José Antonio Pérez, de Berdún a maestro organero

José Antonio Pérez Añaños, vecino de Berdún, dedicó más de 30 años de su vida a construir y remodelar órganos. Una pasión que tardó en aflorar, y que comenzó a raíz de leer un libro cuando emigró a Australia con su familia. Tras muchos intentos, empezó a fabricar y vender dichos instrumentos, hasta su vuelta a España, donde se convirtió en uno de los organeros referentes del norte del país. Después se lanzaría al mundo de la restauración de piezas lo que le permitió dedicarse de verdad a su pasión, volver a su pueblo natal y, en 1987, remodelar el órgano de la iglesia que lo vio crecer, irse y volver como una figura reputada del panorama. En 2007 se retiró, pero sus obras y piezas siguen resonando por toda España, con una colección total que llega hasta los 30 órganos construidos y 26 restaurados en su carrera. En su hogar en Berdún sigue manteniendo intacto a su taller. Admite «pisarlo bastante poco», y solo hacerlo para visitas «especiales de gente que de verdad se preocupe por la historia de los órganos».

(Foto: Jorge Callau)

José Antonio Pérez Añaños, una vida dedicada a los órganos

La relación de José Antonio Pérez con la música proviene de muchos años atrás, se puede decir que desde antes de que él mismo naciese. «Yo la música la mamé en casa desde niño, ya que contaba con antepasados músicos, siempre he dicho que lo llevaba en los genes», explica. Tras una infancia en Berdún, su conexión con los órganos aparecería durante el servicio militar en Jaca.

Tal y como explica Pérez, durante dicho servicio su madre enfermó seriamente, y le permitieron veinte días de permiso para cuidar de ella en su Berdún natal. A parte de preocuparse por el estado de su progenitora, José Antonio aprovechó esas jornadas para limpiar el órgano de la iglesia de su pueblo junto a un amigo. «Le pedimos permiso al cura, y nos lo concedió. Era diciembre y hacía mucho frío, y el instrumento estaba en malas condiciones, con un dedo de polvo. Estaba en situación de abandono desde hace 100 años por lo menos. No teníamos aspiradora, así que quitamos todo con pinceles y bolsas… Fue un trabajo muy importante», recuerda.

Consiguieron limpiarlo y que sus acordes volviesen a retumbar en la iglesia, lo que para ellos fue «un éxito y mucha alegría». Algo que, en ese momento, lo hizo por entretenimiento junto a su amigo, le hizo conocer cómo era un órgano de cerca y sus diferentes partes y piezas. Tras ello, volvió a su vida habitual, y se desplazó hasta Barcelona en búsqueda de oportunidades laborales.

De Barcelona a Melbourne, un libro que le cambiaría la vida

En la ciudad condal trabajaría en una fábrica de coches, donde aprendería muchas actividades que después le servirían en su vida musical. Sin embargo, no tardaría mucho en tomar una decisión que le cambiaría la vida: emigrar junto a su mujer hasta Melbourne, en Australia. En sus tres años de estancia allí, adquiriría un libro muy especial: ‘El arte de hacer órganos’.

«Me acuerdo que eran dos tomos muy gordos, y mi mujer me ayudaba con la traducción porque había lenguaje técnico. Además de ese, también compré otro sobre hacer clavicémbalos. Poco a poco conocía cada vez más las partes y cómo hacer los pasos», recuerda Pérez con una sonrisa. Tras pasar y repasar las páginas de dichos documentos, en sus ratos libres José Antonio comenzó a construir un pequeño órgano con sus propias manos. Un instrumento «sencillo», pero que le dio un empujón para seguir mejorando.

«En el 1974 anuncié ese primer órgano en un periódico local, y varias personas se interesaron. Vino una familia que tocaba música antigua y lo compró. Siempre recordaré el momento de venderlo, con gran alegría», añade. Tras su exitosa primera obra, se embarcó en un segundo más grande, pero no llegó a terminarlo debido a su regreso a Barcelona. Con él se llevaría «las piezas más importantes» para proseguir con algo que, por aquel entonces, seguía siendo su pasatiempo.

De Barcelona a Berdún, organero profesional

En Barcelona proseguiría con la construcción de pequeños órganos, aprovechando las piezas que se había cogido de Melbourne. Cada vez contenían más detalles, y sus instrumentos empezaron a ser conocidos en el territorio. «Recuerdo que una congregación de la zona me compró un órgano y les gustó, y me encargaron otro. Allí empecé a exponer mis obras en una tienda musical de Horta», sostiene.

Dichos encargos -cada vez más exigentes en cantidad y calidad- los seguía realizando en sus tiempos libres, en el salón de su pequeño piso de Barcelona. «Otro de los que hice durante esos años me lo compró un inglés que vivía en Berdún, y se lo llevó a su ciudad, al lado de Oxford. Y otro se lo quedaría el Auditorium de Palma de Mallorca, eso ya eran palabras de mayores», comenta.

(Foto: Jorge Callau)

Por su casa -y taller- pasarían grandes organistas y músicos del momento, como José Luis González Uriol o Montserrat Torrent i Serra. Precisamente, el primero sería quien lo animaría a dejar su trabajo y dedicarse íntegramente a este mundo. «Me dijo que tenía muy buena mano… Y que si sabía hacer nuevos órganos también sabría restaurarlos, así que junto a mi mujer dejamos todo en Barcelona y volvimos a Berdún para dedicarme aquí a la fabricación y remodelación de órganos. Fue en 1982, solo 8 años más tarde de vender mi primera pieza en Australia. Mi vida cambió, fue un momento de dudas pero fuimos muy valientes», explica entre risas.

Un proceso de aprendizaje en Berdún: mejorando su técnica como organero

José Antonio poco tardaría en ser conocido en el territorio por su labor, afirmando que la decisión había sido la correcta. Durante sus primeros años coleccionó decenas de proposiciones tanto de congregaciones como de personas individuales. «Mismamente me acuerdo de un organista de Zaragoza, que era banquero pero había estudiado carrera de órgano. Me pidió uno con dos teclados, pedal acoplado y se lo llevé a Zaragoza. También hice otro parecido para un señor del valle de Ulzama. Fueron momentos muy bonitos, para Navarra y Aragón hice unos cuantos y remodelé otros tantos», señala.

Al igual que en Barcelona, el taller también lo tenía en el salón de su casa en Berdún, donde poco a poco iría perfeccionando sus técnicas y procesos de fabricación. Por aquel entonces comenzó también con los clavicémbalos. «También empecé a conocer mejor los materiales con los que trabaja, qué casas me los podían proporcionar y qué se necesitaba en cada momento», apunta.

«Comprendí, además, las diferencias entre hacer un órgano de cero y remodelarlo. Hacerlo es una auténtica paliza, mientras que arreglarlo dependes mucho de las piezas y del estado que ya está. Se pueden aprovechar adornos y algunas partes, pero en otros casos me ha costado también muchísimo por temas de carcoma o ratas. Muchos desperfectos que tardaban en taparse», incide Pérez.

1987, una remodelación muy especial en Berdún

Una de las remodelaciones que más recuerda fue la del órgano de la iglesia de Berdún, su hogar. Fue en 1987, y admite que fue «una de las más especiales» por contribuir en su pueblo. Aquel joven que limpió el órgano durante el servicio militar, volvía años después como organero profesional para resucitarlo.

(Foto: Jorge Callau)

«El Gobierno de Aragón me contrató para restaurarlo. Estaba en condiciones bastante malas, y me costó tres años en total. Fue un trabajo muy importante, pero como te digo, muy especial. Recuerdo que cobraba por años», explica. Pudo recuperar y mantener algunas de las piezas originales, datadas del siglo XVII, sin embargo, otras tuvo que hacerlas nuevas ante su degradación. De las 1140 flautas que colocó en total, 950 fueron hechas a mano por él.

2007, su jubilación: 30 órganos nuevos y 26 restaurados

Tras una trayectoria de más de 30 años como organero, José Antonio Pérez cesó su actividad en 2007. El cansancio y la fatiga mental fueron las principales razones de su adiós a los órganos. Aún tenía muchas proposiciones, pero las desechó todas para vivir «tranquilo tras una vida de muchas vueltas». «El último que remodelé fue el de Siresa, y estuve un mes más de lo que me tocaba para terminarlo», puntualiza.

Así es como hace 19 años José Antonio Pérez Añaños cerró las puertas de su taller de Berdún con una trayectoria muy especial: 30 órganos nuevos, 26 restaurados y más de 30 clavicémbalos hechos. Muchos de ellos, a día de hoy todavía pueden escucharse por toda España, entre ellos el de Berdún, su pueblo natal.

«Después he intentado hacer algún clavicémbalo con piezas que tenía de sobras, pero no me han salido bien. Quizá sea la falta de motivación, la edad o que ya estoy un poco cansado. De todas maneras, no me olvido de los órganos, y pese a estar retirado de hace 20 años sigo estando enamorado por ellos. Han sido mi vida y me la cambiaron, nunca pensé que me dedicaría a la fabricación de órganos, pero así es la vida», sentencia con emoción.

Por Jorge Callau

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