Mi pionera favorita. Por Carlos del Pueyo

Homenaje póstumo a Consuelo Pérez Sierra, retratada como una mujer pionera, que fue presidenta más de treinta años de la Asociación Española contra el Cáncer de Jaca, dando un auténtico ejemplo de entrega y servicio a los demás. Consuelo Pérez, recientemente fallecida, contribuyó con su apoyo en diferentes facetas sociales a construir, durante los últimos sesenta años, la Jaca moderna que ahora todos conocemos.

La noticia del fallecimiento de Consuelo Pérez el pasado día 4 consternó y entristeció a buena parte de la sociedad jacetana que conoce su labor y en la que ha dejado una huella imborrable. Consuelo Pérez Sierra recibió hace unos años la medalla de honor de la Asociación Nacional contra el Cáncer como reconocimiento a su lucha contra esta enfermedad y a su encomiable trabajo de promoción y de apoyo a las familias, que logró robustecer la actividad de la asociación en el Alto Aragón y sirvió para ampliar la base social con que cuenta la AECC en la provincia de Huesca. Su trabajo fue reconocido como el de una pionera en la Asociación Contra el Cáncer. Se entregó en cuerpo y alma a su labor social y a su familia.

Consuelo Pérez Sierra falleció el 4 de febrero de 2021.
Consuelo Pérez Sierra falleció el 4 de febrero de 2021.

Mi pionera favorita

Nunca me había costado tanto escribir. Cuando escuchas llorar desconsolados a tu hija y a tu hermano, al otro lado del teléfono, sabes que te toca hacerte el fuerte aunque no quieras… Eso es lo que estamos haciendo, mamá, porque te has ido antes de lo que debías y, sobre todo, antes de lo que esperábamos. Y por más que te lloremos no se nos va la pena. Si me preguntaran que definiera la tristeza, respondería: perder a tu madre. Pero no te preocupes, junto a papá, nos hiciste fuertes, así que lo superaremos aunque tardemos un poco.

No sabes el cariño que estamos encontrando, no sabes cómo te quieren todos esos amigos que has dejado aquí. Como me decían esta mañana: «Se hacía querer…» Por eso estamos todos tristes pero te recordamos con cariño. Toda Jaca se ha sobrecogido al saber que te has ido y que ya no volverás, muchos te lloran y nos apoyan. Esa Jaca de la que tanto te costó irte y a la que tanto diste. Porque eso era lo mejor que sabías hacer: dar y, sobre todo, dar sin esperar nada a cambio.

«no había nada imposible»

Sembraste tus inquietudes por tierras jacetanas. En esos años que faltaban tantas cosas, ahí estabas tú y siempre te encontraban en el camino para echar una mano. No había nada imposible para ti; por muy difícil que pareciera, al final hacías que se consiguiera. El otro día leí un comentario muy acertado sobre ti: «Una mujer adelantada a su tiempo…» Y, efectivamente, siempre fuiste una pionera.

No te asustaba lo nuevo sino todo lo contrario, te gustaba. Y los retos te motivaban, nunca te doblegaron. Entonces había que ganar el futuro, había que alcanzar los tiempos modernos y no perderlos. Y eso lo hacías tú como nadie. En cuanto había alguna novedad, ahí estabas tú para conocerla, para apoyarla y para disfrutarla. Ahora que lo tenemos todo, ¿verdad?, y nos quejamos… fueron tantas cosas. Tantos viajes con mi padre y tantas comidas, meriendas y cenas organizadas en casa hasta que se consiguió aquella aventura de aquel festival, el que hizo que la ciudad fuera alcanzando la mayoría de edad, que la puso en el mapa y que ahora forma parte de la vida y del ADN de Jaca.

Cuando no teníamos más que la prestación hospitalaria de un viejo hospital destartalado, pusiste en marcha una clínica, una clínica moderna cuyo trabajo organizabas día a día y que sirvió para que muchos jacetanos nacieran allí y para que otros no se encontraran sanitariamente desamparados y tuvieran adonde acudir.

En una cena del cáncer, con el cómico del momento, Javier Coronas.
En una cena del cáncer, con el cómico del momento, Javier Coronas.

Conquistas sociales

Desde la presidencia de la Asociación de Padres de los Escolapios, la primera presidenta, lograste que los jóvenes jacetanos no tuvieran que irse a estudiar fuera y pudieran completar en Jaca sus estudios antes de ir a la Universidad. Aquello fue una lucha titánica de David contra Goliath, en la que te empeñaste y que también lograste; entonces, en aquella democracia incipiente, nadie te ayudaba, ni había partidos, ni sindicatos, ni nada… tú sola, casi,  contra los gerifaltes (como tú les llamabas) de la Administración. Y convertiste la primera negativa en una aprobación final, y con la ayuda de muchos que entonces dirigían el sector de la educación en Jaca se pudieron cumplir los requisitos y hacerlo viable.

Algunas conquistas más que me dejo. Y la educación sexual cuando era un tabú, y la información sobre drogas, una lacra a la que nadie se atrevía a hacerle frente. Por no hablar del cáncer, tu última etapa, donde encontraste durante muchos años el apoyo de buenas personas que trabajaron y trabajan mucho para ayudar a los enfermos y a sus familias. Y como las organizaste, porque eso sí se te daba bien… y como lo dabais todo por los demás sin tiempo, muchas veces, ni para el sueño. Ese cáncer contra el que tanto luchaste, el de los demás, pero que todavía no había podido contigo hasta que se cruzó en tu camino el virus traidor, sin avisar, por la espalda, y contra el que no pudiste hacer nada. Ese virus cruel que no nos ha dejado despedirnos de ti.

Lecciones de humanidad

Te vi cuidar a cinco o seis personas hasta que se murieron, con toda la entrega, con toda la dedicación, con todo el afecto, abrirles tu casa para que no estuvieran solos en sus últimos tiempos. Cuidándolos con ese esmero que ahora no ha dado tiempo a darte a ti. Paradojas de la vida, después de haber cuidado a tantos, ahora no ha dado tiempo a que te cuidáramos a ti hasta el final. Pero seguro que dirías «no importa, hijo, así está bien».

Recuerdo una vez, hace muchos años, cuando en una ocasión te dije: «Pero, mamá, para qué les ayudas? si luego no hacen más que ponerte verde…»; me respondiste «te crees que no lo sé… les ayudo porque lo necesitan, lo demás da igual» y seguiste ayudando a aquellas personas. Aquel día aprendí una lección de humanidad que solo personas excepcionales pueden dar.

Me enseñaste tantas cosas que te voy a echar de menos. Me enseñaste a distinguir entre lo bueno y lo malo. Fuiste mi cómplice, mi paño de lágrimas, el apoyo cuando más lo necesitaba. Me reprendiste y me aplaudiste. Me hiciste comprender cuando las cosas estaban mal y cuando había que darlo todo. Me enseñaste a vivir.

«no te podremos olvidar»

Aunque ahora te vayas, no te podremos olvidar. Nos dejas toda esa vida de amor que creaste para nosotros. Sé que unas de las últimas palabras que le dijiste a papá, cuando no sabías que solo te quedaban unos pocos días de vida, fueron que no te daba miedo morir, que solo te importaba «separarme de ti». Una declaración de amor, después de más de sesenta años juntos, que seguro que recordará, en su consuelo, cuando relea esa colección de cartas que os escribíais, todos los días, cuando eráis novios y que guardabas como un tesoro. Aunque no lo hagamos tan bien como tú, te lo cuidaremos.

Con su nieto Carlos.

Pionera en el cielo

Estoy seguro de que ya le habrás organizado el trabajo a San Pedro y a toda la corte celestial. Lo bien que se lo van a pasar contigo. Sigue luchando por todos nosotros desde ahí arriba y saca un hueco de vez en cuando, entre proyecto y proyecto, porque en cuanto te vea brillar en el cielo y no me oiga nadie, desde esa Cantera que tantas veces recorrimos juntos, de día y de noche, te llamaré para pegarnos una buena charrada, para que me cuentes todas las ideas que has tenido, que ahora ya no necesitamos teléfono. Un beso, mamá. Hasta siempre.

Por Carlos del Pueyo Pérez

Con su nieta Inés, de pequeña, una abuela feliz...
Con su nieta Inés, de pequeña, una abuela feliz…
Alurte Canfranc