El lago helado del Balneario de Panticosa pone a prueba a los buzos de la Armada

Los buzos de la Armada se miden estos días con las condiciones de frío extremo del lago del Balneario de Panticosa. En esta ocasión, aislados por la gran cantidad de nieve caída en los últimos días, entre nevadas y a temperaturas que no superan los dos grados en el agua, se sumergen entre las placas de hielo para completar su exigente formación. Es parte de su adiestramiento como alumnos de la Escuela Militar de Buceo de Cartagena. De aquí saldrán preparados para enfrentar todo tipo de situaciones que requieran su presencia: desde dar apoyo a los científicos en la Antártida hasta desplegar en catástrofes como la dana de Valencia.

El lago helado del Balneario de Panticosa pone a prueba a los buzos de la Armada.
El lago helado del Balneario de Panticosa pone a prueba a los buzos de la Armada.

Los buzos de la Escuela Militar de Buceo de Cartagena de la Armada, en el Balneario de Panticosa

Los buzos de la Armada vuelven, como cada año por estas fechas, a completar su formación en el Balneario de Panticosa. Son 18 alumnos y cinco profesores de la Escuela Militar de Buceo (EMB) de Cartagena. Desde el pasado domingo, trabajan en el ibón de Baños, rodeados por cumbres impresionantes, a 1.636 metros de altitud. En esta ocasión, aislados por la cantidad de nieve caída en las últimas jornadas -y que mantiene cortado el acceso-, entre nevadas y rompiendo los bloques de hielo que se forman en la superficie del lago. Son condiciones óptimas para que estos especialistas, con edades que oscilan entre los 23 y los 35 años, adquieran las capacidades necesarias que les permitan afrontar con éxito las misiones que les esperan cuando completen su exigente entrenamiento.

Las condiciones idóneas para el adiestramiento de los buzos

El teniente de navío Adrián Rodríguez Carmona, profesor de la Escuela Militar de Buceo de Cartagena, explica que su equipo se enfrenta en estos momentos a la fase de Aguas Frías, como parte del módulo de Condiciones Especiales de la EMB. Advierte que en el lago glaciar, año tras año, encuentran «las condiciones perfectas» con «agua muy fría», un escenario les permite poner en práctica todos los protocolos necesarios para realizar inmersiones bajo el hielo.

«Las condiciones ideales para poder completar el módulo lo mejor posible y aprender son las que ofrece el agua en torno a una temperatura de entre dos y cinco grados. Además, con una capa de hielo. En este lago, normalmente, el agua está a dos grados. Hay años que no tenemos, pero este año, casualmente, con el frío y las nevadas sí que hay una capa de hielo muy grande», explica el teniente de navío Rodríguez Carmona.

El profesor de la Escuela Militar de Buceo señala que lo primero que se les enseña a los alumnos es a «hacer un corte específico en el hielo, de forma triangular, para poder entrar y salir del agua». Para las inmersiones, «se usa un equipo de suministro de superficie -cogemos el aire desde la superficie, no llevamos botella dentro del agua como en otro tipo de buceo-. Además, llevamos un traje seco, que nos aísla completamente del frío», añade.

Todo ello exige un «gran adiestramiento, que hacemos previamente en Cartagena, en la Escuela Militar de Buceo». Allí existe una instalación que se conoce como iglú, donde estas prácticas se realizan en agua cuya temperatura se ha bajado hasta los dos grados. Como explica el teniente de navío, ello les permite prepararse para lo que después se van a encontrar en condiciones reales cuando llegan al Balneario de Panticosa.

Un equipo de unos 20 kilos e inmersiones de 25 minutos

Condiciones muy duras en el ibón de Baños y el despliegue médico

La profundidad máxima del ibón de Baños es de unos 15 metros, en su zona central. Aunque en ocasiones el grosor de la capa de hielo les ha permitido trabajar en el centro del lago, donde cortan el triángulo para sumergirse, lo habitual es trabajar desde la orilla.

Ello les permite desplegar la logística necesaria para apoyar el programa de inmersiones: los llamados puntos calientes, cruciales para actuar ante una posible congelación o la necesidad de una evacuación de emergencia. Y es que cuando se trabaja en condiciones tan duras, garantizar la seguridad, a todos los niveles, es una prioridad de los equipos.

En este sentido, el profesor de la Escuela Militar de Buceo pone en valor el despliegue sanitario que acompaña este tipo de ejercicios. Especialmente, cuando se sale de un entorno controlado como pueden ser las instalaciones de la EMB en Cartagena. «Tenemos un equipo médico que siempre viene con nosotros. Además, siempre existe el riesgo de las enfermedades de buceo, que nos exige llevar una cámara hiperbárica con nosotros para tratar cualquier problema que pueda surgir, que en este medio, como en cualquier medio acuático, puede aparecer», apunta Rodríguez Carmona.

En el caso de Panticosa, hay una circunstancia añadida: la posibilidad real de hipotermia. Para ello hay un protocolo perfectamente diseñado que incluye los mencionados puntos calientes, con suero y otros recursos que permiten actuar y subir la temperatura en caso que sea necesario, y atendidos por «personal con conocimientos avanzados de medicina» que garantiza la máxima seguridad posible.

Los buzos de la Armada: desde emergencias hasta operaciones con aduanas o misiones científicas

Una vez completada su formación, los buzos de la Armada son una pieza clave para el éxito de determinadas misiones, dentro y fuera de territorio nacional: Desde emergencias, como la dana de Valencia, hasta operaciones con aduanas, sin olvidar su presencia en el buque oceanográfico Hespérides… formarán parte de sus futuros cometidos profesionales.

«La Escuela Militar de Buceo va avanzando en diferentes técnicas. A nivel de material y logístico se van buscando nuevas tecnologías, para poder bucear con menos riesgos y llevar a cabo misiones más complejas. Pero el ibón de Panticosa, a día de hoy, nos sigue dando las mejores condiciones para completar la formación anual del buzo, tanto en el caso de oficiales como de suboficiales, o marinería», concluye el teniente de navío Adrián Rodríguez Carmona.

Por Rebeca Ruiz. Fotos: EMB/Capitán Nuria Ruiz de Pascual

SOBRE LA ESCUELA MILITAR DE BUCEO (EMB) DE LA ARMADA
La Escuela Militar de Buceo de la Armada Española tiene sus antecedentes en las primeras escuelas de buceo que, en 1787, nacieron por orden del rey Carlos III. Sin embargo, el empleo de buceadores en la Armada se remonta a la segunda mitad del siglo XV, en la que se dotó a los navíos españoles de buzos que a pleno pulmón se encargaban de reparar los daños que producían los temporales o las encalladuras en los barcos, así como de recuperar material como anclas, artillería o cargamentos. Unas prácticas que distan mucho de las actuales.

Hoy, los buceadores trabajan con equipos y sistemas muy avanzados, preparados para garantizar el éxito de las misiones que se les encomienda. El centro militar prepara, actualmente, a unas 500 personas al año para trabajar en ambientes submarinos. Desde 1970, la EMB, en sus instalaciones de la Estación Naval de La Algameca (Cartagena), ha formado a más de 13.000 buzos, buceadores y otro personal de sanidad y apoyo al buceo, tanto español como extranjero. No solo de la Armada, sino también procedente de otros ejércitos y de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, e, incluso, de la población civil.

En la actualidad, las misiones de los buceadores de la Armada se encuadran en distintos sectores. Entre ellos, salvamento y rescate de submarinos siniestrados; apoyo a buques para inspección, mantenimiento y reparaciones a flote; o desactivación de artefactos explosivos submarinos. También abordan cometidos de Guerra Naval Especial; búsqueda, salvamento y rescate subacuáticos como consecuencia de accidentes o naufragios y protección de otros compañeros.

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