Hace seis años, Arlena Ladzinska decidió coger El Mesón El Molino en Escuer. Una apuesta arriesgada, que tomó tras su socio. Pese a tener «todo preparado», la situación después de la pandemia significaba afrontar un reto «muy duro y lleno de obstáculos». Tras mucho trabajo y esfuerzo -con jornadas de hasta 16 horas-, el establecimiento sobrevivió a la extrema circunstancia, y en la actualidad es uno de los símbolos de Escuer. Aún con el problema de falta de personal, a día de hoy El Molino destaca por su buen trato y sus exquisitos platos de carne de caza: estofados, guisos y hasta cachopo de ciervo deslumbran a sus visitantes. «Me encantaría en el futuro, si es posible, innovar y emprender la marcha con cocina de fusión. Dar algo diferente a lo que hay en la zona», destaca la dueña.

El Molino de Escuer, un cambio después de la pandemia
Tras la pandemia, Arlena Ladzinska decidió tomar el relevo a su antiguo socio como cabeza de El Mesón El Molino de Escuer. Un espacio conocido, pero cuya situación no acompañaba. Sumado a las cirscunstancias de restricciones tras la pandemia, la apuesta por el restaurante era «arriesgada y un gran reto».
«Recuerdo que, aunque tenía todo hecho, y me tenía que centrar en mantener la cocina de mi antiguo socio, los primeros meses fueron muy difíciles», recuerda Ladzinska. Ante este delicado momento, la decisión y el cómo plantarle cara fue simple: trabajo, trabajo y más trabajo. «En el primer año hicimos jornadas de hasta 16 horas sin parar, pero podemos decir que sobrevivimos con lo que teníamos. Empezamos a ver la luz», añade.
Tras esa labor, llegó una estabilización «muy necesaria», y El Molino se convirtió en uno de los símbolos de Escuer. «Empezamos a tener clientela fija, que eso es muy importante. Y seguimos desarrollando nuestras ideas y, sin parar de trabajar, superamos ese primer bache», sostiene.
La actualidad en el Mesón El Molino
En la actualidad, El Mesón sigue contando con problemas. Son muchos menos que en sus inicios, pero el principal punto negro de su día a día es la falta de personal. A día de hoy, el equipo lo conforma la propia Arlena y su socio. En los últimos meses se ha incorporado el hijo de la dueña, que todavía no tiene los 18. «No quiere estudiar en España, así que nos echa una mano muy importante y de paso gana dinero para poder salir», explica.
Este último verano, etapa del año con más afluencia en el establecimiento, El Molino ha sobrevivido «gracias a tres chavales de 17 años». «Gracias a ellos, hemos tenido un equipo que se ha esforzado al máximo para salir adelante y llegar a todas las mesas y comidas. Sin ellos habría sido imposible». añade la dueña. Tras el verano, los jóvenes vuelven a sus respectivos estudios y la plantilla vuelve a recortarse. «Al problema de la falta de trabajadores se suma la falta también de sitios donde residir», sostiene.
La carne de caza, la especialidad de El Molino
Sin duda alguna, la especialidad de El Molino de Escuer es la carne de caza. En su catálogo existe una extensa lista de carnes de este tipo: jarrete de ciervo, guisos, estofados, cachopos de ciervo… Sin una carta muy larga -debido a la plantilla- mezclan estos ricos y deliciosos platos con raciones de croquetas o bravas. «Tratamos con estos platos desde hace tres años. Fue una apuesta que gustó desde el primer día y hemos ido perfeccionando hasta hoy. Hay mucha gente que viene solo pata degustar la carne de caza», apunta la dueña.

En cuanto a las raciones, destacan los ‘Huevos El Molino’. «Son huevos, con jamón, base de patata, pimientos del padrón y foie por encima», explica. Este es otro de los platos que destacan en la lista del restaurante.
De cara al futuro, Arlena Ladzinska admite que le gustaría «apostar por la cocina de fusión y mezcla de sabores». «Yo soy polaca, y creo que sería increíble fusionar la comida de mi tierra con la de aquí», comenta. La clave está en «la búsqueda de algo que todavía no se haya hecho en el territorio», aunque para ello, «hace falta tener una plantilla más grande, con más manos».
Por Jorge Callau
