Los Músicos de la Solana comenzaron su andadura hace cerca de 20 años. Un grupo de conocidos que, poco a poco, fue convirtiéndose en uno de los símbolos del territorio. Con la recuperación de las rondas como sello de identidad, han llenado de alegría, música y buen ambiente cientos de calles de diferentes lugares del territorio. Todo ello bajo una cercanía con el público que, además de aplausos, les ha llevado a entablar amistades que van mucho más allá de la música. «Ser parte de la fiesta es mucho más que poner la música, y nosotros lo hemos conseguido«, comentan. Dos décadas después, sus melodías de todo tipo siguen haciendo bailar a miles de personas, acumulando muchos recuerdos en su mochila. Con nueve integrantes en sus filas, siguen haciendo lo que más les gusta: «hacer disfrutar de la música a los vecinos tanto como nosotros hacemos».

Los Músicos de la Solana, unos inicios casi 20 años atrás
Para conocer la historia completa de Los Músicos de la Solana es muy importante conocer sus comienzos. «Entre 2008 y 2009″, el grupo dio sus primeros pasos, casi de forma espontánea. Tras dejar otra agrupación musical del territorio, algunos conocidos amantes de la música decidieron juntarse, hasta formar «un pequeño grupo». «Poco a poco fuimos haciendo una formación. A alguno nos tocó reajustar los instrumentos que tocábamos, pero empezó algo muy bonito casi sin querer», comentan.
A partir de allí, sus músicas y melodías empezaron a invadir los oídos de los primeros pueblos que acudían a ellos para sus fiestas. Su estilo de folk tradicional, así como su adaptabilidad según el contexto, se hizo, en poco tiempo, muy conocido. «La voz se fue corriendo de pueblo en pueblo. Y nosotros también al ver la buena acogida nos lo tomamos más enserio. Si confían en ti, tienes que dar el callo siempre», explican. El grupo, que ya de por sí se convirtió «en una pequeña familia», siguió creciendo y mejorando a raíz de la entrada de los propios hijos de los creadores.
«La verdad que entre todos formamos algo mucho más fuerte que un grupo. Estábamos muy contentos de ser los que éramos, el buen ambiente entre nosotros y la cercanía de los pueblos a los que íbamos. Y empezamos a hacer tema tras tema tras tema», desvelan.
La recuperación de las rondas tradicionales, el sello de identidad de Los Músicos de la Solana
Esta labor, con el paso de los primeros años, se centraría en la recuperación de las rondas de los pueblos. «Identificamos que en los pueblos que íbamos había una demanda muy fuerte por las rondas, las tradicionales de décadas atrás. Se habían perdido», destacan. Por el interés social, además de por el propio musical, Los Músicos de la Solana se embarcaron en el gran reto de recuperar estas melodías que un día hicieron bailar al pueblo entero.
«Una ronda no es solo ir a comer y beber. Es un momento de encuentro entre todos los vecinos para celebrar, en este caso, las fiestas u otro acontecimiento», añaden. Bajo este sentimiento, Los Músicos de la Solana comenzaron a hacer de la recuperación de las rondas su sello de identidad. «Había muchos sitios donde no se hacían ya, y ver que te venían a dar las gracias personas mayores, era y sigue siendo algo impagable», subrayan.
Junto a las rondas, una característica comenzó a aflorar entre el grupo: su adaptabilidad. Pueblo a pueblo, Los Músicos de la Solana ampliaron su repertorio, interpretando decenas de canciones diferentes según la población. «Vas a un pueblo a su ronda y no tocas para nada las mismas que para otro. Eso se consigue adaptando e interesándote por los gustos de cada vecino, e incluso de cada casa. De año a año ya sabemos qué tocar y dónde tocarlo», explican. Música antigua, celta, rock y hasta el himno de algún que otro equipo de fútbol están en su amplio catálogo de canciones que han tocado. «La gracia está en eso: adaptarte al sitio en el que estás y hacerlo pasar lo mejor posible», detallan.
«Hemos conseguido que en nuestras rondas todo el público esté feliz y formando parte. Pequeños, medianos y mayores cantan, bailan y se ríen con nosotros. Eso ha permitido recuperar el espíritu de las rondas, y ver todo el pueblo entregado nos hace estar plenamente orgullosos», apuntan con una sonrisa.
La parte medieval de Los Músicos de la Solana
Gracias a sus múltiples registros, Los Músicos de la Solana también han podido hacer de la música medieval otra de sus señas. Mercados medievales, recreaciones o incluso el Primer Viernes de Mayo son algunas de sus citas anuales. «Hay un auge ya de hace años de estos eventos. Son muy bonitos y nos encantan. Es también parte de esa adaptabilidad que tenemos», sostienen.

«En ambos casos, las rondallas y la parte medieval, no solo es mantener la tradición. Desde luego que es importante, pero nos encanta aportar algo más, nuestra parte de innovación. Nos llena formar parte de esa continuidad, pero a nuestra manera: con algo distinto e innovador que gusta. El reto está en recuperar lo que había, y a partir de allí dar lo mejor de nosotros», sostienen.
Lanuza, Piedrafita de Jaca, Artieda, Saqués o Ansó: «Ser parte de la gente»
Este conglomerado ha permitido a Los Músicos de la Solana recorrer muchos de los pueblos de nuestro entorno. Sin embargo, sus piezas «de todo tipo» también han traspasado fronteras. Han estado en La Rioja, Navarra o incluso sur de Francia, aunque ahora se centran «en coger lo de más cerca y que hacemos siempre». «Hubo en ‘boom’ en un momento que teníamos todos los fines de semana ocupados. Viajes largos, irnos un viernes y volver un domingo. No somos profesionales de esto, tenemos nuestro trabajo. Y llegó un momento que decidimos filtrar y quedarnos con cosas cercanas por tema propio de salud y tiempo», exponen sus miembros.

Las calles de Piedrafita de Jaca, Artieda, Ansó, Saqués o Lanuza son algunas de las miles que han visto pasar su -especial y ya tradicional- ronda. «Casi siempre que vamos a un lugar, el año siguiente repite», destacan, lo que hace que ahora ya tengan «un calendario establecido» con las poblaciones a las que llevan años y años acudiendo. «En la época que estamos, hemos filtrado para estar en los lugares en los que nos gusta estar y por nuestra forma de ser. Cuando vamos no solo somos músicos, somos parte de la fiesta y de ellos. La gente nos quiere y nosotros los queremos. Es muy bonita esa conexión que tenemos a día de hoy con muchos pueblos», sostienen.
«Vas a uno de ‘los de siempre’ a hacer la ronda y sabes qué tocar en cada casa, lloras al fallecido ese año o la abuela te cuenta lo bien que le ha ido el curso a su nieto entre canción y canción. Formamos parte de algo más que ser músicos, y es lo que nos queda y por lo que elegimos ir a dónde vamos», añaden. Esto, aseguran, les hace seguir hacia adelante: «no hay ronda de la que no volvamos contentos y felices».

Un claro ejemplo es Lanuza. El grupo recuperó y adaptó su melodía tradicional de palotiau. «El primer año solo se apuntaron nueve a bailar, y este año pasado estaba la carpa llena. De punta a punta tocando todo lo mismo, se pone la carne de gallina. Y saber que ese ambiente lo has creado tú te hace tener un orgullo enorme», admiten. En Saqués, Los Músicos de la Solana se encargan de toda la parte musical, desde la ronda hasta la misa: «algún año hemos comido en el altar».
Ensayos, integrantes y repertorio, los entresijos de Los Músicos de La Solana
En la actualidad, la agrupación está formada por nueve integrantes, que se juntan «cuando se puede», para realizar sus ensayos. Normalmente, los domingos por la tarde se juntan a tomar café en Abay, donde ensayan y sacan cosas nuevas. Sobre todo, aprovechan la temporada invernal, con muchos menos acontecimientos, para realizar el grueso del trabajo. «Tenemos un repertorio de más de 80 melodías, pero al llevar casi 20 años nos las sabemos. Con repasarlas y pensar cosas nuevas, lo tenemos. Si te somos sinceros, quedamos para, con la excusa de la música, vernos y pasar un gran rato, eso es lo que queda», comentan.

«Tenemos familia y cosas aparte que hacer. Lo hacemos porque nos gusta, y porque todos los ensayos y horas metidas e invertidas después se pagan con hacer disfrutar y emocionarse a un pueblo», añaden. Los Músicos de La Solana no hablan de caché, sino que reiteran que «la base de todo son los vecinos y amigos que hemos hecho». «Hay veces que hasta nos paran por la calle para hacerse una foto conmigo. Te quedas pensando y eso te llena más que cualquier incentivo económico. Somos del pueblo», subrayan.
Por Jorge Callau
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