Jaca recibía esta tarde a Ceci, el tercer cervatillo de la temporada, tras la llegada de Viriato e Ibón: tres cervatillos que ya forman parte de la familia de los ciervos del Castillo de San Pedro. No será el último.

Ceci, el tercer cervatillo de 2026 en la Ciudadela de Jaca
En la Ciudadela de Jaca ha llegado la época de los nacimientos y ya son tres los cervatillos que animan la vida en el foso. A Viriato e Ibón, que llegaba al mundo esta madrugada, se les ha sumado esta tarde Ceci. Es el tercer ciervo de 2026 en el Castillo de San Pedro. Y para alegría de sus responsables, no será el último.
Ya tiene nombre. Se llamará Ceci, en homenaje a la teniente veterinaria Cecilia Jorge de la Portilla, que es la que está al cargo de los ciervos de la Ciudadela.
Próximos nacimientos
«Es frecuente que las hembras preñadas que viven juntas se sincronicen», advierte el teniente coronel Alfredo Manterola, director de la fortaleza. Por alguna razón, al igual que sucede con los cérvidos en libertad, las ciervas de la Ciudadela paren entrada la primavera. Y, si están juntas, a la vez; en apenas unas pocas semanas. La ciencia justifica este fenómeno en el hecho de que se trata de la época del año en la que hay más alimento, por lo que resulta más sencillo burlar a los depredadores y, al mismo tiempo, salvaguardar la descendencia.
Cada año, la llegada de los cervatillos es un momento muy esperado en la ciudad. Son muchos los que se acercan a contemplar a os recién nacidos, que juegan, corretean y descansan arropados por sus madres y el resto de los ciervos. Incluso, en alguna ocasión, se ha podido presenciar un parto desde los glacis. Así es que no es de extrañar que estas tardes sean muchos los que se acerquen a disfrutar de todo un espectáculo de la naturaleza, muy difícil de presenciar si no es en este lugar.
Desde 1974 en los fosos de la Ciudadela de Jaca
Es habitual que nazcan varios ciervos por año en la Ciudadela. Lo normal es que nazca uno por parto, aunque alguna vez han nacido dos. Los pequeños permanecen con sus madres en el foso, donde se crían en régimen de semilibertad. Desde el exterior, desde los glacis, se puede ver a los recién nacidos. Normalmente, junto a los muros, o en los rincones de las casamatas. Para localizarlos, hay que tener paciencia y fijarse bien entre las piedras, los comederos o las hierbas. Allí descansan camuflados gracias a las características motas claras que tienen las crías en su pelaje cuando nacen -y que desaparecen más tarde, cuando los ciervos crecen-.
Los ciervos de la Ciudadela de Jaca llegaron a los fosos en 1974. Actualmente, 29 ejemplares viven en semilibertad en esta zona del castillo. Se han convertido, tras más de medio siglo, en todo un símbolo de la ciudad y de todo el Valle del Aragón. En la Ciudadela de Jaca, los ciervos viven una media de 20 años, frente a los 12 que suele vivir un ejemplar en libertad. En la fortaleza, los ciervos se alimentan de hierba, fruta y pan duro y pienso. Cuando no hay hierba, se completa la dieta con alfalfa. Los machos pierden la cornamenta a principio de año. La nueva les crece a razón de unos centímetros cada día. En verano, vuelven a lucir con todo su esplendor.
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Por Rebeca Ruiz
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