaje. Una visualización de las funciones que la Guardia Civil realiza. No podemos mostrar todas, pero sí las más destacadas con relación a nuestro territorio. Y estará muy centrada en el rescate en montaña», adelanta su creador. De momento, habrá que esperar un poco para conocer los detalles de este gran diorama que, con toda seguridad, será sorprendente.

«Cuando se creó el Museo de Miniaturas Militares, hace ahora 15 años, se pensó también en el discurso. En el por qué, en el para qué y en el cómo. La esencia no se debe perder. Y la esencia del museo, además de ser un potente motor económico de la ciudad, y gracias a todos los que pensaron que el museo debía estar aquí, fue lo que impulsó a que la Ciudadela de Jaca se transformara de un cuartel visitable a un monumento que ahora mismo es un referente cultural en todo el Pirineo y en Aragón. Hoy es una visita imprescindible para todas aquellas personas que tengan interés en el patrimonio, la cultura, la historia y el arte. Sin duda, el Museo de Miniaturas Militares supuso un antes y un después para la Ciudadela», concluye Diego Fernández.

EL ORIGEN DEL MUSEO DE MINIATURAS MILITARES SE REMONTA A 1984

El origen del Museo de Miniaturas Militares se remonta a 1984, cuando el Ayuntamiento de Jaca adquirió la colección de 35.000 pequeñas figuritas de Carlos Royo-Villanova. En aquel momento, se instaló en el Fuerte de Rapitán. Desde 2003, el museo se puede visitar en el Castillo de San Pedro, y hoy ha crecido hasta mostrar 20 dioramas ordenados cronológicamente. Actualmente, el museo está formado por más de 50.000 piezas. La última incorporación fue el diorama dedicado a la Unidad Militar de Emergencias, inaugurado en 2019.

Inauguración del Museo de Miniaturas Militares, en 2003. (FOTO: Ciudadela de Jaca)

«La esencia del Museo Militar de Miniaturas sigue siendo la misma y debe continuar: un museo al servicio del público, único en España por sus características, claro ejemplo de colaboración entre instituciones, con un mensaje claro expresado a través de las miles de figuritas de plomo como principal atractivo, que nos enseñan a todos la historia terrible de las guerras hoy más que nunca de máxima actualidad, de las que deberíamos aprender para encontrar el camino hacia la Paz justa y duradera».

Por Rebeca Ruiz

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