José Ignacio Iguarbe regresa a la Ciudadela de Jaca después de tres años. Lo hace con una propuesta sorprendente -como toda su obra-, en la que las reminiscencias del arte bizantino y la inteligencia artificial se fusionan para remover conciencias. La Sala Burnao se convierte, con Sacrum & Code, en un espacio para la reflexión donde hay que fijarse en los detalles y en el mensaje que esconde cada cuadro. En la Ciudadela de Jaca, hasta el 8 de agosto.

«Una colección de obras única y espectacular»
«Una colección de obras realmente única y espectacular». Con estas palabras, Ismael García, comisario de Sacrum & Code, presentaba en la Sala Burnao la última propuesta cultural de la Ciudadela de Jaca. Llega de la mano de José Ignacio Iguarbe, que ya sorprendió con su obra a los visitantes de la fortaleza en 2023.
«Iguarbe es mucho más que un fotógrafo. Es un cofre de inquietudes, de pensamientos y sensaciones que recorren los caminos de fuera a adentro. Y que una vez allí, los observa, los siente, y deja que le emocionen y le conmuevan. Los dibuja en su mente y después inventa los medios para mostrarlos al mundo», añade el comisario de la exposición que, hasta el 8 de agosto, se puede contemplar en la Ciudadela de Jaca. Y es que las técnicas de Iguarbe no están escitas ni se pueden aprender en ningún tutorial. Como explica Ismael García, «quizá sea la única persona en el mundo capaz de aunar técnicas del arte bizantino con la inteligencia artificial».



Para entender la obra de Iguarbe, hay que fijarse en sus métodos: «La primera parte es la de preparar la tabla, al estilo bizantino, con pan de oro. En el arte bizantino, se conocía el reflejo del oro como el reflejo divino… era una luz que venía desde el interior. Y sobre ello yo he querido plasmar la evolución. Hacer imágenes e incorporar la inteligencia artificial. Porque es así como ha evolucionado el arte a lo largo de los tiempos: hemos ido utilizando todo lo que estaba a nuestro alcance para evolucionar», asegura el artista.
«Todas las imágenes tienen un mensaje subliminal. Todas nos van a contar cosas. Es como un susurro a nuestra conciencia», añade Iguarbe.
Fotografía, arte bizantino e inteligencia artificial
Sacrum & Code nace del deseo de poner en diálogo dos lenguajes que, aunque separados por siglos, comparten una misma lógica interna. Por un lado, el «sacrum»: la tradición del arte bizantino, su rigor técnico, su dimensión simbólica y su forma de entender la imagen como presencia. Por otro, el «code»: el lenguaje digital y la inteligencia artificial, herramientas que hoy intervienen de manera decisiva en la construcción de la imagen contemporánea.
Sobre José Ignacio Iguarbe
Fotógrafo profesional especializado en patrimonio, arquitectura, paisaje y fotografía documental. Desde hace más de tres décadas desarrolla proyectos vinculados al territorio, la memoria y la identidad cultural de Aragón, especialmente en la Ribera Alta del Ebro. Compagina el trabajo fotográfico con la edición de publicaciones, la realización audiovisual y la formación en fotografía y edición digital. Su obra combina una mirada artística y documental, con especial interés por la antropología visual y los espacios históricos. Autor de numerosos libros y exposiciones, ha trabajado con instituciones culturales, medios especializados y proyectos de promoción territorial. Además, es colaborador de la revista Actualidad de las Empresas Aragonesas desde 2014. Cuenta con numerosos premios y reconocimientos.
La exposición reúne una serie de obras que parten de procedimientos heredados de la iconografía bizantina. La preparación de la tabla, el trabajo sobre madera y la utilización del pan de oro no aparecen únicamente como recursos formales, sino como parte esencial del pensamiento de la obra. Ese primer gesto establece un tiempo lento, una estructura y una intención; una forma de resistencia frente a la velocidad de la producción visual contemporánea.
Sobre esa superficie cargada de memoria se incorporan imágenes fotográficas y composiciones digitales posteriormente transformadas mediante herramientas de inteligencia artificial. Sin embargo, la IA no se plantea aquí como un sistema autónomo ni como sustituto del autor. Funciona como un instrumento de exploración visual, comparable a otros dispositivos que, a lo largo de la historia del arte, han ampliado las posibilidades técnicas y expresivas de la imagen. La dirección conceptual y la mirada artística permanecen siempre en el ámbito humano.
Caracoles cibernéticos, la obsesión de Iguarbe
Lejos de proponer una ruptura entre pasado y presente, «Sacrum & Code» plantea una continuidad. El icono bizantino se construía a partir de reglas, proporciones y sistemas precisos; del mismo modo, el código digital opera mediante estructuras, instrucciones y procesos. En ambos casos, la imagen surge de un método y de una intención.
En el núcleo simbólico de la exposición aparecen los llamados «caracoles cibernéticos», figuras concebidas como iconos contemporáneos. Su forma orgánica y elemental contrasta con la complejidad mecánica de sus caparazones, construidos como relojes o mecanismos de medición temporal. Estos seres avanzan lentamente, ajenos a la lógica de la aceleración tecnológica, y parecen habitar un espacio suspendido entre lo ancestral y lo posthumano.
En ellos conviven dos dimensiones complementarias: la del «sacrum», asociada a lo contemplativo, lo intemporal y lo trascendente; y la del «code», vinculada a la precisión, la repetición y la estructura. Lejos de anularse, ambas se refuerzan mutuamente, proponiendo una nueva espiritualidad material en la que la tecnología no sustituye a lo sagrado, sino que lo reformula.
Una reflexion silenciosa sobre la permanencia y la adaptación
Convertidos en emblema de la exposición, estos caracoles sugieren una reflexión silenciosa sobre la permanencia y la adaptación. En un paisaje marcado por la transformación constante, avanzan como portadores de otro orden posible: más lento, más atento y más cercano a la contemplación.
Así, «Sacrum & Code» invita al espectador a detener la mirada y a reflexionar sobre cómo la imagen, el símbolo y la memoria continúan transformándose sin perder su capacidad de significado. Entre la tabla y el algoritmo, entre la materia y el dato, la exposición propone un espacio de contemplación adaptado a nuestro tiempo.
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