Los ‘mayencos’ Alberto y Paula Lorda, en la mítica Engadin Skimarathon de Suiza

Engadina2018-5
Alberto y Paula Lorda.

Dos socios del Club Pirineísta Mayencos han participado en la 50ª edición de la Engadin Skimarathon, en Suiza. Se trata de Alberto y Paula Lorda, padre e hija. Él ya había corrido otras veces la distancia de media maratón, pero para ella, de tan sólo 18 años, era su primera competición de esquí de fondo, y lo hacía en una prueba de gran nivel, como es la Engadina, que además es una de las prestigiosas carreras de la World-Loppet.

Este es un extracto de su crónica:

“La Engadina es la segunda carrera del mundo en número de participantes, después de la sueca Vasaloppet. Recorre el precioso valle de Engadin, fronterizo con Italia y no lejos de Milán. Aprovechamos el vuelo Zaragoza – Milán (Bérgamo) y un coche de alquiler para llegar hasta Pontresina. El maratón se realiza el primer segundo domingo de marzo, comienza en Maloja y finaliza en S-Chanf. El Marathon Village está en St. Moritz. La organización tiene una precisión de relojero suizo: la inscripción incluye el transporte en tren, el Rhätische Bahn, Patrimonio de la Humanidad. El día de la competición autobuses-lanzadera te llevan de St. Moritz a la salida. En la llegada, trenes especiales te devuelven a tu origen. Sales en cajones por categorías. La nuestra era la Volksgruppe, que no significa pardillos, aunque sale casi una hora después del Elite A, los olímpicos y demás participantes que han ido ganando su posición de salida en función de anteriores participaciones y de sus tiempos logrados en ellas.

Se esquía sobre los lagos helados de Sils y Silvaplana, una experiencia hermosa, y con pocas subidas, se llega hasta St. Moritz. Allí comienza el tramo más duro, con subidas y bajadas hasta Pontresina, incluyendo el bosque de Stazer, con sus árboles protegidos, sus curvas y múltiples caídas. En el kilómetro 21 se alcanza Pontresina, meta de los que hacen medio maratón. Un terreno suave, con ligera bajada hasta Samedan. Se suceden luego subidas y bajadas, no muy duras si estás bien entrenado, y el último kilómetro es bajada. Cada 10 kilómetros, un avituallamiento, más frecuentes al final. Muchos espectadores animando (“heja, heja”), que leen tu nombre en el dorsal, un ambiente de fiesta estupendo y cientos de voluntarios colaborando. La alegría de llegar, inolvidable”.