Jaca y sus alrededores se citaban hoy en el corazón del monte Oroel para celebrar la romería en honor a la Virgen de la Cueva. Una tradición que, como todos los años, reúne el último domingo de mayo a cientos de asistentes durante todo el día en en un lugar inmejorable.

Ascensión a la ermita de la Virgen de la Cueva, una tradición que no se pierde
Pese a que la programación en el parador de Oroel comenzaba a las 13:00 horas, para muchos el día se iniciaba antes. Al punto de la mañana, como marca la tradición, decenas de fieles ascendían hasta la ermita -y la cruz de Oroel- para honrar la figura de la Virgen de la Cueva.
«Nos hemos juntado cerca de 50 personas alrededor de la ermita. Allí solemos subir los más cercanos y devotos, así como los de los pueblos vecinos como Ara, Navasa o Barós», comentaba Ángel Galindo, presidente de la Hermandad de la Virgen de la Cueva.
Pese a yacer derrumbada desde hace algunos años atrás, el simbolismo de la ermita sigue sin perderse. Tras la ascensión, era momento de disfrutar de las vistas y de un almuerzo compartido entre todos. Había que coger fuerzas para la bajada hasta el parador.

El derrumbamiento de la ermita, una trágica noticia que obligó a cambiar la programación de la Virgen de la Cueva
Hasta hace no muchos años, lo normal era llevar a cabo todas las actividades alrededor de la ermita. Sin embargo, todo cambió hace poco menos de una década, cuando un derrumbamiento en el frío invierno dejó anegada la propia ermita.
«Es una pena después de tantos años de trabajo y sacrificio que haya terminado así. No se puede hacer nada contra eso, hay que estar muy satisfechos, pero genera impotencia», se lamentaba José Ramón Callau, presidente de la Hermandad entre 1989 y 2019.
Desde entonces, y muy a pesar de todos los visitantes y sus fieles, solo se puede visitar los exteriores de la ermita y la casa de campo próxima construida por la propia Hermandad entre 2003 y 2007. El espacio por excelencia de la Virgen está completamente colapsado.
«No planteamos hacer la eucaristía cerca de la ermita porque es muy arriesgado. Estamos mucho más tranquilos y seguros en el parador», explicaba Galindo. Ante ello, y para evitar peligros y aglomeraciones, todas las actividades posteriores al almuerzo se colocaron en el parador de Oroel.
Bajada al parador e inicio de la programación con la música como protagonista
Tras haber rendido pleitesía en lo alto de la montaña a la Virgen, era momento de bajar para contemplar todos los actos programados en el parador de Oroel. Los que no se atrevían a llevar a cabo la ascensión -y los no madrugadores- se agolpaban a mitad de mañana en el aparcamiento para reservar un sitio.

A las 12:30 horas comenzaba con la concentración de Romeros y Cruces, que representaban a todos los pueblos vecinos. Poco después llegaría el momento de la eucaristía, amenizada por primera vez por el Grupo Folklórico Alto Aragón en honor a su 50º aniversario.
«Hemos querido que el Grupo Folklórico Alto Aragón cantase por primera vez la misa para celebrar su aniversario y su trabajo. Ha sido muy bonita y emotiva, es posible que haya sentado precedente y a partir de ahora todas las misas para la Virgen de la Cueva sean así», confesaba Galindo.
Comida entre cercanos para finalizar un día muy especial
Cerca de las 14:00 horas, y tras haber venerado ya la reliquia, se procedía al ya más que conocido concurso de tortilla española de la Peña Enta Debán. Era la antesala perfecta para abrir el apetito de cara a la comida de alforja, que llenaba todas las zonas del parador con las personas que compartían sus recetas en otro símbolo más de hermanamiento.
Para finalizar con los actos, con la comida ya reposada, a las 16:30 horas era de nuevo el turno del Grupo Folklórico Alto Aragón, con su 46º festival de su escuela. Con melodías y músicas de nuestra zona, se despedía este día tan importante para nuestro territorio.
Una jornada llena de emoción y hermanamiento entre pueblos. Bajo el amparo de la Virgen de la Cueva, todos los vecinos celebraron, un año más, ser de aquí.
Por Jorge Callau
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