La llegada de la nieve convierte las cumbres de Panticosa en el escenario ideal para que el Regimiento Galicia de Jaca despliegue todas sus capacidades a pocos días del Infierno Blanco, el ejercicio anual táctico por excelencia de las Tropas de Montaña. El temporal se lo pone difícil a los hombres del Galicia, que tienen que avanzar abriendo huella con la nieve hasta la cintura, mientras el viento arranca literalmente sus modulares del suelo. Toca batirse con la montaña y con los elementos, el otro gran enemigo. Es el escenario natural del Regimiento de Jaca, donde los militares españoles son capaces de hacer de la adversidad de la montaña un aliado ante la situación más hostil.

El Regimiento de Infantería de Cazadores de Montaña Galicia 64 de Jaca es una de las unidades más exigentes del Ejército de Tierra
El Regimiento de Infantería de Cazadores de Montaña Galicia 64 de Jaca es una de las unidades más exigentes del Ejército de Tierra. Curtidos para sobrevivir en las situaciones más extremas, en aquellos escenarios donde la naturaleza y los elementos son determinantes para el éxito de una misión, sus componentes son capaces de convertir en un alidado la hostilidad del medio en el que se mueven.
En el Valle de la Ripera, en pleno Pirineo, los militares del Regimiento Galicia se preparan inmersos en el ejercicio Sarrio durante la última semana de febrero para afrontar el Infierno Blanco. La 1º Compañía de Cazadores del Batallón Pirineos se enfrenta en el entorno de Panticosa a un ejercicio de vida, movimiento y combate. La primera gran nevada del invierno ha dejado el escenario perfecto para que los militares puedan desplegar todas sus capacidades.
Es una unidad joven, cuya media de edad no supera los 24 años. Cuando su himno asegura que la nieve es su sendero normal y que en las crestas y picos está su misión, no lo hace en sentido figurado. Pero nadie se imagina que estos hombres han tenido que abrir huella con la nieve hasta la cintura y enfrentarse a rachas de viento tan fuertes que han llegado a arrancar del suelo la tienda que les protegía. Aprenden a sobrevivir a los elementos y se adaptan a las situaciones más extremas. Literalmente, están hechos por y para la montaña.
El ejercicio Sarrio, la prueba de fuego para el Infierno Blanco
El suboficial mayor del Regimiento Galicia, Antonio Tena, explica que el ejercicio Sarrio sirve de preparación para el Infierno Blanco, coincidiendo con el final de la instrucción en montaña invernal. Y, al mismo tiempo, «para dar testimonio de que el grupo táctico de montaña que tenemos que generar está perfectamente capacitado para llevar a cabo el planeamiento y ejecución de operaciones ofensivas y defensivas contra un enemigo híbrido en terreno montañoso, nevado y en condiciones de frío extremo». «Es lo que nos hace diferentes», asegura Tena.






El Regimiento de Infantería Galicia 64 de Jaca forma en Montaña a su personal en los niveles elemental, intermedio y avanzado. Al mismo tiempo, en la Escuela Militar de Montaña y Operaciones Especiales (EMMOE), también con sede en Jaca, se imparten las cualificaciones del Curso Superior de Montaña (para mandos) y el Curso Básico de Montaña (para tropa).
La 1ª Compañía de Cazadores de Montaña del Regimiento Galicia
El capitán Rubén Calderón está al frente de la 1º Compañía de Cazadores de Montaña. En la agenda del día está el cruce de un río, que obligará a sus hombres a montar un paso semipermanente para superar el obstáculo mientras protegen su posición.
La situación general del ejercicio Sarrio es la actuación frente a un supuesto enemigo que ha atacado el Valle de Tena. El Regimiento Galicia ya ha recuperado los pueblos más importantes, pero el enemigo pretende hacerse fuerte en el Valle de Bujaruelo y está protegiendo el acceso desde el Valle de la Ripera, en los collados dero Berde, Tendeñera y Espelunz. Mientras se desarrolla el combate principal en la cabecera del valle, el objetivo específico del grupo táctico generado por la 1ª Compañía pasa por infiltrarse por la divisoria en el territorio controlado por el enemigo y hacerse con una posición estratégica y defenderla; y poder cortar, de esta manera, la retirada a las fuerzas hostiles. Lo hará avanzando de noche y siempre por zonas de alta montaña, para lo que están entrenados sus componentes, todos expertos, y los mejor preparados para alcanzar una posición dominante desde las alturas.
«La montaña es el mejor campo de instrucción porque sanciona los errores»
El mal tiempo da una tregua y ahora el objetivo del capitán Calderón es atacar el refugio de La Selva, a 1.450 metros de altitud. La borrasca Louis se lo puso muy difícil los días previos y le obligó a replantear la situación. A más de 2.500 metros de altura, se encontró con una fuerte nevada que dejó espesores de más de un metro y vientos que superaron los cien kilómetros por hora. Ante los indicios de aludes, con una sensación térmica de 15 grados bajo cero y la imposibilidad de moverse con seguridad, la supervivencia es la prioridad.
No hay que olvidar que el capitán debe valorar los riesgos que asume el personal a su mando. En la montaña, no hay espacio para dudas ni para equivocaciones. «La montaña es el mejor campo de instrucción porque sanciona los errores», dicen en el Regimiento. Una máxima que comparten las tropas de montaña con otra no menos cierta: «La preparación dura y exigente deriva en combate fácil».


Una operación muy específica que asegura el éxito de una operación mayor
«Por lo general, intentamos hacer los movimientos de noche, que es cuando somos menos visibles», explica Calderón. A pesar de tener una misión muy específica, la función de esta pequeña unidad es fundamental para el éxito de la operación en la que se enmarca. El factor sorpresa y la exigente preparación de los hombres que la forman son claves en su desarrollo, recuerda el capitán. Una situación que perfectamente podría identificarse en un combate entre ejércitos modernos donde se dieran las condiciones de una zona de montaña, terreno nevado o frío extremo.
El Vamtac (Vehículo de Alta Movilidad Táctico) y el TOM (Transporte Oruga de Montaña) -especialmente éste último- se convierten, por su versatilidad y adaptación a los terrenos más exigentes (como el barro y la nieve) en un medio imprescindible para el avance de la unidad.
Una marcada capacidad de liderazago, perfil del soldado de montaña
Hay que ser consciente de que la planificación es tan importante para el éxito de la misión como el hecho de que todos los componentes del grupo táctico estén informados de los planes de su mando al milímetro, con el objetivo de que su implicación sea máxima. Por eso, antes de avanzar sobre el terreno, hay un ingente trabajo previo que garantiza que todos y cada uno de los militares conocen perfectamente la labor que tienen que realizar.
«Es muy importante tener claro la misión y el propósito. En función de ello, cada uno tiene unos cometidos», apunta el capitán Calderón. En una zona como ésta, en terreno no convencional, hay que impedir que la falta de comunicaciones pueda convertirse en un hándicap para lograr el objetivo. Si en algún momento se pierde el enlace con el mando, todos y cada uno de los militares desplegados saben cómo actuar. «Deben decidir, cada uno en su parcela, lo que tienen que hacer para favorecer el propósito del mando», añade. Para eso se los entrena.
«La capacidad de liderazgo que tienen nuestros militares, desde los escalones más básicos, es muy alta. Mucho más que en otro tipo de unidades», asegura el suboficial mayor Tena. Se trata de una característica que hace que «el Regimiento Galicia pueda desplegar en cualquier momento allí donde se le requiera». Una disponibilidad prácticamente absoluta que se consigue con un adiestramiento enfocado a aprender a combatir para cumplir la misión en un escenario extremadamente exigente como es la montaña; y al mismo tiempo, a mantener el hábito.
Los tiradores de precisión en las unidades de montaña
Mientras Calderón avanza con sus hombres hacia el objetivo, en el Tozal dero Patro, los tiradores de precisión hacen observación sobre el refugio de La Selva desde una posición elevada, al otro lado del barranco. Deben dar apoyo a la unidad que se dispone a atacarlo, en una operación coordinada previamente al milímetro.
Perfectamente camuflados, el soldado Oriol Hernández y sus compañeros controlan desde las alturas el refugio y sus accesos. Ellos son tres de los seis tiradores de la 1ª Compañía. Son expertos en el manejo del Accuracy Arctic Warfare (AW) de calibre 308. Un fusil de fabricación británica, para el que se utiliza munición Lapua, diseñado especialmente para combatir en climas extremadamente fríos. Es el que toca utilizar para esta misión, donde el objetivo son personas. Si el objetivo fueran vehículos, o tuvieran que destruir armamento a distancia, los tiradores utilizarían el Barrett. En este caso, el Accuracy les permite trabajar, sobre el terreno y al primer disparo, a una distancia de hasta 700 metros del objetivo.






Tirador de precisión y soldado de montaña
Si la preparación de un soldado de montaña es exigente, la del tirador de precisión supone dar un paso más. Además de la mochila reglamentaria, estos especialistas tienen que cargar con el fusil (que pesa unos seis kilos sin munición). También portarán los visores, la estación meteorológica, el telémetro, los elementos de transmisiones… y la comida. Habitualmente, van a vanguardia de la compañía a la que están agregados. Tienen nervios de acero. Y una gran fortaleza física y psicológica. En ocasiones, llegan a permanecer varios días prácticamente inmóviles en su posición.
Tras examinar el terreno, el jefe del grupo ha elegido la posición más idónea para tener la mejor visión sobre el objetivo. Al borde de un cortado, y en una zona bastante inaccesible, el primero que se coloca es el tirador de precisión. Ante cualquier incidencia, estaría preparado para reaccionar rápidamente. Será el que efectúe el disparo. Al lado, el observador, porta un visor Leupold con la misma visión -pero con 40 aumentos más- que el del propio fusil. Inmediatamente detrás de ellos, el soldado Hernández, el más experimentado de los tres, se encarga de hacer los cálculos. Es el calculador. Lleva consigo un telémetro láser que le permite conocer la distancia que le separa objetivo. Se encuentran exactamente a 340 metros.
Nada se deja al azar. Observan las condiciones ambientales -viento, humedad, temperatura,… y cualquier factor que pueda influir en el tiro y calculan las correcciones. Cuando se dan las condiciones idóneas, Hernández da la orden de disparar. A partir de ese momento, es el tirador el que finalmente decide el momento de ejecutarla.
Listos para enfrentarse al Infierno Blanco
De nuevo, el mal tiempo vuelve a acompañar la recta final del ejercicio Sarrio, pero para entonces la misión está cumplida. Los hombres del Galicia han conquistado, una vez más, la montaña. Están listos para enfrentarse al Infierno Blanco.

el Infierno Blanco, el ejercicio de adiestramiento más importante del Mando de Tropas de MOntaña
El Infierno Blanco es el ejercicio de adiestramiento y cohesión más importante del año del Mando de Tropas de Montaña. En su contexto, un Grupo Táctico de Montaña, integrado por las dos unidades específicas del Ejército Español -el Regimiento Galicia 64 de Jaca y el Regimiento América 66 de Pamplona de la División San Marcial- y otras unidades de apoyo, se enfrenta en cada edición, con acciones ofensivas y defensivas, al supuesto de una amenaza híbrida (fuerzas convencionales y milicias locales paramilitares) en las condiciones más adversas. En el Infierno Blanco -este año en los valles de Benasque y Bielsa- el Ejército pone a prueba sus capacidades para el combate en montaña en época invernal. El Galicia 64 y el América 66 alternan su disponibilidad tomando como referencia este ejercicio. Actualmente, el Regimiento de Jaca se encuentra en fase de ‘respuesta inmediata’, y el de Pamplona, en fase de ‘preparación’, roles que se intercambiarán tras el Infierno Blanco 2024.
Por Rebeca Ruiz (texto y fotos)
Galería completa de fotos en el perfil de Facebook de JACETANIA EXPRESS
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