Nuevos y sorprendentes hallazgos en el yacimiento arqueológico de La Garcipollera

A punto de concluir la segunda campaña de excavaciones arqueológicas en el yacimiento de la torre de Bescós de la Garcipollera, la asociación cultural Bosnerau celebra nuevos y sorprendentes hallazgos en la zona.

Y es que, al retirar el derrumbe de la iglesia que los arqueólogos descubrieron el año pasado -lo cual ya supuso toda una sorpresa, porque hasta ese momento se desconocía su existencia-, ha aparecido un pavimento de lajas que forman un curioso patrón geométrico.

Nuevos hallazgos en las excavaciones del yacimiento de La Torre de Bescós de la Garcipollera. (FOTO: Rebeca Ruiz)
Nuevos hallazgos en las excavaciones del yacimiento de La Torre de Bescós de la Garcipollera. (FOTO: Rebeca Ruiz)

El yacimiento está ubicado entre los despoblados de Cenarbe y Bescós

Durante la última semana, se han desarrollado los trabajos de la segunda fase de lo que suponían las primeras excavaciones arqueológicas en la zona -y unas de las pocas que actualmente se desarrollan en todo Aragón-.

Julián Ramos Daniel Luño son los directores del proyecto. A pesar de que la campaña ha sido corta en el tiempo, se muestran muy satisfechos con los resultados. En esta ocasión, Ramos y Luño han estado acompañados por Jorge SolanoJesús CollazosChristian CabezaÁlvaro Tejero y Alba González, que completan el equipo técnico.

Luño explica que la segunda campaña, que cuenta con el respaldo económico del Ayuntamiento de Jaca y del apoyo material del Museo de Huesca, debería haberse realizado en agosto. Sin embargo, y como consecuencia de la crisis sanitaria del coronavirus, la tramitación se retrasó. Y con ella, los trabajos, que no han podido desarrollarse hasta ahora.

«Terminar de excavar la iglesia» y «consolidar la estructura» era el objetivo principal, explica el codirector del yacimiento. «Para ello, contamos, en esta ocasión, con una técnico de restauración, que ha trabajado en los muros y en aquellas partes donde la estructura es más endeble, para que aguante de cara al invierno y para que se conserve bien en las sucesivas campañas, mientras seguimos excavando en el interior», señala.

Además, el arqueólogo quiere agradecer el trabajo de Francisco Navas, Javier Arruebo y Alberto Gracia, que han despejado el acceso y desbrozado la zona, lo que ha facilitado el desarrollo de la campaña.

Los hallazgos en el yaciemiento: clavos, pequeñas piezas de cerámica y el suelo de lajas

Hay que recordar que el yacimiento, ubicado en la Peña del Castillón, entre los despoblados de Cenarbe y Bescós, está formado por un importante sistema defensivo, con una cerca perimetral que rodearía la cima y un foso que ya fue documentado durante los trabajos de 2019. Para sorpresa de los arqueólogos, el año pasado, salía a la luz una iglesia -en el lugar en el que se pensaba que había una torre- desconocida hasta el momento, y parte de un muro que se ha asociado a espacios de trabajo.

Lo que en un inicio parecían los restos de una torre defensiva, finalmente resultó ser una iglesia prerrománica. Posiblemente, sobre la que se levantaría posteriormente la ermita dedicada a Nuestra Señora de la Asunción -aunque también podría ser la de San Bartolomé- que ya recogiera y situara, junto a la Pardina de San Clemente, en esta zona, Pascual Madoz en su Diccionario Geográfico Estadístico e Histórico de España y sus posesiones de ultramar -aunque este extremo está pendiente de confirmación-.

Sorpresa al retirar la tierra y encontrar el suelo

«Pensábamos que el suelo de esta iglesia era de losetas pequeñas, muy sencillo, sin mucha preparación -explica Luño-. Pero, según íbamos retirando tierra, nos dimos cuenta de que había una hilada de piedras hincadas muy bien colocadas. Tras retirar y rascar, vimos que había un suelo de piedra que forma una especie de dibujos geométricos».

Suelo descubierto en el yacimiento de La Torre de Bescós de la Garcipollera. (FOTO: Rebeca Ruiz)
Suelo descubierto en el yacimiento de La Torre de Bescós de la Garcipollera. (FOTO: Rebeca Ruiz)

Los arqueólogos están estudiando el significado de estos hallazgos y ya están trabajando con la opinión de expertos. Así, se han puesto en contacto con Antonio García Omedes, quien les explicaba que «lo más similar que recordaba era una ermita que hay al comienzo de La Garcipollera, que excavó José Luis Ona hace bastante tiempo, con un suelo con dibujos geométricos bastante elaborado». Se trataría de hallazgos que podrían datarse en torno al siglo X, apunta Luño, que añade que «habría otros ejemplos en el Alto Gállego -Espirilla, en Espuéndolas-«, si bien se desconoce si estas iglesias podrían ser coetáneas.

«El problema es que tenemos muy pocos datos y no hay elementos arquitéctonicos que nos lleven a unas fechas más concretas. Podríamos decir que es anterior al año 1.000, porque tiene unas características arquitectónicas muy primitivas que podrían encajar con fechas muy tempranas…», añade el codirector de la excavación. Sin embargo, se necesita seguir trabajando el yacimiento para dar con nuevos hallazgos que sirvan para confirmar este extremo.

BUEN ESTADO DE CONSERVACIÓN DE LOS RESTOS

La estructura arquitectónica de este templo prerrománico de nave única y cabecera plana mide 9 metros de largo por 4 de ancho. Lo que queda de los muros alcanza una altura algo inferior a un metro, con unos 70 centímetros de grosor y construidos en piedra y unidos con mortero.

En esta ocasión, las actuaciones tenían como objetivo terminar de excavar la iglesia. Los trabajos ayudarán a comprender el proceso de construcción del edificio y permitirán ajustar con mayor precisión la cronología de los hallazgos. Además, se han realizado labores de consolidación preventiva y reversible. La finalidad de esta labor es proteger el edificio hasta el momento en que se pueda plantear una fase de musealización.

Consolidación y protección del yacimiento

Alba González es la restauradora que se ha incorporado este año al equipo. «Básicamente, mi trabajo consiste en consolidar los restos que ya han encontrado para que no se deterioren, porque el yacimiento está expuesto al tiempo, al clima, a los animales y a las plantas que crecen una y otra vez… Y la ruina, una vez excavada, sufre y todos esos factores siguen deteriorando los muros. Por eso -continúa González-, mi labor consiste en frenarlos, para que todo lo que encontremos se mantenga en el mejor estado posible».

Para ello, la restauradora se ha centrado en actuar en zonas puntuales de los muros, ya que la campaña era muy corta, agarrando los sillares para evitar que se vengan abajo. Ha empleado mortero de cal y arena. Se trataba de «utilizar un material que luego se pueda eliminar y que se pueda distinguir del original, con una técnica lo más parecida posible a la que se utilizó originalmente», explica.

Se sabe que se usó mortero porque quedan restos del mismo junto a las piedras más pequeñas utilizadas para calzar los sillares del muro. Para no interferir en las investigaciones posteriores, el nuevo mortero está coloreado, con el objeto de que se pueda diferenciar el original.

Nuevos hallazgos en las excavaciones del yacimiento de La Torre de Bescós de la Garcipollera. (FOTO: Rebeca Ruiz)
Nuevos hallazgos en las excavaciones del yacimiento de La Torre de Bescós de la Garcipollera. (FOTO: Rebeca Ruiz)

Otros hallazgos en 2020

Además del descubrimiento del suelo, se han encontrado, este año, dos clavos en el interior de la iglesia y pequeños fragmentos de cerámica vidriada. Una vez que se localiza algún resto de este tipo, «se recoge, se etiqueta, se embolsa y, una vez en el laboratorio, se limpia», explica Luño.

El siguiente paso es hacer un inventario de todos los restos que se han recogido, y, ya embolsados y en cajas, se entregan al Museo de Huesca, que es donde se almacenan todos los materiales de las excavaciones realizadas en la provincia.

Borde de cerámica manufacturada o de torno lento de cocción reductora con decoración ungulada, una de las piezas encontradas en la campaña de 2019. (FOTO: Asociación Bosnerau)
Borde de cerámica manufacturada o de torno lento de cocción reductora con decoración ungulada, una de las piezas encontradas en la campaña de 2019. (FOTO: Asociación Bosnerau)

El muro que se encontró en 2019, junto al espacio de trabajo, las escorias de hierro que se localizaron entonces, los huesos de animal y los fragmentos de cerámica hacen pensar que en el yacimiento de La Torre de Bescós de la Garcipollera hubo un asentamiento. «El objetivo es establecer qué tipo de asentamiento era, a qué época pertenece y qué tipo de personas vivían aquí», señala Daniel Luño.

Financiación del yacimiento

Bosnerau espera continuar con los trabajos en las excavaciones en agosto de 2021. Se trata de una organización sin ánimo de lucro, por lo que el futuro del yacimiento depende de la financiación del proyecto.

Por eso, hallazgos como el suelo que se ha encontrado en esta ocasión suponen una gran noticia, porque se traduce en que se trata de un yacimiento de gran riqueza. De hecho, gracias a los vestigios encontrados hasta ahora, los arqueólogos presumen que en la zona puede haber muchos más restos que llegarían a explicar qué tipo de sociedad habitó en la zona y cómo era su forma de vida.

El yacimiento donde se desarrollan los trabajos de Bosnerau fue descubierto en los años noventa por Adolfo Castán. En el enclave parecía apreciarse los restos de una torre -que finalmente ha resultado ser una iglesia-, una cerca perimetral y un foso. Durante la prospección llevada a cabo hace más de veinte años, se recuperaron algunos materiales que son los que permitieron ubicar cronológicamente el yacimiento entre la Antigüedad Tardía y la Alta Edad Media, sin poder precisar con más detalle. Se trata de las primeras excavaciones arqueológicas en el yacimiento conocido como La Torre de Bescós de la Garcipollera.

Por Rebeca Ruiz

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