Regimiento de Infantería ‘Galicia 64’ de Cazadores de Montaña: los herederos de Oreo

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Puesto de tiro -misil Spike-. (FOTO: Rebeca Ruiz)

por Rebeca Ruiz

Hombres y mujeres formados en situaciones de extrema dureza para lograr que sean capaces de vivir, moverse y combatir en territorios en las circunstancias más adversas. Entrenados para la supervivencia y sin miedo a las condiciones del medio, por complicadas que se presenten. La nieve, el frío extremo y la alta montaña son el escenario de su trabajo; una profesión con una gran dosis de vocación de servicio, de compañerismo y de honor. Unos valores que sólo se entienden desde la perspectiva de quien ha entregado su vida al Ejército Español, en un escenario tan adverso en el que la principal preocupación (aunque no la única) puede ser la supervivencia. Así son los hombres y mujeres del Regimiento de Infantería Galicia 64 de Cazadores de Montaña: los herederos de Oreo, el Dios de la Montaña.

Los cerca de 500 hombres y mujeres que en estos momentos forman el Regimiento de Infantería de Cazadores de Montaña Galicia 64 están estructurados en dos unidades: el Batallón Pirineos (que a su vez está dividida en cinco compañías -tres de Cazadores de Montaña, una de Mando y Apoyo y otra de Servicios, que da el apoyo logístico al resto de unidades-) y la Compañía de Esquiadores Escaladores. Las labores del Batallón Pirineos para Instrucción Técnica de Montaña en Época Invernal se realizan en base a dos refugios: el de Candanchú -donde se ha realizado este reportaje- y el de Cerler, en el Valle de Benasque.

La vida en Candanchú

Lo primero que llama la atención al llegar al Refugio de Candanchú es la sonrisa en la cara de los militares; hombres y mujeres curtidos por el frío y por el viento de las cumbres, pero con la emoción y, a veces, la impaciencia por conquistar la montaña reflejadas en sus miradas. Preparados física y mentalmente para plantar cara a los peores escenarios y conscientes de que van a convertirse en los protagonistas de un gran desafío: el espíritu de la montaña, su peor perfil. Dispuestos a enfrentarse a la ira de Oreo, por seguir con el símil mitológico. Y es que la instrucción que realiza el Batallón Pirineos del Galicia 64 en Candanchú tiene mucho que ver con la lucha contra los elementos, con ese matiz épico y digno de admiración que sólo tienen las grandes historias.

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Construyendo ramales en nieve. (FOTO: Rebeca Ruiz)

El capitán del RICZM Carlos García Galindo está al frente de los efectivos que están realizando la fase de instrucción en Candanchú, que en estos momentos son la Compañía de Servicios y la Compañía de Mando y Apoyo del Batallón Pirineos. Se da la circunstancia de que el capitán acaba de realizar el Allied Winter Course, organizado por la Escuela de Guerra Invernal Noruega (Norwegian School of Winter Warfare), situada en el campamento y campo de maniobras adjunto de Terningmoen, a 140 kilómetros al noreste de la ciudad de Oslo. Un curso que el capitán García Galindo ha compartido con cerca de medio centenar de alumnos procedentes de los ejércitos de Canadá, Holanda, Italia, Estonia, Alemania, Reino Unido y Estados Unidos de América.

Camuflaje, iglús y misiles Spike

En Candanchú se hace y se forma el soldado de montaña. Con cierto aspecto fantasmagórico, los militares se distribuyen por el terreno enmascarados -tanto que en ocasiones cuesta localizarlos a unos pocos metros, totalmente mimetizados con el paisaje-, mientras construyen y tutelan ramales (algo que podría asemejarse a una trinchera en nieve, desde donde, en este caso, protegen la carretera y las posiciones ante un potencial enemigo); montan un puesto de tiro con un misil Spike -un arma de gran potencia, de naturaleza contracarro, con un alcance de cientos de metros; y practican el tiro en nieve. Lo hacen a temperaturas de hasta 20 grados bajo cero y en condiciones de ventisca, tormentas o grandes nevadas, durante horas, con la sola compañía del frío y el hielo.

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En el interior del iglú. (FOTO: Rebeca Ruiz)

A veces, en territorios con condiciones extremas, es necesario la construcción de refugios. Entonces se levanta un iglú con bloques de hielo, una estructura que les permite resguardarse del frío y de las peores adversidades, y descansar para coger fuerzas para la jornada siguiente. Un refugio que resulta reconfortante y, en cuyo interior, a cero grados centígrados, la sensación resulta acogedora frente a los 18 o 20 bajo cero que pueden registrarse en el exterior. Un hornillo y una taza bastan para fundir la nieve y lograr la hidratación que puede suponer la diferencia entre la vida y la muerte en una situación límite.

Eso sí, la cúpula de este refugio helado debe estar perfectamente armada y sus moradores (tres o cuatro, habitualmente) deben asegurarse que la ventilación es correcta para evitar que el hielo ceda. Durante la instrucción, se duerme en estos iglús que los militares construyen por sus propios medios. Sacos de dormir, una funda aislante y una esterilla hacen el resto. Y no se puede olvidar, al fondo, la bandera del Regimiento, siempre presente y la razón de ser de los efectivos del Galicia 64.

Tiradores de precisión y arrastre de esquiadores

Cerca de la cumbre, está el puesto del tirador de precisión. Por definición, es un soldado de infantería experto en tareas de camuflaje y tirador de élite, que dispara con arma a grandes distancias y desde un lugar oculto a objetivos seleccionados. Siempre va acompañado de un observador, que es quién indica al tirador las coordenadas y le corrige, en su caso, para lograr una precisión milimétrica en el objetivo. Semienterrados en el puesto, estos militares pasan horas inmóviles en la nieve y son imposibles de detectar. Se suelen situar en la parte más alta de la montaña, pero no en la cima, que les dejaría al descubierto. Resultar indetectables es garantía de éxito de su misión.

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Al fondo, un vehículo militar de montaña (FOTO: Rebeca Ruiz)

Para desplazarse por la montaña, el Batallón Pirineos se sirve de un vehículo militar TOM (Transporte Oruga de Montaña), todoterreno, anfibio y articulado. También hay que saber camuflarlo. Además, en Candanchú, las unidades de montaña practican el arrastre de esquiadores a través de este medio.

El objetivo final de todas estas labores pasa porque “todo miembro del Regimiento Galicia 64 sea capaz de vivir, moverse y combatir, tanto en zonas de alta montaña y zonas de terreno nevado como en zonas de frío extremo”, explica el subteniente Antonio Tena, responsable del Órgano de Comunicación Pública del Regimiento de Infantería Galicia 64 de Cazadores de Montaña.

Es la preparación previa para que después estos profesionales sean proyectados a misiones extranjeras en este tipo de escenarios, para los que se requiere una gran especialización. Por ejemplo, fue el caso de Afganistán, o lo es, en estos momentos, de Letonia. Por eso, Candanchú acoge también las fases de adaptación de las fuerzas que se desplegarán en estas zonas de conflicto, que se forman en este enclave militar procedentes de cualquier punto de España. Mientras se hacía este reportaje, Candanchú también recibía a los efectivos que se están preparando para ser suboficiales de Artillería, unas 80 personas haciendo la fase de adaptación a zonas frías y zonas de alta montaña.

Como explica el subteniente Tena, “gran parte de las Fuerzas Armadas del Ejército Español -incluso a nivel internacional- que realizan su formación en Candanchú pasa por Jaca, como la Unidad Militar de Emergencias, las diferentes academias, personal de Operaciones Especiales,…”, lo que, además, supone una importante proyección para la ciudad.

La mochila del soldado de montaña

Además de la faceta de formación personal y profesional, es muy importante, y así se contempla en la instrucción de estas fuerzas especiales, el cuidado específico del material. La mochila depende siempre del tipo de misión. Habitualmente, durante este tipo de prácticas, las mochilas llevan en torno a 30 kilos de peso, lo que requiere una preparación física que sólo se consigue con el tiempo y con mucho entrenamiento.

“Se lleva todo el material necesario para vivir durante varias jornadas en condiciones extremas, armamento, material de observación y de comunicaciones,… además de la alimentación necesaria para esos días”, explica el subteniente Tena. En este sentido, la tendencia es a llevar la comida liofilizada, ya que, combinada con la nieve (que se derrite con hornillos) permite aligerar la carga y mejorar el nivel de operatividad del personal. “La experiencia, al final, hace ver qué cosas son prescindibles, porque en condiciones de frío extremo no se puede portear todo”, explica. Por eso, en base al criterio del personal más preparado, se dicta el material necesario para trabajar en estos escenarios: sobre todo el personal más nuevo está sometido a las revistas de material. El olvido de cualquier material del equipo, por insignificante que parezca, puede causar la baja de un soldado (un sólo efectivo que se olvide los guantes repercute en todo el conjunto, ya que, en un lugar de condiciones extremas, puede provocar que se le tenga que evacuar por congelaciones).

Niveles de formación

Cuando un soldado o un mando llega al Regimiento de Infantería Galicia 64 de Cazadores de Montaña, adquiere el Nivel Elemental a lo largo del primer año. Después accederá al Nivel Básico (el segundo año) y, posteriormente, que es donde hay un salto cualitativo importante, llega el Nivel Superior, que requiere más experiencia y se adquiere a partir del cuarto año y sucesivos. Sólo unos pocos alcanzan este status (que, en la vida civil, podría ser el equivalente a guía de montaña).

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Al final de la jornada. (FOTO: Rebeca Ruiz)

En cuanto a los cuadros de mando que conforman el Regimiento, parte de ellos tienen el Curso Superior de Montaña, que dura el equivalente a un curso escolar (principalmente lo realizan oficiales y suboficiales y, en algún caso, personal de tropa), y que se realiza fuera del Regimiento (en la Escuela Militar de Montaña).

Hay que recordar que la preparación de la Escuela Militar de Montaña y Operaciones Especiales va dirigida, precisamente, a los mandos de las dos unidades de montaña que ahora mismo funcionan como tales en el Ejército Español: las dos unidades herederas de lo en su momento eran las Tropas de Montaña son hoy el Regimiento Galicia 64 de Jaca y el Regimiento América 66 de Pamplona (que, si bien hace un tiempo, había perdido la capacidad de montaña, la ha vuelto a recuperar). El Curso Superior de Montaña faculta para el mando en las unidades de montaña, de tal manera que esos conocimientos son trasladados, en el ámbito de Candanchú, a los nuevos soldados.

Cae la noche. Cesa la actividad en Candanchú y el silencio se apodera de la montaña. En sus entrañas, los hombres y mujeres del Regimiento de Infantería Galicia 64 de Cazadores de Montaña velan el sueño de los dioses. Oreo puede descansar tranquilo.

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Posted by Jacetania Express on Friday, February 23, 2018