Después de 41 años defendiendo el patrimonio de La Jacetania, de impulsar la catalogación de Las Benitas como Bien de Interés Cultural y de intentar buscar fórmulas para su protección, el reciente traslado del archivo del monasterio lleva a la Asociación Sancho Ramírez a plantearse numerosos interrogantes en torno a este hecho y sus consecuencias. Una grave preocupación se extiende por Jaca. Un acto insólito. Una reflexión de Javier Lázaro García. Licenciado en Historia y Máster en Investigación. Miembro de la Asociación Sancho Ramírez.

Una grave preocupación se extiende por Jaca. Un acto insólito
Parece que hasta el día 13 de marzo, viernes, el Ayuntamiento de Jaca no recibió la información de que el lunes siguiente, día 16, se iba a celebrar una reunión en el Monasterio de las Benitas de Jaca, en la que la Congregación de Santa Hildegarda y la Dirección General de Cultura de la DGA iban a firmar la cesión del Archivo del Monasterio de Santa Cruz de la Serós al Archivo Histórico Provincial de Huesca por un periodo de cinco años prorrogables. Se indicaba que a ese acto podían asistir los concejales que así lo deseasen. Los medios de comunicación recibieron la convocatoria al acto en la noche del domingo, 15.
Se hacía así evidente que la Congregación de Santa Hildegarda y la Dirección General de Cultura habían estado negociando esta cesión de forma totalmente secreta para la opinión pública en general, la jacetana en particular y, aparentemente también, para el Ayuntamiento de Jaca. La reunión se celebró en una sala muy reducida, a la entrada del monasterio, en la que prácticamente no cabían de pie los asistentes. Unas condiciones muy poco dignas para la importancia del bien cedido, y alejadas de todo el protocolo correspondiente a un acto en el que intervenían la representación del Gobierno de Aragón, el alcalde de Jaca y la Congregación de Santa Hildegarda.

La Asociación Sancho Ramírez y el Archivo de las Benitas
Una vez más, resulta clarificadora la distancia entre las palabras allí pronunciadas y los hechos objetivos. A mí, como socio que soy, me resulta indignante, la consideración y el comportamiento mostrados con la Asociación Sancho Ramírez a la que se le eludió toda información sobre el acto.
Una asociación que hay que recordar que, aunque probablemente algunos de los presentes en el acto desconocieran o ignoraran:
- Desde la marcha de Benitas, solicitó y viene protagonizando los empeños por conseguir la calificación de Bien de Interés Cultural para el monasterio y que el día 9 de marzo había presentado un contundente escrito de alegaciones a la calificación provisional.
- Lleva casi un año tratando de concertar, sin éxito, una reunión con la Congregación para explorar, de forma conjunta, la mejor salida para compaginar los intereses de la Congregación con los de la población de la Comarca de la Jacetania, ofreciéndose reiteradamente a viajar a Oviedo para ello. Hasta el presente, la Congregación no ha encontrado un momento adecuado para celebrar una reunión.
- Desde el principio se planteó la creación de un organismo de composición plural para promover la conservación y dinamización del monasterio, bajo la presidencia de la Congregación. Desde el primer momento tanto la Congregación como el Ayuntamiento de Jaca contaron con un borrador de ese proyecto para empezar los estudios, todavía sin contestación.
- Lleva cuarenta y un años de trabajo altruista. Defendiendo el patrimonio de La Jacetania. Trabajando físicamente, mientras la legislación lo permitió, en la reconstrucción de diversas iglesias. Manteniendo abierta en verano la ermita de Iguácel durante más de treinta años. Y manteniendo una actividad cultural continuada y del mayor nivel de las existentes en Aragón.
Sólo se mencionó a la Asociación Sancho Ramírez una vez, para decir que tenía mucha fuerza en Jaca. Yo no sé cuál es esa fuerza. Pero lo que sí es evidente es que es una asociación que cuenta con más de cuatrocientos socios, y que muchos de ellos invierten cientos de horas de su tiempo y su capacidad tratando de contribuir a la sociedad jacetana. Y todo ello, de forma desinteresada y, en muchas ocasiones, con un coste personal y familiar que solo compensa la satisfacción que proporciona cualquier actuación social alejada del interés económico que parece dominar, casi absolutamente, nuestra sociedad.

Fragmentación y deslocalización del patrimonio
El argumento utilizado para justificar la fragmentación y deslocalización del patrimonio, que suponía la cesión del archivo, fue la necesidad de preservar unos fondos que son excepcionales en el panorama archivístico español. Un archivo que desearían cualquiera de los Archivos Nacionales o el de la Corona de Aragón. Pero, este argumento plantea algunas preguntas que convendría responder:
- Si, los informes técnicos, nuestro conocimiento directo y la opinión del director del Archivo Histórico Provincial de Huesca es que las monjas han mantenido excelentemente el archivo desde el siglo XI hasta hoy, ¿por qué tanto sigilo y tanta prisa?
- Si el problema es la seguridad, ¿ha existido ese riesgo los meses anteriores? ¿Quedan ahora en riesgo los valiosos bienes muebles? Y, siguiendo el razonamiento ¿habrá que deslocalizarlos rápidamente o quizás aplicar medidas de seguridad?
- ¿Cuál es la situación legal de los fondos ahora declarados bien catalogado? ¿Se está cuarteando el monumento? ¿Con qué fin?
- ¿Se está afirmando que la ciudad de Jaca es incapaz de cuidar un archivo que lleva mil años en La Jacetania?
- ¿Se está dando por sentado que el archivo de Jaca -admitiendo que ha pasado por problemas de personal- es capaz de cuidar de los documentos valiosísimos que conserva, pero no gestionar los fondos de Santa Cruz al igual que el de Huesca, con las ampliaciones o cambios de ubicación si fueran necesarios?
- ¿Nuestro Ayuntamiento se ha planteado esta situación? ¿Ha pensado en la creación de un Archivo de la Cuna de Aragón, como una oportunidad para la ciudad? El patrimonio del Monasterio de Santa Cruz, ¿no es algo que ya tenemos aquí, sin necesidad de inventar nada?
- ¿El departamento de Patrimonio Cultural no reconoce que un bien histórico debe estar en el lugar que lo generó y le dio utilidad y valor?
- Dentro de los cinco años prorrogables, ¿cuánto costaría la recuperación de ese patrimonio documental para devolverlo al sitio donde se crearon sus documentos, sí así se decidiera en esos momentos?
- ¿Se ha tenido en cuenta la importancia de evitar en lo posible la influencia de la deslocalización de los bienes patrimoniales en el asentamiento o atracción de población a la periferia del país? ¿Y en la pérdida de prestigio de una ciudad que parece incapaz de proteger su patrimonio?

Fragmentación, deslocalización y olvido
Todas estas preguntas, muchas de ellas sin respuesta, no deben de oscurecer la magnífica valoración profesional de Juan José Generelo, director del Archivo Histórico Provincial de Huesca. Una valoración en la que coincidimos, desde hace años, muchos de los investigadores de la Jacetania y de la provincia de Huesca. Sea como sea, esa estima y reconocimiento por la labor desempeñada no deberían justificar una deslocalización de esta envergadura, acordada sin conocimiento de la ciudadanía.
Fragmentación, deslocalización y olvido progresivo suelen ser compañeros de un viaje de triste final.
Luego vienen las lamentaciones.
Por Javier Lázaro García. Asociación Sancho Ramírez

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