Mireya Fabo, miembro de la Asociación Sancho Ramírez, reflexiona en este artículo sobre la necesidad de proteger el Monasterio de Santa Cruz de la Serós de Jaca con su catalogación como Bien de Interés Cultural. «Durante casi cinco siglos, las Benitas han sido parte del latido de Jaca (…) ¿Seremos capaces como sociedad de ofrecer un futuro digno a nuestro querido monasterio?», se plantea.

las Benitas, parte del latido de Jaca
Durante casi cinco siglos, las Benitas han sido parte del latido de Jaca. Más allá de los muros de su monasterio, de la custodia de archivos o de la riqueza de sus obras de arte, las benedictinas han cultivado un legado intangible: una huella indeleble en la tradición y en la identidad colectiva de la ciudad.
Desde julio de 1555, cuando las religiosas fueron trasladadas desde Santa Cruz de la Serós por mandato de Felipe II, su presencia comenzó a trascender los muros de su monasterio. En el marco de una vida contemplativa, las benedictinas tejieron un vínculo de afecto y cercanía con los jaqueses, desempeñando una labor comprometida en el ámbito religioso, social, educativo y patrimonial. Supieron ser, ante todo, una comunidad junto a generaciones de jaqueses y jacetanos.
Compromiso mutuo con la vida de Jaca
Ese esfuerzo por estrechar lazos se manifestó en gestos cotidianos y, a la vez, extraordinarios. La devoción compartida con la Hermandad de San Blas desde el siglo XVIII, la recepción de los romeros en la iglesia de San Ginés, los retiros espirituales de cofrades en la Cuaresma, la acogida de las huéspedes en los meses de verano, la custodia de los pasos de Semana Santa en la década de 1940 o la celebración del mes de Santa María con las flores de las colegialas e internas para la Virgen son solo algunos ejemplos de un compromiso mutuo con la vida de Jaca.
Sin embargo, el 11 de abril de 2025, Viernes de Dolores, la comunidad anunció su traslado a Alba de Tormes. Aquella última Semana Santa tuvo un sabor agridulce. Las monjas abrieron sus puertas una vez más, compartiendo espiritualidad e historia. En la Vigilia Pascual, mientras la luz de las pequeñas velas pasaba de mano en mano en la penumbra de la iglesia, un sentimiento de pérdida nos embargaba a todos: tras casi cinco siglos de convivencia ininterrumpida, las Benitas cerraban sus puertas. Esta Semana Santa la luz ya no entrará; el monasterio permanecerá en silencio y la puerta cerrada.

El monasterio de Santa Cruz de Jaca, un símbolo de identidad colectiva
Al contemplar el monasterio de Santa Cruz de Jaca, no vemos solo piedras y arte; vemos un símbolo de identidad colectiva. Este espacio es testimonio de la vida de nuestros antepasados y de la nuestra propia. Esa es la esencia de un lugar histórico vivo. Su valor no reside únicamente en su arquitectura, sino en el significado acumulado y en el sentimiento de pertenencia que despierta en nosotros. Quienes vivimos en Jaca a veces olvidamos que el patrimonio no es solo ni principalmente un objeto destinado a la mirada ajena. Es reconocer un espacio que nos define desde dentro.
Y es que pertenecer a un lugar y un momento concreto en la historia nos concede privilegios, pero también nos impone responsabilidades. El patrimonio no es solo lo que recibimos, sino cómo lo vivimos y cómo lo dejamos a las generaciones venideras, que heredarán no solo un entorno físico, sino también una identidad forjada por cómo supimos (o no supimos) cuidar aquello que afirmábamos amar.


Declaración del monasterio de Las Benitas como Bien de Interés Cultural (BIC)
Para garantizar ese cuidado y evitar que el olvido gane la partida, urge tomar medidas concretas. En este sentido, la solución para proteger este legado pasa por atender la petición de la Asociación Sancho Ramírez, que ha solicitado formalmente la declaración del monasterio como Bien de Interés Cultural (BIC). Esta figura jurídica no es solo un título; es el escudo necesario para asegurar que el patrimonio sea conservado, valorado y devuelto a la vida ciudadana como merece.
La identidad jacetana se ha construido en un delicado equilibrio entre progreso y tradición. ¿Tendrán las generaciones futuras espacios históricos vivos en los que reconozcan sus raíces, historia e identidad? ¿Seremos capaces como sociedad de ofrecer un futuro digno a nuestro querido monasterio de las Benitas? La forma en que decidimos proteger nuestra historia y patrimonio constituye en sí misma un legado que, como el de las Benitas, está llamado a trascender los siglos y las generaciones.
Por Mireya Fabo. Asociación Sancho Ramírez

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