El viejo imbécil. Por Juan José Mairal

El viejo imbécil. Por Juan José Mairal
El viejo imbécil. Por Juan José Mairal.

Se podría pensar, al leer el título de este artículo de opinión, que es el título de cualquier libro aparecido en el mercado o el título de una película de reciente aparición.  Sin embargo, cada día que pasa, la edad pasa factura, los reflejos y la comprensión se deterioran, y la condición física y la capacidad mental se ven más limitadas. Es lo normal. Es la edad.

Pero lo que no es normal es la sensación de que, cuando uno va cumpliendo años, uno se sienta imbécil, inservible o incapaz. Y lo dice alguien que suele hacer uso diario de las nuevas tecnologías: Internet y móvil y de sus aplicaciones y programas en muchos aspectos de su vida.    

«Lo que no es normal es la sensación de que, cuando uno va cumpliendo años, uno se sienta imbécil, inservible o incapaz»    

Me produce indignación, rabia y hasta vergüenza ajena cómo las entidades bancarias de este bendito país están dejando, de un tiempo a esta parte, supongo que gracias al buen hacer y a la modernidad de sus dirigentes o directivos de alto standing o rango, están dejando, decía,  de lado a las personas mayores, a sus clientes más longevos, a los de toda la vida, en el tema de la atención y servicio.

No es de cajón ni entra en ninguna cabeza que, como cliente de un banco o caja, se tengan tantos  problemas por gestionar el propio dinero. Ese dinero ganado cada mes y que se deja en manos de otros y que ahora parece que no podemos hacer con él lo que su dueño o propietario quiera. Me refiero a las nuevas normas y reglas que se están imponiendo en la banca y que están haciendo dudar y hasta mosquear  a los clientes de edad más avanzada.

¿Por qué a partir de ciertas horas no puedo ir al mostrador de la caja o banco para hablar con alguien que me explique mis dudas?

¿Qué pasa ahora con eso de tener que usar el cajero sí o sí para casi todo? ¿Cómo quieren que llevemos siempre las gafas -mis gafas- y tenga que estar preguntando a alguien cómo debo hacer o qué botón o pestaña apretar para sacar dinero de mi pensión del cajero? ¿O para hacer una transferencia por Internet, para pagar a Hacienda o para hacer una consulta bancaria? ¿Por qué a partir de ciertas horas no puedo ir al mostrador de la caja o banco para hablar con alguien que me explique mis dudas?

¿Por qué me cierran la sucursal de toda mi vida, donde podía ir y hablar con el empleado o conocido, darle los buenos días, decirle que me pusiera la libreta al día o cualquier otra operación? ¿Por qué debo ahora usar Internet y mi móvil, si la mayoría de personas mayores no se mueven en ese mundo o bien no quieren meterse en ese mundo tecnológico y, a veces, peligroso?

¿Por qué ese afán por hacernos imbéciles deshumanizados dependientes de una máquina?

¿Por qué nos están quitando todo esto? ¿Por qué ese afán por hacernos imbéciles deshumanizados dependientes de una máquina o de unos programas que si fallan te dejan en blanco?

No se entiende. Muchos no lo entendemos y quizás hasta muchos de los mismos empleados de banca no lo entiendan. Será cuestión de pensar un poco más en el colectivo. Será cuestión de futuro.

Sea lo que sea, no nos hagan sentir como personas imbéciles. Como seres inadaptados y como personas de otra especie. Seguimos siendo humanos y aptos. Ténganlo en cuenta. Nos solo es cuestión de dinero y de recortes.

Por Juan José Mairal Herreros

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