Soledad Franco: calidad y exclusividad llevada a la artesanía en Sabiñánigo

Soledad Franco lleva décadas dedicadas a la artesanía en Sabiñánigo. Una historia entre el taller y la tienda, donde cuenta con un catálogo casi interminable de piezas totalmente únicas. Además de ofrecer su propia marca, elaborada íntegramente por ella misma, en su negocio también se pueden encontrar otros complementos. La sostenibilidad, la apuesta por lo nacional, la exclusividad y la calidad son algunas de las características principales de su labor.

(Foto: Soledad Franco)

Soledad Franco, unos inicios en Zaragoza

La larga historia de Soledad Franco en el mundo de la artesanía comenzó hace décadas en Zaragoza. Se inició estudiando en la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos como escultora. “En ese plan antiguo de estudios había muchas facetas y disciplinas, no solo escultura. Allí tuve la posibilidad de trabajar y conocer un montón de oficios y maestros. Aprendí carpintería, forja, talla en piedra y en madera… Muchos materiales de los que obtuve una base y experiencia notoria”, destaca Soledad Franco.

Tras terminar sus estudios, comenzó su vida como escultora, donde llevó a cabo varias exposiciones. Sin embargo, la situación económica y social le hizo tener que replantearse su futuro en la escultura.

Su propia marca en Sabiñánigo

Desde siempre, ha sido una enamorada de las montañas y la naturaleza. Una pasión heredada de sus padres, que le hizo comenzar a subir desde Zaragoza por su propia cuenta en diversos cursos mientras sus estudios. El amor y el destino le hicieron establecerse en Sabiñánigo, donde no tardó en comenzar su verdadera historia.

“Tengo un amigo que es orfebre, y vio en mis pequeñas piezas una opción en el mercado. Con el apoyo de todos, fue poco a poco creciendo casi de forma espontánea, hasta que creé mi propia marca, Soledad Franco”, recuerda orgullosa.

Debido a su conexión con la joyería, la porcelana inundó sus labores. Y de allí otras líneas de trabajo según pasaban los años. “Lo primero que hice, para dar a conocer mi mano, fue acudir a ferias por todo Aragón. Eran jornadas duras pero que daban resultados”, comenta. En sus primeros pasos, la marca Soledad Franco no contaba con tienda física, sino que desarrollaba su día a día en un pequeño taller, donde realizaba todas sus piezas para su posterior comercialización.

La apertura de la tienda, un paso más en el proceso de Soledad Franco

Quemando etapas y dándose a conocer en los diferentes rincones del territorio, llegó un momento “en el que el taller quedaba pequeño”. “Había gente que venía al taller a comprar, pero no es el sitio indicado para ello, y las piezas no se lucían en el ambiente adecuado. Hace tres años vi un local que me gustó en Sabiñánigo, y desde entonces instalé allí mi tienda física”, sostiene.

Un lugar no solo destinado a la venta, sino también a la exposición de todas las piezas. Normalmente, Soledad por la mañana se encuentra en el taller, mientras que el horario de apertura de la tienda se resume a las tardes. “Voy cambiando horarios, pero normalmente es medio día de taller y medio de tienda”, añade.

Un amplio catálogo de piezas bajo una filosofía clara

En el local, situado en Sabiñánigo, su propia marca es la protagonista. El cliente puede observar sus cientos de piezas únicas, elaboradas por ella misma. “De mis obras, destacan por encima del resto los collares. Son únicos y algunos han llegado a estar en pasarelas de moda muy reputadas. Me gusta decir que son pequeñas esculturas para llevar”, sostiene.

(Foto: Guillermo Puértolas // Soledad Franco)

Además, también expone complementos que trae de otros lugares. Todos ellos bajo un criterio de sostenibilidad, calidad y exclusividad muy alto, que concuerda con su marca comentada. “Intento que sean productos nacionales. En este caso, lo que más se vende son los pendientes, ya que sirven para todas las épocas”, puntualiza.

Soledad Franco y sus retos futuros

A corto plazo, Soledad Franco cuenta con retos “sencillos pero ilusionantes”. Dentro de dos semanas, en Semana Santa, durante cuatro días trasladará su tienda física hasta un pequeño local situado en la plaza de Biescas. Donde todo el mundo podrá admirar y comprar sus obras.

A medio plazo, todo pasa por aumentar el reconocimiento. «Estoy trabajando en un plan de marketing, con el objetivo de que no solo me conozcan mis clientes, sino que mi marca tenga una reputación en la artesanía del territorio. Que se conozca como algo diferente y único, porque lo es”, sentencia.

Por Jorge Callau

ÚLTIMAS NOTICIAS