Berdún se prepara para su Carnaval de los Zarrapatrosos

Los vecinos de Berdún ya están ultimando los preparativos de una nueva edición de su carnaval tradicional, el Carnaval de los Zarrapatrosos (que no zarrapastrosos), que se va celebrar el 15 de febrero. Este año, se cumplen exactamente ocho décadas desde que se prohibiera esta costumbre ancestral que tenía mucho arraigo y era todo un símbolo en muchos puntos de Aragón y Navarra. El año pasado, tras 79 años sin celebrarse (se prohibió en 1940), un grupo de jóvenes decidió recuperar esta singular fiesta. Y lo consiguió, no sin esfuerzo, tras un arduo trabajo de investigación y gracias a la colaboración de los más mayores del pueblo: aquellos que recordaban cómo se celebraba, tradicionalmente, el Carnaval en Berdún.

La recuperación del Carnaval de los Zarrapatrosos, que representa la eterna lucha entre el bien y el mal, donde hay que tener muy presente que las apariencias engañan, se desarrollaba con gran éxito en 2019. Por eso, sus impulsores no se lo han pensado dos veces a la hora de volver a organizarla este año. Ahora sí, con el claro propósito de que no se vuelva a perder.

Intenso programa de actos

Los actos comenzarán por la tarde, el 15 de febrero, a partir de las 19.00 horas. Este año va a haber batucada -a cargo de Truka Saka Laka-, se va a hacer un gran esfuerzo para mejorar el sonido y la escenificación de los distintos autos teatrales y versos que se recitan y que forman parte de la puesta en escena; volverá La Ronda de Boltaña y también habrá cena popular, a base de migas y guisado de jabalí, al estilo más tradicional. Tampoco faltará la sesión de disco móvil, a cargo de Osmo Show, para que la fiesta sea completa. Así lo explica el concejal Andrés Esclarín, uno de los impulsores de la iniciativa, en la que se está volcando todo el pueblo.

El fuego, los zarrapatrosos, el malvado y bien parecido Carnestolendas y el Mulato -gentilicio de Berdún-, personaje que, a pesar de su apariencia, será el que llegue a salvar al pueblo, volverán a tomar las calles en un guiño a las tradiciones más ancestrales -y, con ellas, a la recuperación de los valores que un día, hace ocho décadas, se prohibieron y cayeron, durante años, en el olvido.

Por Rebeca Ruiz

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