Jaca sale a la calle para protestar contra la sentencia de ‘La manada’

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Un momento de la concentración en Jaca. (FOTO: Rebeca Ruiz)

por Rebeca Ruiz

Los jaqueses se echaban este jueves a la calle en protesta contra la sentencia de La manada, secundando las movilizaciones convocadas por colectivos feministas y otras agrupaciones en distintas ciudades del territorio nacional. Decenas de personas llenaban la Calle Mayor, principalmente, mujeres, pero también muchos hombres y niños de todas de las edades. Entre los que han secundado la movilización, también estaba el alcalde de Jaca, Juan Manuel Ramón, junto a otros concejales.

Al grito de “yo sí te creo” y bajo el lema Todas somos la manada, Jaca respondía al llamamiento de  la Asamblea 8M Huelga Feminista y el Colectivo de Mujeres Feministas y decenas de ciudadanos respaldaban el acto, que comenzaba en la puerta del Ayuntamiento jaqués pasadas las ocho de la tarde.

Las movilizaciones en toda España se multiplicaban tras conocerse la sentencia que condena a 9 años de prisión por abuso sexual continuado a los cinco miembros denunciados por la violación en grupo a una joven que, en el momento de los hechos, durante los sanfermines de 2016, tenía 18 años. Una sentencia polémica que ha provocado la indignación de la sociedad, que se ha echado a la calle para protestar ante el tratamiento judicial y mediático que se ha dado al caso.

 

 

MANIFIESTO DE LA CONCENTRACIÓN DE JACA

El 7 de julio de 2016 cinco machos utilizaron su fuerza y superioridad numérica para anular la libertad de una joven, porque como sabemos, nuestros cuerpos no nos pertenecen; la violaron y abusaron de ella brutalmente. Además, lo grabaron en vídeo y lo compartieron con otros machos, porque también, como sabemos, la violación es un lenguaje masculino que sirve para pavonearse delante de otros hombres y ganarse el respeto de la manada; manada de salvajes que se creen con el dominio de nuestros cuerpos y vidas. Esto es la cultura de la violación.
Las feministas lo venimos avisando; esto no es un caso aislado, es el patriarcado.
Desde la Asamblea 8M queremos mostrar nuestro apoyo y nuestro calor a la víctima y superviviente. Queremos también destacar su valentía y su entereza por denunciar unos hechos brutales, y decirle que nuestra fuerza y nuestro cariño están con ella, como lo están con todas aquellas que sufren agresiones. ¡Nosotras te creemos, nosotras estamos aquí exigiendo que la culpa y la vergüenza cambien de bando!
Nos posicionamos radicalmente en contra de los abusos judiciales del sistema patriarcal y denunciamos el cuestionamiento al que somos sometidas tanto por su parte como por la de los medios de comunicación. Un cuestionamiento sangrante que comienza en el mismo momento en el que denunciamos haber sido agredidas, por cuanto nos sitúa como sospechosas, en lugar de hacerlo con los agresores.
España, el año pasado, fue, por segundo año consecutivo, el país con más sentencias machistas. Frente a la impasividad del Gobierno español, que lejos de poner en marcha medidas que garanticen la persecución y erradicación de las violencias machistas, tenemos que recordar que la justicia patriarcal siempre será cómplice de los agresores y, desgraciadamente, el terror machista está amparado y protegido por el Estado español.
En ese contexto, cuestionar las agresiones sexistas o apoyar solidariamente a quienes las sufren es parte de la lucha de las mujeres. Sabemos que unidas somos más fuertes; nos quieren calladas y derrotadas, pero nos encontrarán unidas y combativas, hoy y siempre.
Señores y señoras del Gobierno: no queremos lazos morados en vuestras solapas y estamos hartas de minutos de silencio. ¡Dejen de banalizar las violencias contra las mujeres! Hoy es un día de indignación, de rabia, que nos llama a gritar sobre cómo se abordan las agresiones machistas en su amplia concepción y en toda su crudeza. Nos tocaron a una, que somos muchas, y respondimos todas, tejiendo esta red que busca arropar a cada una de nuestras hermanas, a cada una de nosotras cuando nos golpea la brutalidad del terrorismo machista.
Miles de acciones en todo el mundo contestaron este 8 de marzo al grito común de transformar la indignación generalizada en refugio, en sororidad. Y aquí estamos, unidas y combativas. Ninguna agresión sin respuesta. Si nos todas a una, respondemos todas.
Hemos conocido la sentencia esta mañana. No es abuso, es violación.
Indignación máxima con un sistema judicial patriarcal de mierda que califica de abuso sexual una violación en grupo. Violación en la que hacen turnos para metértela por todos los lados, que se mofan y se burlan, que te graban para su deleite machista y la de todos los que se recrean con ella, que te humillan aún más y te dejan tirada como un trapo usado… Es una violación. Nos están matando y nos quieren hacer callar. Pero nos tendrán vivas, unidas y en guerra.
Si un hecho tan aberrante como este queda impune, mientras se culpabiliza a la víctima, ¿qué mensaje se está dando a los hombres?¿qué mensaje se nos intenta imponer a las mujeres? Que si no gritamos, que si no nos resistimos, que si no nos enfrentamos, estamos consintiendo. No, no y no y mil veces no. Una justicia patriarcal, antidemocrática, qu doblega a las mujeres y aplaude a los machos. Hace falta una revolución cultural y ésta vendrá de nuestras manos, porque la revoución será feminista o no vendrá.
Esta sentencia confirma que ser feminista no es una opción, si no una obligación. Somos la mitad de la población y si nos quieren enfrente, nos van a tener. Porque no vamos a tener miedo y son ellos los que no van a vivir tranquilos, porque nuestra arma es la sororidad. Vamos a estar cada día más unidas, más fuertes, más solidarias. Basta ya.
La calle, la noche, las fiestas también son nuestras; queremos movernos con libertad en cualquier espacio.
Cargadas de dolor y rabia por el tratamiento amarillista y morboso que los medios de comunicación vienen prestando al proceso judicial que revictimiza y culpabiliza a las víctimas, hemos querido salir a la calle para juntas decir alto y claro: hermana, yo sí te creo. Te creí desde el principio.
Y es que la cultura de la violación está presente de forma constante en nuestra sociedad y en nuestras vidas, como una muestra más del engranaje del sistema patriarcal.
A las mujeres, desde niñas, se nos educa en un contexto en el que se nos considera inferiores, dónde se pone el acento en enseñarnos cómo no ser violadas en lugar de enseñar a los hombres a no violar. La cultura de la violación es e entorno en el cual la violencia sexual infringida contra la mujer se naturaliza y encuentra justificación tanto en los medios de comunicación como en la cultura popular.
Se perpetúa mediante el uso de lenguaje misógino, la cosificación del cuerpo de la mujer y el embellecimiento de la violencia sexual, dando lugar a una sociedad despreocupada o indiferente por los derechos y la seguridad de las mujeres.
Es una señal del machismo que asesina, viola, vende y compra nuestros cuerpos y los mercantiliza.
Basta de convertir el cuerpo de la mujer en un objeto, alimentando de esta forma las agresiones machistas (…). Al Gobierno le decimos que ya van más de seis meses de aprobación del Pacto de Estado contra la Violencia de Género y no han puesto en marcha ninguna medida.