El Regimiento Galicia honra al cabo Rubén Rangel en el décimo aniversario del accidente que le costó la vida en Canfranc

El 2 de agosto de 2016 un desgraciado accidente de escalada en las Canteras Bajas de Canfranc se llevaba por delante la vida del entonces soldado -hoy cabo- del Galicia 64 Rubén Rangel Vizuete. Tenía 25 años. Coincidiendo con el décimo aniversario de aquel trágico suceso, compañeros, familiares y amigos regresaban a la montaña para demostrar que la memoria de aquel joven militar de la Tercera Compañía del Batallón Pirineos sigue muy viva en el corazón del Regimiento de Jaca.

El Regimiento Galicia honra al cabo Rubén Rangel en el décimo aniversario del accidente que le costó la vida en Canfranc.
El Regimiento Galicia honra al cabo Rubén Rangel en el décimo aniversario del accidente que le costó la vida en Canfranc.

Rubén Rangel Vizuete, presente

Cada año por estas fechas, el Regimiento de Infantería Galicia 64 de Cazadores de Montaña regresa al lugar en el que perdía la vida en acto de servicio el cabo Rubén Rangel Vizuete. Compañeros, familiares y amigos se reúnen para rendir homenaje a la memoria -no se cansan de repetir- de «un soldado ejemplar» fallecido mientras realizaba unas prácticas de escalada en las inmediaciones de Canfranc Estación. Fue el 2 de agosto de 2016. Un desprendimiento alcanzó a la cordada e hirió a varios militares. Rubén no tuvo tanta suerte como los otros montañeros.

Nunca hasta entonces se había producido un accidente en ese lugar, que quedó clausurado y en el que nunca nadie después volvió a escalar. Han pasado diez años de aquel trágico accidente. Pero en las Canteras Bajas, este viernes, el tiempo parecía haberse detenido. El recuerdo del joven soldado sigue muy vivo -tanto como el dolor por su pérdida- entre sus compañeros, que continúan respondiendo en su nombre porque él ya no puede hacerlo.

Una placa en memoria del cabo Rubén Rangel Vizuete

Allí, desde hace unos años, una placa rinde homenaje a la memoria de Rubén Rangel Vizuete: «Añoranza de otro tiempo que me honraba tu presencia, que fue tu amistad sincera, desinteresada y cierta. Tu gente nunca te olvidará, Rubén. Volveremos a encontrarnos. Te quiero, hermano», reza una dolorosa inscripción. Se colocó a unos metros de otra, que ya existía, exactamente en el lugar del accidente. En la piedra, grabada una fecha fecha que no se podrá olvidar en el Regimiento.

Junto a ellas nunca faltan flores. Amigos, familiares y compañeros se encargan de que así sea. Cada mes de agosto, un ramo de rosas rojas y amarillas, con los colores de la Bandera de España, arropa la memoria de aquel joven soldado ejemplar que se supo ganar el respeto y el cariño de aquellos que le conocieron; en los que dejó una profunda huella y que le siguen echando de menos cada día.

Oración y tristeza en el décimo aniversario de la muerte de Rubén Rangel Vizuete

Este viernes regresaban la oración y la tristeza a las Canteras Bajas, en una parada militar integrada por personal del Batallón Pirineos y presidida por el coronel jefe del Regimiento Galicia, Marcelino Mateos. Junto a los militares ha formado un primo de Rubén Rangel Vizuete, guardia civil de montaña, en representación de su familia. Ha sido un acto sencillo, pero emocionante. Tampoco ha faltado a la cita el suboficial mayor del Galicia, Antonio Tena. Otros muchos compañeros hubieran querido estar en un momento tan especial, pero el deber se lo ha impedido porque están desplegados en el Líbano.

Se han compartido anécdotas, los buenos recuerdos que dejó entre los que le conocieron… la última conversación, la última sonrisa, la última broma. Momentos especiales que, en mitad de la nostalgia, afloraban con el recuerdo del joven soldado mientras resultaba inevitable mirar hacia arriba. Enfrentarse, un año más, y ya van diez, a ese lugar que ya nunca volverá a ser el mismo. Después, un silencio sobrecogedor cuando el coronel Mateos ha pronunciado su nombre: «¡Cabo Cazador don Rubén Rangel Vizuete!». Y el grito de sus compañeros se ha escuchado más fuerte que nunca: «¡Presente!»

Rubén Rangel Vizuete falleció en Canfranc el 2 de agosto de 2016

Por Rebeca Ruiz

Fallece en accidente de escalada un joven militar de Ahillones | Hoy
Rubén Rangel Vizuete. (FOTO: Ministerio de Defensa)

Crónica de la despedida a Rubén Rangel. Jaca, 3 de agosto de 2016

Dolor, impotencia, rabia y tristeza. Mucha tristeza. El funeral del joven soldado Rubén Rangel Vizuete, fallecido en Canfranc mientras practicaba escalada junto a otros compañeros, ha convertido el Acuartelamiento del Regimiento Galicia 64 en un frío escenario donde el silencio y las emociones han estado a flor de piel durante todo el solemne acto. Una mala pasada del destino para la que no hay explicación racional y una vida sesgada es la consecuencia del fatal accidente que se ha llevado por delante a un joven entregado a los demás y al servicio de su patria. Y una de esas noticias que nadie está preparado para asumir y de las que esperas no tener que ser nunca testigo.

Autoridades civiles, eclesiásticas y militares, entre las que se encontraba el ministro de Defensa, Pedro Morenés, y los compañeros del fallecido, han querido dar su último adiós al joven militar y arropar a su familia en estos desgarradores momentos, en los que no existe consuelo posible. Entre la conmoción general de los presentes, la emoción silenciosa de sus allegados, familiares y amigos, contenida dignamente en un esfuerzo por estar a la altura de las circunstancias. La mirada perdida de sus padres, triste e incrédula, aún, deseando despertar de la pesadilla y dándose cuenta, por momentos, de que es imposible y de que Rubén ya no volverá.

‘Un excelente soldado que destacó por su entrega y su espíritu militar’Han sido las palabras del coronel del Regimiento Galicia 64, Fernando Maté, que ha recordado al joven como ‘un ejemplo constante para sus compañeros’. Unas palabras que han resonado entre los muros del cuartel, haciéndose hueco entre los corazones encogidos de los presentes, que en más de una ocasión han tenido que contener la respiración a lo largo del emocionante acto.

Impresionante el eco de las salvas, y los himnos militares resonando en el vacío. Y el inmenso respeto que flotaba en el aire, en una mañana sofocante y tremendamente desoladora, entre corazones rotos y sueños truncados. Una mañana de duelo brutal, infinitamente dolorosa para sus protagonistas forzosos, que trataban de sobreponerse a un cúmulo de sensaciones indescriptibles, desgarradoras y angustiosas.

Ahogados en la pena, la imagen de los padres, en su dolor contenido, rompía el alma, a pesar de los abrazos y las muestras de cariño recibidas por parte de los superiores del Ejército y del propio ministro de Defensa, Pedro Morenés. En un adiós cruel y desgarrador antes de partir, en un infinito silencio, junto con el féretro de su hijo querido hacia su pueblo de Badajoz, Ahillones.

No puedo ni me atrevo a imaginar el sentimiento de esa madre; una apenas llega a comprender este tipo de cosas dejando escapar todo el dolor y el desasosiego en una lágrima. A veces, los periodistas también nos quedamos sin palabras.
Lo siento mucho, de corazón. Descanse en paz
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Por Rebeca Ruiz. Crónica de la despedida a Rubén Rangel. Jaca, 3 de agosto de 2016

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