La ermita de la Virgen de la Cueva de Jaca sufre un nuevo derrumbe

Las inmediaciones de la conocida y simbólica ermita natural de la Virgen de la Cueva han vuelto a sufrir un nuevo derrumbe. En este caso, a diferencia de los ocurridos en la anterior década, no ha afectado a la gruta donde se encuentra la ermita, sino que ha sido en la parte baja del exterior, a escasos metros de la casa construida años atrás. Tal y como comenta Ángel Galindo, presidente de la Hermandad de la Virgen de la Cueva, se trataba de una zona que ya estaba «muy delicada», y todo apunta a que las precipitaciones de los últimos meses han sido la principal causa. 

(Foto: Ángel Galindo)

Un nuevo derrumbe en la ermita de la avirgen de la Cueva que apunta a «no tener solución»

La ermita natural de la Virgen de la Cueva, situada en la Peña Oroel, ha visto cómo, nuevamente, un derrumbe afectaba a su entorno. Tras los ocurridos en las últimas década, que anegaron la gruta y obligaron a desplazar la romería de mayo al Parador de Oroel, este nuevo desprendimiento vuelve a encender las alarmas de uno de los espacios más simbólicos del territorio.

En este caso, la gruta -ya muy mermada y sin acceso- no ha sido el lugar afectado, sino que ha sido el exterior, a escasos metros de la casa construida años atrás. Tal y como se apunta desde la propia Hermandad de la Virgen de la Cueva, se trataba de un lugar que «era muy delicado», y que en cualquier momento «podía ocurrir algo así». Todo parece indicar que las grandes precipitaciones de los últimos meses han sido las causantes.

«Es una gran pena, pero era algo que se podía esperar. Una vez estas piedras se rompen… es fácil que vuelva a ocurrir. No sería raro que hubiese otros desprendimientos por esa zona», explica Ángel Galindo, presidente de la hermandad. Un suceso que «no tiene remedio», y que es «casi imposible» buscarle solución a día de hoy.

2012, el inicio de los derrumbes

Los primeros derrumbes en la zona tuvieron lugar en el año 2012, más precisamente en la época invernal. Desde entonces, y para salvaguardar la integridad de todos los fieles que subían a lo largo del año y en la romería, se colocaron decenas de carteles advirtiendo del peligro y prohibiendo la entrada a la ermita.

Precisamente, en 2017, se producía la caída de un gran bloque de piedra del en la zona sur del monte Oroel, que causaba una importante alarma entre la población. En cualquier momento podría registrarse otro suceso similar en la zona. Son movimientos geológicos que -según los expertos- suelen ser habituales, por la propia composición de la montaña.

Estos sucesos obligaron, ya hace algunos años, a trasladar por motivos de seguridad todos los actos de la romería en mayo al Parador de Oroel. «Me acuerdo que cuando hacíamos la misa aún arriba, en el exterior, mirabas hacia la montaña y sabías que, en el futuro, algo sucedería. Pedimos prudencia a todos los que suban, y sobre todo, mirar los carteles de advertencia. Es fácil que haya más derrumbes, mañana o dentro de dos años. Es inestable», alega Galindo.

De los años difíciles al esplendor de la Virgen de la Cueva

La Virgen de la Cueva ya protagonizó momentos críticos a mediados del siglo XX. La ermita y la casa de los cofrades comenzaron a desmoronarse y sus alrededores se llenaron de maleza, llegando a cerrarse los caminos.

La imagen se trasladó entonces al Obispado, donde permaneció varios años. En 1966, Escuelas Pías de Jaca -estando como rector Ángel Alegre– asumió la custodia de la Virgen de la Cueva y de la ermita e impulsó las romerías, que prácticamente se habían perdido.

A partir de ahí comenzaría la recuperación. Se vivieron años de entusiasmo e ilusión, gracias al esfuerzo y al trabajo voluntario de muchos devotos y romeros. Unos momentos dulces que se prolongarán hasta bien entrado el siglo XXI, y en los que jugó un papel decisivo Ricardo Mur, a la postre, capellán de la hermandad.

Por Jorge Callau

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