Así trabaja la Policía Local de Jaca: «Somos los primeros a los que acude alguien cuando necesita ayuda»

El tiempo medio de respuesta de la Policía Local de Jaca no supera los tres minutos, lo que la convierte en la primera referencia de los ciudadanos ante una potencial emergencia. «Cuando alguien necesita ayuda, somos los primeros a los que acude», explica el inspector jefe César Ara, al frente del Cuerpo. En los últimos años, la Policía Local de Jaca ha incrementado su presencia en las calles y en los núcleos rurales y se ha especializado en nuevos cometidos para dar respuesta a las demandas de una sociedad en continuos cambios. Algo que no siempre es fácil en una ciudad cuyas oscilaciones de población suponen un desafío continuo. Nosotros hemos tenido la oportunidad de acompañar a los agentes en distintos turnos. Así trabaja la Policía Local de Jaca.

Así trabaja la Policía Local de Jaca: "Somos los primeros a los que acude alguien cuando necesita ayuda".
Así trabaja la Policía Local de Jaca: «Somos los primeros a los que acude alguien cuando necesita ayuda». En la imagen, los policías Alejandro Fatás y Carlos Rivero durante un incendio en Martillué.

La Policía Local de Jaca, cada vez más valorada por los ciudadanos

La Policía Local de Jaca es cada vez más valorada por los ciudadanos. En los últimos años se ha especializado en nuevos cometidos y ha incrementado su presencia en las calles. Y, como consecuencia, la interacción con la población es cada vez mayor: «Cuando alguien necesita ayuda, somos los primeros a los que acude», señala el inspector jefe César Ara, al frente del Cuerpo desde 2022. Para los policías locales de Jaca, este hecho es motivo de orgullo. Sin embargo, la sociedad no siempre es consciente del trabajo que desarrolla la Policía Local y desconoce los desafíos a los que se enfrenta cada día.

La ratio por habitante se cumple algunos meses al año: La referencia de la FEMP es de 1,5 policías cada mil habitantes; 1,8 si se siguen las recomendaciones de la Unión europea. El problema llega en las temporadas turísticas altas, en las que es necesario un sobreesfuerzo de organización y planificación para poder dar respuesta con la plantilla actual a las necesidades de la población que se multiplica. Con todo, Jaca sigue siendo una de las ciudades más seguras de Aragón, según las estadísticas oficiales. Es cierto que la memoria de 2025 de la Policía Local recoge un incremento en las actuaciones del 27,6% respecto al año anterior. Pero no es que hayan subido los delitos, sino que cada vez es mayor la confianza de los ciudadanos en la Policía Local.

Una Policía Local próxima y cercana al ciudadano

Y es que la Policía Local de Jaca ha incrementado en los últimos años su presencia en todo el término municipal -no solo en las calles de la ciudad, que también-. Para César, con más de 30 años de experiencia, es clave la proximidad a la población. Una proximidad que se traduce en una sensación real de seguridad en el ciudadano, cuya primera referencia, ante cualquier complicación, es la Policía Local.

«Aparte de que la ciudadanía nos exija una profesionalización y una especialización, a mí me gusta la policía de cercanía. Somos los que estamos en Jaca, nos conocemos a los comerciantes, a las asociaciones, a los vecinos… es fundamental esa cercanía al ciudadano. Y como estamos ahí, nos ven, nos llaman… y nos demandan más servicios. Cuando estamos en la calle, hablamos de una capacidad de respuesta de entre dos y tres minutos», apunta el jefe de la Policía Local. No solo es importante esa presencia policial para el ciudadano; también es una estrategia clave en términos de prevención delictiva.

César Ara, inspector jefe de la Policía Local de Jaca.
César Ara, inspector jefe de la Policía Local de Jaca.

César Ara, inspector jefe de la Policía Local de Jaca, junto al inspector Jesús Ruiz, comisario jefe de la Policía Nacionlal de Jaca.
César Ara, inspector jefe de la Policía Local de Jaca, junto al inspector Jesús Ruiz, comisario jefe de la Policía Nacional de Jaca.

¿Cómo es el día a día de la Policía Local de Jaca?

Es agosto. Plena temporada alta en Jaca. La ciudad bulle y el trabajo para la Policía Local se multiplica. En el cuartel de la Avenida de La Victoria me esperan Alberto Fatás y Alejandro Fatás, padre e hijo. Alberto lleva 36 años en el cuerpo y está en segunda actividad, realizando en este momento labores administrativas. Controla, junto a otro compañero y entre otras cuestiones, la ocupación de la vía pública -obras, terrazas, mercado semanal…-. Su función -que conlleva mucho trabajo por el simple hecho de que la ciudad cada vez es más grande- es fundamental para el correcto funcionamiento de la ciudad.

Alberto se hizo policía cuando terminó el servicio militar. «Entonces no se presentaba tanta gente como ahora… pero ya había oposiciones. Con 20 años, las pruebas físicas no eran un problema… y a base de estudiar y trabajar, hasta hoy», recuerda. «Son muchos años ya -confiesa- y aunque se echa de menos las calles, hay que dejar paso a las nuevas generaciones».

Alberto Fatás y Alejandro Fatás, durante una patrulla por la Calle Mayor de Jaca.
Alberto Fatás y Alejandro Fatás, durante una patrulla por la Calle Mayor de Jaca.

La veteranía y la juventud

Camino de las cuatro décadas de servicio, Fatás ha vivido de cerca la evolución de la Policía Local. «Lo que más ha cambiado es el contacto con la gente. Antes era todo cara a cara. Conocías a toda la gente del pueblo. La llegada de las nuevas tecnologías, por una parte, es algo bueno, porque agiliza los trámites. Pero se pierde el contacto con el ciudadano. También es inevitable y pasa en otros ámbitos, como en el médico», advierte. En plena era digital, cobra aún más sentido el esfuerzo de la Policía Local de Jaca por estar cerca -también físicamente- de los ciudadanos.

Alejandro es el policía más joven de la plantilla. Tiene 20 años y tiene previsto comenzar la carrera de Derecho, que compaginará con su trabajo. «Siempre había visto a mi padre con mucho orgullo. Y siempre me gustó lo que hacía, que es ayudar al ciudadano. Además, es un trabajo que siempre cambia, siempre es diferente. Poder ayudar la gente y estar en contacto directo con ella es lo que me llevó a hacerme policía local», explica. Un orgullo que comparte con su padre, aunque en cuestiones de trabajo su relación es estrictamente profesional. De hecho, excepcionalmente patrullarán juntos coincidiendo con este reportaje, pero no es lo habitual.

«A veces los ciudadanos no se dan cuenta del trabajo que hacemos. En invierno, por ejemplo, tenemos tareas fijas, como dar seguridad a las puertas de los colegios. Pero después acudimos a todo tipo de avisos: desde accidentes de circulación, hasta incendios, asistencias sanitarias,… hacemos de todo. Cuando la gente lo ve, es muy agradecida», asegura.

Un control de alcohol y drogas

José Antonio Caballé es el oficial responsable de Atestados. Entró en la Policía Local en 2008 y es oficial desde 2016. A pesar de su dilatada experiencia, se sigue sorprendiendo de lo que se encuentra en su trabajo: «Que siga habiendo pruebas de alcoholemia con tasas muy elevadas de alcohol» o «que siga habiendo violencia contra la mujer». Son dos lacras a las que se enfrenta la Policía Local y que continúan, desgraciadamente, reflejándose en los partes policiales.

Encontrarse un control puede poner nervioso a algún conductor, que se bloquea ante la presencia policial. La labor de la Policía Local pasa por detectar si se trata de una situación más o menos normal, una respuesta psicológica predecible, o si detrás de ciertos comportamientos hay algo más. Los agentes observan, preguntan y actúan. Están formados para ello. Si sospechan de algo, detienen el vehículo. También se hacen controles aleatorios.

«Montamos los controles entre cuatro agentes como mínimo y elegimos el lugar dependiendo del tráfico que haya en ese momento. Nuestros vehículos están en marcha, con su conductor al lado, situados en diferentes direcciones por si alguien se da a la fuga y tenemos que salir detrás», explica Caballé. Siempre se trabaja en pareja. Mientras un agente interpela al posible sospechoso, el otro le da seguridad. El oficial se encarga de organizar y coordinar todos esos movimientos. «Tenemos unos protocolos de actuación estandarizados que garantizan la recogida y custodia de las pruebas y su envío al laboratorio», añade.

«En la Policía Local de Jaca, no te dedicas exclusivamente a una cosa, como puede ocurrir con la especialización que se tiene en las grandes ciudades. Nosotros tocamos todo: desde este control, hasta detener a alguien que ha cometido un delito, atender un accidente, inspeccionar unas obras, levantar a alguien que se ha caído en su casa, un incendio… en cualquier turno te puedes encontrar cualquier cosa. Nos avisan para todo. Cada día que vas a trabajar no sabes qué es lo que va a pasar. Y eso es algo muy bonito en tu trabajo», explica José Antonio. Para alguien con la vocación de servicio que se necesita para hacerse Policía Local, la motivación no puede ser mayor.

José Antonio Caballé realizando un parte tras un aviso. La implantación de las nuevas tecnologías ya es una realidad en la Policía Local de Jaca.
José Antonio Caballé, oficial de la Policía Local de Jaca, realizando un parte tras un aviso. La implantación de las nuevas tecnologías ya es una realidad en la Policía Local de Jaca.

Es 10 de agosto. Parece una mañana tranquila y nada hace presagiar lo que se nos vendrá encima durante las horas siguientes. Nada nos hace sospechar que justo en ese momento, mientras converso con el oficial Caballé, se está declarando el catastrófico incendio de Las Peñas de Riglos. Apenas unas horas más tarde comienzan a llegar los primeros evacuados al polideportivo Monte Oroel. Los acontecimientos empiezan a cambiar, a marchas forzadas, las prioridades de los jacetanos. Y la Policía Local, lógicamente, no escapa a esta realidad.

El día de los incendios

Al día siguiente, mientras se coordina la llegada de nuevos evacuados por el incendio, volvemos de patrulla. El primer aviso nos lleva hasta un coche estacionado al que no han echado el freno de mano y ha terminado en media calle, suponiendo un riesgo tanto tanto para los viandantes como para el resto de vehículos. Los agentes lo inmovilizan con conos y piedras y se aseguran de que no volverá a desplazarse, al tiempo que localizan al propietario. Le sancionan, pero sobre todo le advierten del peligro del despiste. Poco antes, hemos acudido hasta el aparcamiento de caravanas, donde hay vehículos que no cumplen la ordenanza municipal y se les advierte al respecto.

De vuelta al centro, los vehículos mal estacionados son una constante en temporada alta. Se avisa a los conductores, si es posible, de que los retiren. En ocasiones -si los dueños están ausentes- estos comportamientos conllevan sanción… y grúa. Paralelamente, el incendio de Las Peñas de Riglos empeora por momentos y requiere presencia policial ante la llegada de nuevos desplazados.

Más presencia en los pueblos de Jaca

Ya por la tarde, acompaño a los policías Alejandro Fatás y Carlos Rivero a Ascara. Se van a entrevistar con la alcaldesa, Raquel Mariñoso. Es una de las nuevas funciones de la Policía Local de Jaca: incrementar la presencia en el medio rural, conocer a los alcaldes y tratar de dar respuesta a sus necesidades y problemáticas. Jaca tiene 34 pueblos, por lo que uno ya se puede imaginar que no resulta sencillo llegar a todos. Después, los policías deciden acercarse hasta Binacua -que terminaría siendo desalojado ante la proximidad del incendio-. Hay mucho humo. Allí conversan con los vecinos. Ellos saben cuántas familias hay en ese momento en el pueblo y se preparan por si hubiera que salir corriendo.

Subimos hasta la ermita de Orante. Apenas se pone en funcionamiento el dron, percibimos una gran humareda negra a lo lejos. Utilizo mi teleobjetivo para comprobar que se trata de un incendio y que parece estar en Martillué. Confirmado. Bajamos a la carrera desde la ermita hasta el coche -me cuesta seguirles- y nos desplazamos a toda velocidad en dirección al humo, al tiempo que los policías alertan de lo que estamos viendo.

A los pocos minutos llegamos a Martillué. Somos los primeros. Alejandro y Carlos saltan literalmente del coche oficial, cogen los extintores y corren hacia el fuego. Una cabaña del complejo está ardiendo. Logran contener las llamas para que no alcance un árbol próximo y otra cabaña vecina hasta que llegan los bomberos, que ya, con más medios, se hacen cargo de la situación. A pesar de que estoy a una distancia prudencial, el calor de las llamas impresiona. Me pregunto si no tendrán miedo de acercarse al fuego, que en pocos minutos devora la estructura. Esto también forma parte de su trabajo, que no está exento de riesgos. Los policías locales colaboran con los bomberos en lo que estos precisan, antes de volver al cuartel. Es una de las emergencias que surgen en cualquier turno, en cualquier momento. Esta vez, afortunadamente, no hay que lamentar víctimas.

Una noche de agosto con la Policía Local

El incendio de Las Peñas de Riglos continúa como telón de fondo la tercera noche. Los agentes me permiten acompañarles de ronda por la ciudad. Comenzamos a pie, por el centro.

La noche, sin embargo, es muy diferente a lo que hemos visto hasta ahora. Y enseguida vamos a tener la oportunidad de comprobarlo: «Vamos a los polígonos, para intentar impedir que haya robos o que entren en naves. Más hacia la madrugada recorremos La Zona… que no haya peleas o agresiones». Y es que la presencia policial en las calles puede evitar muchos problemas. Y Rubén, tras 17 años en el Cuerpo, lo sabe bien. «Pero nunca se deja de aprender… es lo bueno de este trabajo. No te deja de sorprender», resalta, mientras caminamos por el casco antiguo.

Del control de alcoholemia nocturno al extintor perdido, pasando por el botellón

Por la tarde ha tenido lugar el eclipse y la Policía Local ha programado un nuevo control. En este caso, en la rotonda de Escuelas Pías. Llama la atención que hay muchos ciudadanos franceses e italianos. Es más de medianoche. Algunos conductores han realizado el test de alcoholemia y han dado negativo. Otro da positivo en drogas, con la ITV del vehículo y el permiso de conducir caducados: 1.400 euros de multa y seis puntos del carné.

Rubén Matas, oficial de la Policía Local de Jaca, realiza un test de drogas a un conductor que dio positivo.
Rubén Matas, oficial de la Policía Local de Jaca, realiza un test de drogas a un conductor que dio positivo.

Un aviso nos lleva hasta un grupo de jóvenes que está haciendo botellón y molestando a los vecinos en la trasera de la calle Goya. Al percatarse de la presencia del vehículo policial, salen corriendo. Uno de los agentes se baja del coche y alcanza a tres chicas, parte de un grupo más grande, que han huido a la carrera hacia el Paseo de la Constitución. Yo me quedo con su compañero en el coche y en cuestión de segundos los dos agentes tienen identificadas a las jóvenes. Les piden que recojan toda la suciedad que han dejado y les explican que no pueden correr cuando ven a la Policía. Ellas se disculpan y obedecen a los policías.

Poco más tarde, otro aviso nos alerta de que en la Calle Mayor unos jóvenes están rompiendo botellas de cristal. Es la hora de cierre de los bares de La Zona, así es que a los agentes no les sorprende que pueda haber surgir algún conflicto. Vamos hacia el lugar que indican desde la central y la presencia policial se deja notar. La calle se queda desierta. En ese momento, mientras los agentes inspeccionan los portales próximos, un ciudadano se acerca para denunciar que ha visto correr a varias personas con un extintor hacia la Calle Bellido. Vamos hacia allí. Ya no están, pero han abandonado el extintor. La Policía Local comprueba que pertenece a una comunidad de vecinos del Llano de la Victoria.

Alcohol y noche no es buena combinación y los agentes aún tienen que identificar a otro joven que les falta el respeto mientras circulamos con las ventanillas del vehículo bajadas por la Calle Mayor. Desde allí, nos vamos hasta la depuradora y los caminos de los huertos de la trasera del cementerio. Nos sorprende ver cómo se aprecia ya el reflejo de las llamas del incendio de Las Peñas de Riglos al final de la carretera. Hasta esa noche no se había percibido con tanta claridad desde Jaca.

Antes de que acabe el turno, el conductor de un camión de la basura requiere la asistencia de los agentes. Para cumplir con su trabajo se ha metido en una calle estrecha, donde apenas tiene posibilidad de maniobra. A mitad de la calle, un conductor ha dejado un vehículo estacionado a un metro de distancia de la acera que bloquea completamente el paso. A esas alturas, el conductor del camión de la basura necesita que le indiquen para salir marcha atrás y no retrasar más el servicio hasta que llegue la grúa y retire el obstáculo. Gracias a los policías y a la destreza del conductor del camión, no sin grandes esfuerzos, se soluciona el problema.

Las nuevas tecnologías

En los últimos años, la evolución de la Policía Local de Jaca ha sido muy grande. Buena culpa de ello tiene la implantación de las nuevas tecnologías, lo que ha supuesto un importante esfuerzo de adaptación. Sobre todo, para los propios agentes.

«Después de 18 años años trabajando prácticamente igual que como entré, en los últimos años el cambio ha sido muy grande. Cuando llegó el nuevo jefe implantó un funcionamiento diferente al que habíamos tenido hasta entonces. Incorporamos el programa Eurocop, que integra todas las secciones en las que trabaja la policía: denuncias, avisos, ordenanzas municipales, ocupaciones de vía pública, cuadrantes de personal,…», explica el oficial. Su interés por las nuevas tecnologías le llevó a especializarse en este campo, donde compagina sus funciones específicas con el trabajo que le corresponde en el plano meramente policial.

Fernando Sánchez, oficial de la Policía Local de Jaca.
Fernando Sánchez, oficial de la Policía Local de Jaca.

Desde diseñar plantillas para facilitar a los diferentes agentes de servicio la realización de informes o atestados, para que puedan comunicar cualquier tipo de incidencia, hasta la implantación del nuevo sistema de denuncias electrónicas, o la solución a los desafíos informáticos de las nuevas herramientas de trabajo… su labor puede pasar desapercibida. Sin embargo, es una gran responsabilidad y supone un gran avance en términos de efectividad y rapidez. Y en consecuencia, repercute directamente en la mejora de respuesta ante cualquier situación.

«Tenemos, durante el servicio, cuatro teléfonos y dos tablets. Cada agente elige lo que mejor le va. Al final lo que se busca es facilitar el servicio», explica Fernando. Según la categoría o el trabajo del personal de la Policía Local, se le da acceso a determinadas aplicaciones en las que cada uno vuelca los datos que corresponden.

Así, por ejemplo, cuando un agente sale a un aviso, tiene en todo momento presente quién ha llamado y su número de teléfono. También la pantalla le marca la prioridad a través de colores, además de la dirección geolocalizada. Por otra parte, permite saber dónde está una determinada patrulla en tiempo real. Algo que a priori puede parecer un detalle insignificante, pero que en un momento dado supone una gran ayuda. Y por otra parte, da seguridad a los propios agentes en el desarrollo de su trabajo. Por supuesto, los diferentes aparatos de todas las patrullas están interconectados entre sí y con la central, continuamente. Las nuevas tecnologías van ganando terreno, a pasos agigantados, a la tradicional emisora. Es el camino a seguir los próximos años.

Además, la informatización de la Policía Local permite ahora registrar unas estadísticas que antes, cuando solo se usaba el papel, era impensable. Ahora se puede llegar a saber con los datos en la mano cuáles son las zonas más conflictivas y en qué momentos. O cuáles son los puntos negros de tráfico. Con estos datos, la Policía Local puede planificar de manera mucho mas eficiente los servicios y anticiparse a posibles problemas.

Para el oficial responsable de nuevas tecnologías en la Policía Local de Jaca, «el futuro pasa, aparte del avance en la interconexión de todos los recursos disponibles, en la inteligencia artificial. Analizar los miles de avisos que nos llegan al año es complicado. Si tenemos una IA potente, nos permitirá ser más eficaces a la hora de detectar los problemas y adelantarnos con las soluciones».

Me despido de Fernando y de los otros policías con los que he compartido los últimos días con la seguridad de que volveré, porque todavía tienen mucho que contar. Me voy con la sensación de que, como ciudadanos, no somos conscientes del todo de la labor que desarrolla cada día la Policía Local de Jaca. Han sido jornadas agotadoras que no han dado tregua a los agentes. Los avisos, en la central de la Policía Local de Jaca, son continuos. Día y noche.

«Siempre nos llaman a nosotros», dicen los agentes con una sonrisa en la boca. No es una queja, sino que, al contrario, deja entrever cierto orgullo. Al final, para alguien que ha decidido poner su vida al servicio de los demás, la mayor satisfacción es la confianza de aquellos a los que protege. Y la Policía Local de Jaca ha sabido ganársela. Por algo será.

Por Rebeca Ruiz

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