La despoblación en La Jacetania. Por Vicente Jesús López-Brea Urbán

La despoblación en el Valle del Aragón. Por Vicente Jesús López-Brea Urbán. (FOTO: Rebeca Ruiz)

La primera impresión que tuve cuando tomé posesión de los pueblos fue conmoverme ante el patrimonio histórico, artístico, monumental y paisajístico tan majestuoso que rodea La Jacetania. Es bien conocida la sensibilidad de los ciudadanos de los pueblos pedáneos por la montaña, incluida la de un servidor, quien quedó prendado de la belleza natural que nos circunda.

La Jacetania es un lugar realmente especial donde están marcadas con hondura las pisadas del Camino de Santiago. Han sido siglos de trabajo, donde cada pueblo se ha hecho eco de lo mejor que cada día estaba aún por estrenar. En el Valle del Aragón hay senderos abiertos que como veneros de belleza nos permiten ver cada año a las buenas gentes aragonesas que habitan en los pueblos.

Agradecido por este regalo natural, he intentado también levantar acta de otras
circunstancias más duras e inhóspitas que nos narra la crónica diaria: la despoblación, el
envejecimiento, el abandono de los pueblos, la incapacidad de vivir de los pueblos, la
emigración de los jóvenes que abandonan los pueblos…

Son elocuentes las palabras palabras de agricultores y ganaderos cuando me comentan
que la historia del pueblo está unida a la vida religiosa de los pueblos y al valor del
patrimonio artístico histórico como elemento vertebrador del territorio.

Solo hay una solución para fijar la población. Porque se trata de fijar la población: Apoyar
al sector primario con actividades complementarias turísticas y de conservación del
patrimonio como un elemento vertebrador del territorio, en primer lugar.

En segundo lugar, se trata de reconstruir en el mundo del trabajo y de la economía rural
como un sujeto nuevo portador de una nueva cultura del trabajo que despierta en los
pueblos de la España vaciada. No es suficiente que cada uno ejerza bien el papel de
empresario, sindicalista o político, consumidor o economista, que le ha sido asignado
por la estructura social. Es preciso realizar hechos nuevos, intentar obras nuevas, nuevas
iniciativas, nuevas formas de solidaridad y organización del trabajo basadas en las
reivindicaciones de la España vaciada. No es posible la supervivencia de la vida de los
pueblos si no cambiamos el círculo vicioso de las reformas agrarias por un círculo
virtuoso en el que los derechos históricos deben desparecer sin ningún tipo de
disposición transitoria.

Existe una urgente necesidad de comprender que es el momento de apoyar una
agricultura familiar que pivota sobre varios ejes:

Un modelo agrícola y ganadero familiar con una distribución justa de la PAC. Es decir, la
mayoría de las ayudas de la PAC deben de destinarse a quienes obtengan sus ingresos
de a través de la actividad agrícola y ganadera de manera prioritaria. Si bien es cierto que
pueden surgir dificultades al establecer un modelo de agricultor genuino basado en un
sistema de ingresos proporcional, pueden admitirse exenciones, siempre y cuando se
destine un buen porcentaje de los recursos de la PAC para los pagos redistributivos que
deberían ir destinados a los agricultores principalmente dependientes de la actividad
agraria.

Una corrección de las ayudas directas aplicando técnicas como el Capping, la
degresividad, y especialmente los pagos redistributivos.

Asimismo, hay que acabar con las desigualdades en el cobro de las ayudas de la PAC que existen entre las regiones.

Hay que simplificar las ayudas a los ecoesquemas, facilitando el acceso a las ayudas y
evitando que se las acaparen grandes terratenientes.

El desarrollo sostenible es necesario, minorando el cambio climático e impulsando un nuevo desarrollo sostenible, pero no debemos hablar solo de biodiversidad, sino de la conservación del paisaje y del patrimonio que constituyen una seña de identidad, un recurso económico fundamental y son un elemento vertebrador del territorio.

Es necesaria una nueva visión que potencie a los jóvenes. Las ayudas a los jóvenes tienen
que prolongarse una media de años más alta. Es muy difícil que alguien que esté
empezando pueda generar riqueza en un espacio tan corto; la prolongación del tiempo
y cantidad de las ayudas a los jóvenes sería un balón de oxígeno. Además, los jóvenes no
son propietarios; por lo tanto, hay que incentivar los contratos de arrendamiento a largo
plazo dadas las particularidades del sector primario.

Por otra parte, los pueblos no pueden pensarse como microciudades con inversiones
intensivas provenientes de empresas ajenas al mundo rural. Si ver el campo reverdecido
junto con el trabajo de los agricultores y ganaderos no nos conmueve, es que nos falta
sensibilidad. No podemos hablar de Agenda 2030 sin una cultura de responsabilidad
medioambiental que rechaza macroproyectos de carácter intensivo que destrozan al
medio rural.

La educación en patrimonio: el eje fundamental es el apoyo y la difusión del mundo rural,
sus valores y tradiciones. Además, tiene que explorarse y desarrollarse la creación de
ferias, mercadillos profesionales de la agricultura ecológica, promoción de los
agricultores y ganaderos jóvenes en webs y boletines, etc.

Subvencionar la formación y el aprendizaje de oficios tradicionales desarrollando un
currículo donde se actualicen labores históricas que se están perdiendo por falta de
medios.

Creación de un ecomuseo de carácter permanente a través de, por ejemplo, un clúster
rural formado por agricultores, ganaderos, universidades aragonesas, con profesionales
del marketing, ciencias medioambientales, arte, biología, historia y los sindicatos
agrarios para posicionar la labor tradicional de los agricultores y ganaderos en una
profesión competitiva.

Es urgente un cambio en los presupuestos de la Administración. Los pueblos están
abandonados y requieren inversiones en los presupuestos de varios millones de euros,
dando un protagonismo en la gestión a los alcaldes pedáneos.

Es importante acometer una importante rebaja fiscal con una discriminación positiva
hacia los pueblos en las cargas fiscales y las tasas municipales, ya que, en la inmensa
mayoría de los casos, la Administración ha municipalizado importantes inversiones que
han salido del trabajo y del esfuerzo de los habitantes de los pueblos. Además, los
impuestos deben de revertirse en una mejora sustancial de las comunicaciones para
que Aragón no esté a la cola con otras comunidades autónomas. Es muy importante reinvertir los presupuestos en una mejora sustancial de los servicios y de las comunicaciones con el ferrocarril como modelo de vertebración territorial sostenible.

Por último, no puede separarse la agricultura, la ganadería y la caza del medio ambiente.
No hay nadie que sepa más de medio ambiente que aquellas personas que viven
en armonía con él. Las administraciones locales deben defender los pueblos frente al
legislador que hace leyes injustas y que atentan contra la dignidad de los pueblos,
como la Ley Del Bienestar Animal.

Igualmente, si queremos que los ciudadanos puedan vivir de los pueblos, la jubilación es
una gran tarea pendiente. Hay que contar con una jubilación digna para los agricultores como paso previo para hacer el sector digno, así como para que se convierta en un sector
atractivo para los jóvenes.

Por Vicente Jesús López-Brea Urbán, párroco de la Diócesis de Jaca

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