La trashumancia de los caballos marca la llegada del invierno en La Jacetania y el Alto Gállego

La trashumancia de los caballos marca la llegada del invierno en La Jacetania y el Alto Gállego.
La trashumancia de los caballos marca la llegada del invierno en La Jacetania y el Alto Gállego.

De nuevo, la trashumancia de los caballos marca la llegada del invierno a La Jacetania y el Alto Gállego. Este fin de semana tenía lugar, como cada año por estas fechas, el regreso de las yeguas y sus potros al valle, tras pasar los últimos meses en la zona de La Partacua, aprovechando los pastos de la montaña.

Durante tres días, más de 150 animales recorren la distancia hasta la Pardina de Ordolés, dejando a su paso estampas de colección con el barranco del Gorgol, la ermita de Santa Elena, Martillué, Ulle, Navasa o el Parador de Oroel, entre otros tantos emblemáticos enclaves, de fondo. Todo un espectáculo, la trashumancia caballar, para todos los que se cruzan en su recorrido que, año tras año, se repite como un ritual. Una estampa que cada vez es más difícil de encontrar y que evoca las costumbres pirenaicas más ancestrales.

 La trashumancia se realiza a pie y a caballo, con vehículos de apoyo.

La trashumancia en el Pirineo

Si hay una práctica que ha caracterizado tradicionalmente la forma de vida de los ganaderos en el Pirineo es la trashumancia. Cada año, cuando llega el verano, los animales se suben a puerto. Allí aprovechan el pasto fresco para, en otoño, con la caída de la hoja y cuando ya marca nieve, regresar a tierra baja.

Vacas, ovejas y caballos han protagonizado, durante siglos, la trashumancia en el Pirineo, que a día de hoy se sigue realizando. Es el caso de los ganaderos de Borau, de las vacas de Ramón Pardo de Ulle -que tenía lugar hace unos días- o de la ganadería caballar iniciada por la familia García-Casamayor en los años 80, que llegó a convertirse en la más grande de Aragón.

Tradicionalmente, los équidos -sementales, yeguas y potros- pasan el verano en la zona de la Partacua, entre Tramacastilla y Piedrafita, en pleno Valle de Tena, donde comparten pasto con el ganado vacuno.

Con los primeros fríos, se prepara la cabañera, y los animales son conducidos de nuevo al llano a pie y a caballo -con apoyo de varios vehículos-; y con la ayuda de Protección Civil; en ocasiones, de la Guardia Civil; y de voluntarios que colaboran en la trashumancia. Así se viene haciendo durante años.

Termina la trashumancia

Este domingo, y tras tres intensas jornadas, las yeguas y los potros llegaban a las faldas de la Peña Oroel para cumplir con la tradición y regresar, hasta el próximo verano, cuando vuelva a tocar subir a puerto, a la Pardina de Ordolés.

El paso por el Parador de Oroel, encarando ya la recta final del viaje, suponía el final de momentos emocionantes, de interminables jornadas reuniendo el ganado, y del cansancio del camino. A pesar de todo, los hombres y mujeres que han guiado a los caballos en su recorrido por cañadas y carreteras sonreían, con cierta nostalgia por dejar atrás días de trabajo, pero también de complicidad y de momentos irrepetibles, pensando ya en la próxima trashumancia.

Por Rebeca Ruiz (texto y fotos)

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