Santa Cilia, Lerés o Castiello de Jaca: «Las zonas cercanas a los ríos siempre tienen riesgo»

Las continuas lluvias de los últimos días, junto al deshielo, han hecho que en algunas localidades de La Jacetania y el Alto Gállego los vecinos comiencen a mirar y vigilar su río más cercano. En unas pocas, las inundaciones de huertas, pistas y accesos son más que comunes, teniendo en el recuerdo alguna que otra historia en el pasado. El Aragón o el Gállego aumentan considerablemente su caudal, reflejando perfectamente el poder de la naturaleza. Protección Civil de La Jacetania es uno de los cuerpos que estos días está en continuo contacto con pueblos como Santa Cilia o Castiello de Jaca, zonas donde tradicionalmente los ríos causan estragos. Con la voz de alarma dada, se pide «prudencia y sentido común» a todos los vecinos. Retar a la naturaleza es tarea más que complicada.

Imagen actual del río Aragón Subordán a su paso por Javierregay. (Foto: Jorge Rey)

Santa Cilia, una vida al lado del río Aragón

Uno de los pueblos donde en esta época siempre se vigila el río es Santa Cilia. La mayor parte de su casco está cerca del río Aragón, pasando a relativa poca distancia de la población. Desde hace décadas, debido a algunas inundaciones del siglo anterior, no existen huertas alrededor del cauce. «Las que había se las llevó el río en una u otra época, así que ya no se construyó más en ese terreno», destacan los vecinos más mayores.

En la actualidad, una de las zonas de la localidad que más riesgo corre de inundación es el parque El Salzar, debido a su proximidad. Pese a ello, cabe destacar que la diferencia de altura entre la ribera y el propio parque hace que en contadas ocasiones se haya visto agua en ese espacio.

La última ocasión en la que el agua llegó a El Salzar fue en 2012, en la última gran riada que se recuerda. «Hubo un gran revuelo ese año, el agua subía y estábamos atentos porque no teníamos claro lo que podía pasar. Nunca había visto El Salzar con agua y fue impactante. Cayó esa vez muchísima precipitación en forma de lluvia, algo que tampoco tenía recuerdo. Fue algo más de una semana mirando el tiempo y viendo previsiones. No estábamos asustados, pero sí en alerta», explica Juan Garcés, vecino de 23 años. «En el Puente Nuevo el agua casi rebosaba, y me impactó mucho ya que de normal el agua pasa a dos o tres metros del propio puente», añade.

En otra ocasión, como gran anécdota entre los cilienses, la fuerza del agua se llevó parte del Puente Viejo, uno de los símbolos del pueblo.

Santa Cilia cuenta con otro problema relacionado con las lluvias, ya que está situado en zonas de antiguos barrancos. Esto produjo que hace décadas se llegase a ver flujos de agua brotando por sus calles hasta la desembocadura en el propio río.

Castiello de Jaca, otro pueblo con larga historia con el río Aragón

Otro de los lugares donde no pierden la vista al Aragón es Castiello de Jaca, también con un largo historial de inundaciones. Al igual que en Santa Cilia, la última afección que se recuerda ligada a las lluvias data de octubre de 2012. «Fue la última que tenemos como referencia. Los principales daños ocurrieron en la parte baja, en la carretera. Como todo el mundo relaciona, se llevó el agua dos casas, una imagen que se hizo muy famosa», lamenta Álvaro Salesa, alcalde del pueblo.

Tras el desgraciado episodio, la Confederación Hidrográfica del Ebro puso en marcha un plan de protección con escolleras. «Hasta ahora han funcionado, por lo que desde 2012 hemos dado un respiro gracias a esta protección, han respondido muy bien», añade Salesa, que continúa señalando que el único problema en la actualidad tiene que ver con la limpieza del cauce del río. Anterior a ella, Castiello había sufrido algunos problemas con el Aragón, pero no como los ocurridos aquel fatídico octubre de 2012. «No había visto esa magnitud de agua en la vida. Fue muy impactante ver esas imágenes», sostiene.

Imagen de uno de los barrancos a su paso por Villanúa. (Foto: David Abadías)

Pese a que Castiello lleva sin registrar incidencias casi 14 años, si seguimos el cauce hacia abajo, nos encontramos con huertas que sí que están en riesgo continuo de inundación. Todas las anexas a la zona del puente de Torrijos. «Allí el río se agranda y adquiere más potencia. Son casas de huerta que incluso algunas de ellas son ilegales, que no deberían estar porque es zona inundable», subraya Salesa.

En la actualidad, pese al caudal más alto del río, los vecinos de Castiello de Jaca están «muy tranquilos». «Si estás cerca del río siempre tendrás un riesgo, pero por el momento no hay ningún problema y esperemos seguir así», destaca Álvaro Salesa.

Protección Civil, una labor de comunicación que pide «prudencia»

En zonas con problemas de inundación como las comentadas, Protección Civil realiza en esta época continuas actualizaciones. Se tiene muy claro los lugares que pueden resultar problemáticos, y se cuenta con los contactos de los vecinos y ayuntamientos a los que avisar previamente para comunicar el peligro.

«Por ejemplo, tenemos los números de todos los propietarios de las huertas del puente de Torrijos, que quizá es la zona con más peligro. Nada más tengamos la ligera sospecha de una crecida, llamamos inmediatamente y también a los ayuntamientos cercanos», explica David Abadías, miembro de Protección Civil.

Estos días, una de las zonas que se ha visto afectada ha sido el acceso a Lerés, tal y como comentan. También en las últimas horas se ha detectado una grieta, consecuencia de las intensas precipitaciones, en la carretera A-2605 a la altura de Lastiesas Bajas que ha obligado a cortar un carril. La carretera permanece abierta con paso alternativo, informa el Gobierno de Aragón.

En Jaca, en las proximidades de la depuradora y en la carretera a Oroel el río Gas baja con mucha fuerza. Las lluvias, que no cesan, y el deshielo son los culpables. De hecho, la Agencia Estatal de Meteorología mantiene el aviso de nivel amarillo por deshielo en el Pirineo, especialmente en las comarcas de La Jacetania y el Alto Gállego.

Desde Protección Civil se pide«la máxima prudencia» a todos los vecinos, ya que la cantidad de lluvia caída aumenta el riesgo de crecidas. «No son días para estar cerca de los ríos, lo mejor es evitar las riberas», sentencia Abadías.

Por Jorge Callau

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