Las bravas aguas del Aragón-Subordán se rinden a los navateros y a la tradición en Hecho

Las bravas aguas del Aragón-Subordán se rinden a los navateros y a la tradición en Hecho. (FOTO: Rebeca Ruiz)

La eterna lucha del hombre frente a los elementos protagonizaba la mañana del domingo en Hecho con el regreso de las navatas a las bravas aguas del Aragón-Subordán. Tres años han tenido que pasar para poder disfrutar de un descenso limpio y ágil, en un río primaveral que se ha rendido a la fuerza de los navateros y de la tradición. Declarado como Bien de Interés Cultural Inmaterial de Aragón desde 2013, en el descenso de navatas de este año había lugar para sonrisas, abrazos y complicidad. Un descenso emocionante y muy especial en el que el recuerdo del joven David Climente Lalaguna ha estado muy presente entre sus compañeros.

Los navateros de la Val d’Echo volvían a dominar este domingo las embravecidas aguas del Aragón-Subordán. El descenso de las navatas, una de las tradiciones más simbólicas y bonitas del Pirineo, volvía a convertirse en todo un espectáculo de fuerza y destreza en su décima tercera edición. Antes, muchos meses de preparación para que todo saliera perfecto, como así ha sido. Y, hasta el último momento, mirando al río.

David Climente Lalaguna, muy presente en el descenso de navatas de hecho

La jornada ha estado cargada de emoción y de sentimientos encontrados. Faltaba David Climente Lalaguna, que falleció el año pasado con solo 22 años. Su recuerdo ha estado muy presente en todo el descenso, en el que no ha faltado su familia.

Su padre y su hermano le han rendido homenaje en una de las naves, ante la mirada de su madre, desde la orilla. Ha habido flores en su memoria al paso de las navatas y, al final, una foto con su imagen en el Puente Viejo. Con este gesto, se ha querido simbolizar que el joven sigue vivo en los corazones de todos. Momentos duros y emocionantes recordando a David, que hoy hubiera sido uno de los primeros en cumplir con la tradición, como explican quienes le conocieron.

Navatas más pequeñas por la falta de agua en el Aragón-Subordán

Los preparativos comenzaban por la mañana temprano. Cientos de personas buscaban sitio en los puentes, desde donde mejor se ve el paso de las navatas, o en los recodos del río a lo largo del recorrido, de unos cinco kilómetros, por las aguas del Aragón-Subordán. La mayoría, lo esperaban desde 2019. Y los que llegaban por primera vez, se acercaban hasta la Oficina de Turismo de Hecho, cuyas responsables han ido informando de todos los detalles para que nadie se perdiera el evento.

«Este año, salimos dos navatas de tres trampos. No las hemos podido hacer más grandes porque esta vez tenemos un poco de problema con el agua. Ayer bajaba menos y hoy ha subido un poquito el nivel, así que creo que nos defenderemos», explicaba Enrique Climente, uno de los navateros, durante los momentos previos en la zona del molino.

Una quincena de navateros ha conducido los troncos, aguas abajo, por el Aragón-Subordán. En tierra se ha quedado Paula Climente, hija de Enrique. Todavía no ha cumplido 18 años, así que no es posible que acompañe a los demás sobre una navata. Sin embargo, ha trabajado como todos. Es la única mujer que hay en el grupo y el próximo año, por fin, espera poder hacerlo. «Siempre he acompañado a mi padre y he hecho lo que me ha dicho, pero como soy menor de edad…», explica, resignada.

La joven ya cuenta con experiencia y ha hecho descensos en Antella, en Palencia, y con los gancheros del Tajo. Sin embargo, «este río es muy furo», reconoce Paula. «Tengo mucha afición al pueblo y, además, ya dicen que soy muy parecida a mi padre… Así que me tira», bromea, ante la mirada orgullosa de su progenitor.

«El proceso comienza con la elaboración de la navatas. Igual que sus antepasados los chesos crean dos navatas enlazando unos troncos con otros con lo que se denominan verdugos, ramas de sarga trenzada que se elaboran también manualmente. Las navatas se manejan con grandes remos, troncos de grandes dimensiones también, que sirven de timón. En función del tamaño de la embarcación se lleva uno o dos timones en el extremo trasero de la navata, aunque también pueden llevarlos en el delantero, dependiendo de las maniobras que deban realizar los tripulantes».

Ayuntamiento de la Val de Hecho

Los navateros de Hecho, poco antes de iniciarse el descenso. (FOTO: Rebeca Ruiz)
Los navateros de Hecho, poco antes de iniciarse el descenso. (FOTO: Rebeca Ruiz)

Las navatas de hecho, Fiesta de Bien de Interés Cultural Inmaterial de Aragón

El descenso de navatas en Hecho cuenta con la declaración de Fiesta de Bien de Interés Cultural Inmaterial de Aragón desde 2013, y rescata cada año del olvido la relevancia que tuvo la explotación maderera y el transporte fluvial de los troncos para la economía de la zona a partir del siglo XVI.

Desde siempre, los troncos de grandes dimensiones se sujetaban unos a otros, creando una especie de barcazas denominadas navatas, que eran dirigidas por curtidos navateros hasta su destino sorteando todo tipo de obstáculos en el río. A mediados del siglo XX, la actividad desapareció por el desarrollo de las comunicaciones. Y comenzó a recuperarse a partir de los años 80 en los pueblos del Pirineo, como un guiño a la memoria y la tradición.

La Asociación de Navateros de la Val d’Echo organizó en el año 2008 el primer descenso de navatas por el Aragón-Subordán. Tras el parón por la pandemia, este domingo se recuperaba la tradición, una de las más bonitas que se conserva en el Pirineo Aragonés.

Por Rebeca Ruiz (texto y fotos)

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