Otoño en el Valle de Tena. Fotografiar con los cinco sentidos

Fernando Alonso-Cortés Rodríguez (Escenas de Tena) nos invita a descubrir el otoño en el Valle de Tena. Fotografiar con los cinco sentidos.


Desde mis comienzos en la Fotografía, siempre tuve muy claro que es un arte que trasciende la vista. Este convencimiento está presente cada vez que planto mi trípode y compongo una escena con mi cámara.

Otoño es mi estación fetiche: Aunque la vida en el Valle de Tena gira en torno al invierno, es la estación que le precede la que más me motiva desde el punto de vista fotográfico y me hechiza cada año desde hace más de una década.

El otoño estimula todos mis sentidos. Y como fotógrafo, me ofrecen la posibilidad de usarlos en mi quehacer. ¿Cómo se fotografía una textura? ¿Un sonido se puede reflejar en una imagen? ¿Los olores tienen un color dominante? ¿Un sabor es retratable?

La Fotografía ofrece innumerables recursos para afrontar estos retos, y dónde mejor que el Valle para tener éxito en estos empeños.

La vista

El otoño tensino está marcado por contrastes tonales: En las laderas de sus montañas y sus bosques milenarios como El Hayedo del Betato, o en sus cielos tormentosos, como los que flanquean a menudo Peña Blanca.

También ofrece multitud de texturas que coinciden en espacio y tiempo: hojas de distintos tipos de árboles en los prados de Sandiniés o rocas de distinto origen geológico en los cortados, como el del Pico de los Infiernos.


El oído

En el otoño del Valle resuenan más tipos de contrastes, esta vez sonoros. Los truenos repentinos, seguidos del silencio que avisa de las primeras nevadas sobre el Pantano de Búbal. O los vendavales que hacen silbar a la gran Peña Foratata.

Nos deleita también con notas más relajantes, como el goteo durante una tarde de lluvia paseando por Escarrilla. O el discurrir del agua por la gruta de Santa Elena.

El tacto

El otoño tensino invita a acariciar la hierba mojada después de la llovizna. A sentir la piedra en paredes de construcciones centenarias, la madera quebrada en portones o el cobre en aldabas manoseadas en Piedrafita de Jaca.

Nos tienta a acariciar el ganado cobijado en los establos, o pastando libre en su espera para volver a la llanura como los caballos pirenaicos en El Pueyo.

El olfato

El otoño en el Valle de Tena huele a humedad, a senderos alfombrados de musgo y hojas mojadas. Huele a brumas que ascienden valle arriba, envolviendo bosques y riscos en Panticosa.

Huele a cocinas bulliciosas y a chimeneas que espantan brujas en Tramacastilla.  A leña quemada en los hogares de Sallent de Gállego.

El gusto

Nuestro otoño sabe a guisos de siempre, como la olla tensina, a unas buenas migas o a setas largamente esperadas y recién recogidas a las afueras de Lanuza. Sabe a endrinas recogidas a las faldas de La Partacua que tornarán en licores artesanales.

Nos despierta las ganas de probar cervezas artesanales fermentadas en agua que baja de Peña Telera. Acompañando una buena charla con nuestros mayores en la tasca del pueblo mientras llueve afuera.

En resumen, el otoño en el Valle de Tena nos espera para documentarlo visualmente. Venzamos perezas y salgamos con nuestras cámaras a retratarlo.

                                                                          Por Fernando Alonso-Cortés Rodríguez.

Escenas de Tena (Texto y fotos)

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