La huella que dejó el Regimiento Galicia en Afganistán

La huella que dejó el Regimiento Galicia en Afganistán
La huella que dejó el Regimiento Galicia en Afganistán.

El nombre de Jaca continúa muy presente en la memoria de los habitantes de las provincias afganas de Herat y Badghis, donde los militares del Regimiento de Infantería Galicia 64 de Cazadores de Montaña desplegaron hasta en ocho ocasiones a lo largo de los 19 años y cuatro meses que se prolongó la presencia de las tropas españolas en aquel país.

Y durante casi dos décadas, y en mitad de la miseria más absoluta y en uno de los lugares más hostiles y peligrosos del planeta, los militares de Jaca, dentro del contingente español desplegado en aquel lugar, consiguieron que los niños disfrutaran en la escuela mientras aprendían español; sembraron semillas de calabacín que llevaron consigo desde España y que todavía hoy ayudan a subsistir a muchas familias; y lograron hacer sonreír a niñas y jóvenes a las que devolvieron la dignidad cuando vieron que podían hablar sin temor con las militares españolas.

Pero sobre todo, las tropas de montaña rescataron a los afganos del miedo y del olvido, les dieron esperanza y les enseñaron que es posible vivir en paz. Esta es la huella que dejó el Regimiento Galicia en Afganistán.

Hasta en ocho ocasiones desplegó el Galicia en Afganistán

Recientemente, el Palacio de Congresos de Jaca mostraba la exposición Misión: Afganistán, un reconocimiento a la que se ha considerado, cariñosamente, la misión más jacetana de los militares españoles.

La de Afganistán fue la misión más larga del Ejército Español en el exterior, y en ella tuvieron un especial protagonismo las tropas de montaña. El despliegue de los militares españoles supuso un antes y un después para los afganos -especialmente, para las mujeres-, que tras la salida de las fuerzas internacionales en 2021 retrocedían en derechos y libertades a la época más dura del Estado Islámico.

Una misión que marcó a los militares españoles

Hasta en ocho ocasiones desplegó el Galicia en Afganistán. Más allá de los grandes logros, que también los hubo, los hombres y mujeres del Regimiento de Jaca dejaron huella en aquella tierra olvidada por todos y que agonizaba bajo el yugo del terror impuesto desde el islamismo más radical que, poco antes de aquello, había logrado estremecer al mundo con los atentados de las Torres Gemelas.

Fue una misión que también marcó a los españoles, que todavía se emocionan al recordar los momentos más complicados en aquel escenario donde se transgredían a cada momento los derechos humanos y donde la vida, sobre todo la de las mujeres, no valía nada.

Antonio Tena, Suboficial Mayor del Regimiento Galicia: “Afganistán fue una experiencia realmente dura; pero también tuvo momentos muy gratificantes”

El Suboficial Mayor del Regimiento Galicia, Antonio Tena, fue uno de los 27.100 militares españoles desplegados en Afganistán. En su caso, en dos ocasiones: en 2008 y en 2015.

Sigue resultando difícil imaginar las condiciones que las tropas de montaña se encontraron al llegar al terreno de operaciones tras los atentados del 11-S. “Fue una experiencia realmente dura, porque los militares que llegamos a Afganistán querríamos haber solucionado todos los problemas del país. Pero eso no estaba al alcance de nuestra mano. Ver cómo vive allí la población infantil, el nulo acceso a los servicios sanitarios, a la escuela,… Darse cuenta de que niñas como nuestras hijas no tienen la posibilidad de formarse para llegar a la Universidad… Para un militar de Jaca, como es mi caso, la sensación es de gran impotencia por no poder hacer más para que la población pueda tener acceso a los derechos que deberían ser fundamentales”, explica.

El guión de la Agrupación Pirineos fue el primero en llegar a Afganistán

La Agrupación Pirineos, bajo el mando del entonces Coronel Jefe del Regimiento Galicia, Jaime Coll, fue la primera unidad en desplegar en Kabul. Y el último Grupo Táctico,  también con el nombre de Pirineos (estaba conformado en base al Batallón Pirineos con su jefe al frente, el entonces Teniente Coronel Antonio Ortiz, hoy Coronel Jefe del Regimiento Galicia), fue el último en patrullar por Afganistán, concretamente en Herat. Entre estas dos misiones, los hombres y mujeres del Galicia estuvieron desplegados entre Qala-e-now y Herat (también conocida como Kalinao o Kalinow)..

En un escenario supuestamente ideal para el despliegue de las tropas de montaña, incluso para los mejor preparados -entre los que se encontraban los militares del Galicia 64, las condiciones fueron extremadamente exigentes. Hay que recordar que, además de ser la misión más prolongada en el tiempo de las Fuerzas Armadas españolas, fue también la más costosa en vidas, y en 20 años dejó 102 víctimas mortales. Por suerte, en el caso del Galicia, todos los militares que fueron a Afganistán regresaron.

Mujeres afganas.

La mujer en Afganistán

En un país donde las casas son de barro y adobe y donde muchos ni se imaginan que es posible  tener luz al presionar un interruptor o que pueda salir agua de un grifo, y donde la capacidad de supervivencia y adaptación del ser humano adquiere otra dimensión, había algo especialmente difícil para los que dejaban en España madres, esposas e hijas. Y no era otra cosa que “ver a la mujer como elemento tremendamente vulnerable de la población; incluso, más que los niños, día a día”.

Algo que se sobrelleva, como señala el Suboficial Mayor, con “la convivencia con los compañeros. En una misión como esta, nuestra familia es la patrulla; con ellos compartimos condiciones extremas, y eso nos une de por vida”, asegura Tena, que también ha participado en las misiones de Kosovo y Bosnia, poniendo en valor uno de los principios fundamentales sobre los que se asienta el Ejército Español.

Son, de hecho, misiones que crean unos lazos muy fuertes que perdurarán después de los militares regresen a territorio nacional. Allí donde, tras su partida, siempre queda un equipo de apoyo a las familias -las oficiales– que aporta la tranquilidad necesaria a los militares desplegados en el exterior para garantizar el éxito de los cometidos que se les ha encomendado.

La parte más humana de Afganistán

En Afganistán, como en otras misiones en el exterior, es habitual que el contingente desplegado cuente con equipos de cooperación cívico-militar, que son los encargados de mantener el contacto con las autoridades locales y de identificar aquellos lugares en los que se puede desarrollar algún proyecto de impacto rápido para mejorar la calidad de vida de la población. Un contacto que inevitablemente redunda en incrementar la seguridad tanto para los habitantes de la zona como para los militares desplegados en ella.

Estos proyectos, que requieren de un compromiso personal que va mucho más allá de la obligación profesional, son “muy gratificantes”, señala Tena. En su caso, después de recibir formación en el contexto del Programa Cervantes -el Ministerio de Defensa y el Instituto Cervantes firmaron un convenio de colaboración en 2010 para difundir la lengua y la cultura españolas en las zonas en las que despliegan las Fuerzas Armadas-, “tan pronto estaba dando clase de español como salía formando parte de una patrulla para dar seguridad o participaba en un encuentro para establecer contacto con alguno de los líderes locales”.

Era la parte más humana de la misión, por llamarla de alguna manera, si es que hay algo más humano que tener una vocación de servicio que lleve a dar la propia vida por salvar la de los demás. Hoy, tomando el relevo a aquella experiencia y gracias a la formación adquirida en las misiones, Tena colabora altruistamente con organizaciones como Cruz Roja y Ave Fénix, impartiendo en Jaca clases de español a personas desplazadas que huyen de los conflictos en sus países de origen y llegan a España buscando una nueva vida.

El Suboficial Mayor Antonio Tena explica cómo era la vida en Afganistán en la zona de la Sala Histórica del Regimiento Galicia dedicada a dar a conocer esta misión. (FOTO: Rebeca Ruiz)

El nombre de Jaca en las calles de Qala-e-now, Herat y Badghis

Por eso y a pesar de que en la actualidad, tras la salida en 2021 de la fuerza internacional de Afganistán, los avances en los derechos y libertades de los afganos que tanto costó conseguir han retrocedido de forma alarmante, el Suboficial Mayor del Galicia se muestra optimista y afirma que “algo ha quedado”, mucho más allá de haber salvado miles de vidas y de haber contribuido al desarrollo de una de las zonas más desfavorecidas de la tierra.

“A esos niños -continúa- nadie les quita una sonrisa gracias a los militares españoles; nadie les va a poder arrebatar la imagen de mujeres dando las clases como sus compañeros varones.  Y ahí están las obras que hicimos: orfanatos, puentes, centros de salud, vías… No todo se ha destruido”.

Como curiosidad y a pesar del tiempo que ha pasado desde aquella primera vez que los militares de Jaca llegaron a Afganistán, es fácil seguir el rastro de la huella que dejó el Galicia en Afganistán en aquellas infraestructuras que todavía se conservan. Pero también en los pequeños grandes detalles.

Calabacines jacetanos en Afganistán

“Los militares tenemos, por principio, vocación de servidores públicos. Y donde vamos nos gusta hacer la vida más fácil a las personas. En mi huerto nunca faltan calabacines. Es una planta que conozco bien y que es muy resistente, con un ciclo de producción muy largo y que con poco esfuerzo da mucho fruto. Así que la primera vez que fui a Afganistán llevé unas semillas y las regalé a afganos con los que mantenemos el contacto. Y hoy sigue habiendo en los huertos de Qala-e-now calabacines jacetanos”.

Pero más allá de la anécdota, que Tena recuerda con cariño y con una sonrisa, no se puede obviar que los calabacines jacetanos han dado de comer a numerosas familias que sobreviven como pueden en una situación extrema de pobreza y subdesarrollo.

Los nombres de Jaca y del Regimiento Galicia siguen, de esta manera, muy presentes en Afganistán. De la misma manera que Afganistán dejó huella en los hombres y mujeres -entre ellos, los militares de Jaca- que desplegaron en sus tierras para llevar la paz y el desarrollo a sus gentes. No en vano, Afganistán puede definirse como la misión más jacetana de todas las desarrolladas por el Ejército Español en el exterior.

Los ataques en Estados Unidos a las Torres Gemelas y el Pentágono el 11 de septiembre de 2001 por parte de la organización terrorista Al Qaeda fue el detonante de la intervención de las fuerzas internacionales en Afganistán. Un país donde no existía una estructura de Gobierno, sino jefes tribales; no había unas Fuerzas de Seguridad organizadas, sino milicias; y donde los talibanes mantenían su poder sobre una población cada vez más desatendida y sometida. Las fuerzas internacionales han trabajado duro para conseguir la paz y la estabilidad en la zona. Su misión ha ido adaptándose a lo largo de los años. En sus inicios velaban por la seguridad de la capital, Kabul, y posteriormente, extendieron su presencia por todo el territorio para acabar con la insurgencia, formar a las Fuerzas de Seguridad Afganas y apoyar a la reconstrucción de las infraestructuras provinciales. Más información en ESTE ENLACE

El Regimiento Galicia en Afganistán, en imágenes

En las siguientes imágenes -algunas de ellas inéditas-, comentadas por sus protagonistas, queda reflejada parte de la labor militar, pero también social y humanitaria, que durante casi dos décadas realizaron el Regimiento Galicia 64 y el Ejército Español en Afganistán.

  • “Las vías de comunicación están tan deterioradas que para recorrer cien kilómetros podíamos necesitar día y medio. Pero además había que añadir los problemas de seguridad con la insurgencia, lo que hacía los recorridos muy lentos. Por eso, es fundamental el apoyo de los helicópteros”. En alguna de las imágenes, un CH-47 Chinook, un clásico de las Fuerzas Armadas para transporte de carga pesada, de origen estadounidense, cuya imagen con dos rotores lo hace inconfundible.

  • “A veces, nos encontramos postales de ‘belén’ que terminan haciéndose habituales, a pesar de la dureza de la situación. Esta era la imagen habitual que teníamos al salir de la base en Qala-e-now”. La mujer bajo el burka y al fondo, la vivienda de adobe, la representación fiel de la realidad de Afganistán.

  • “La de Afganistán ha sido la misión más peligrosa y dura de las Fuerzas Armadas. Aunque parecía que al principio íbamos a tener que trabajar de espaldas los afganos, al final fue todo lo contrario, con una gran interrelación con la población civil y las instituciones afganas”. Encuentros y reuniones permanentes y con los líderes locales en la provincia de Badghis, en un primer momento, tremendamente hostil.

  • “La mayoría de la población de Afganistán es analfabeta, por lo que nos comunicábamos con dibujos para explicarles la función de la fuerza internacional en el país”. Reparto de periódicos entre los afganos.

  • “Uno de nuestros cometidos era dar seguridad a los aeropuertos”. En la imagen, el Suboficial Mayor Tena en el aeropuerto de Herat, una de las ciudades más importantes de Afganistán.

  • “Nosotros nos preparamos, en el día a día, para vivir, movernos y combatir tanto en zona de montaña como en zonas de frío extremo, haciendo de las dificultades de este medio agreste nuestro aliado. Las tropas de montaña encontraron en Afganistán un escenario ideal, para el que estaban perfectamente preparadas. Somos la unidad que más veces ha desplegado en este duro escenario”.

  • “En Qala-e-now, los españoles creamos un Equipo de Reconstrucción Provincial, un sistema que después sirvió de modelo para otros países, y que se puede traducir como una organización de carácter cívico militar capaz de operar en una zona inestable e insegura. En ese contexto fue fundamental la labor de los intérpretes, los nacionales y los locales. Algunos de ellos comenzaron a tener contacto con nosotros casi cuando eran niños y aprendieron nuestro idioma, convirtiéndose en una figura indispensable”.

  • “Afganistán es un escenario muy cambiante, donde la arena puede convertirse en barro, en nieve,… Por eso, unidades como la nuestra, acostumbradas a moverse a pie por los terrenos montañosos más hostiles, hemos tenido más facilidad para adaptarnos al medio”. Una tormenta de arena en los alrededores de Qala-e-now puede compararse, salvando las distancias, con una jornada de ventisca en Canal Roya.

  • “Durante nuestra preparación, conocemos la cultura y la lengua del lugar en el que desplegaremos, al menos las frases más habituales de saludo, que, aunque vayamos con el intérprete, nos sirven de acercamiento y para romper el hielo”. La mirada cómplice de las niñas cuando tienen enfrente una mujer militar.

  • Asesoramiento y supervisión del Ejército y la Policía Afgana por parte del Ejército Español. “Se ha trabajado hombro con hombro con sus responsables, con el fin de poderlos preparar para enfrentarse a la insurgencia”.

  • “Nuestra misión fundamental era garantizar la seguridad en la provincia de Badghis y promover su desarrollo, lo que suponía un importante esfuerzo para mantener las comunicaciones”.

  • “Nuestro personal médico también realizó un gran trabajo. En la medida de lo posible, siempre hemos atendido las necesidades de la población local”.

  • “Ha sido muy importante el Programa Cervantes, que hemos llevado también a otras misiones. Cuando ellos -la población local- nos lo han demandado, hemos enseñado español en las escuelas, y muchos de esos niños han terminado convirtiéndose en intérpretes. Lo que más les llamaba la atención a estos niños era la humanidad de los militares españoles y ver una mujer militar como maestra”.

  • “Llevábamos hasta las poblaciones más aisladas la ayuda humanitaria que llegaba del resto de mundo”. Reparto de alimentos.

  • “El mejor premio es la sonrisa de los niños. Ellos normalizan estar en la zona de conflicto. Ellos son el futuro de Afganistán”. Unos niños saludan a los militares españoles.

  • “Muchas veces, como gesto de cercanía y de confianza mutua, nos quitamos el casco. En ocasiones era necesario para ganarnos el respeto de la población”. En la imagen, eran habituales los encuentros con los ancianos, muy respetados en la cultura afgana.

  • “Teníamos bases de combate avanzadas que permitían controlar en todo momento la situación y garantizar la seguridad de la zona. Su situación permite hacerse una idea de la dureza de la misión”. Una de las bases que utilizaban los militares españoles durante la misión de Afganistán.

  • “Nuestros vehículos habituales -los que emplean las tropas de montaña- fueron fundamentales para la misión de Afganistán”. En la imagen, un TOM (Transporte Oruga de Montaña).

  • “Fue muy importante el esfuerzo de la Agencia Española para la Cooperación y el Desarrollo, que facilitó la relación entre los trabajadores y el contingente militar. Muchas de las obras que se hicieron aún perduran -centros de salud, infraestructuras,..”. En una de las fotografías, la construcción de un puente con trabajadores locales.

El 13 de mayo de 2021 retornaban a territorio nacional los últimos militares desplegados en Afganistán, dándose por finalizada una misión en la que intervinieron 27.100 hombres y mujeres españoles que realizaron, entre otras funciones, 28.000 patrullas recorriendo más de 30.000 kilómetros; más de 1.400 misiones de desactivación de explosivos y el adiestramiento de más de 13.000 afganos. El contingente español desplegado llegó a superar en algunos momentos los 1.500 efectivos, y su presencia fue fundamental someter a la insurgencia, luchar contra el terrorismo y reconstruir el país.

Por Rebeca Ruiz. Fotos cedidas por el RICZM Galicia 64

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