Desde hace un año, el Desván se ha convertido en un rincón de Sabiñánigo dedicado a la artesanía, detalles y regalos. Fernanda Quiroga, su dueña, se adentró en este mundo y no tardó en darle un cambio de cara a la tienda, y día a día, gracias a su trabajo, ha conseguido hacer de su negocio un espacio por y para la artesanía. En la actualidad, cuenta con una amplia gamas de productos, que va mucho más allá de lo artesanal: vajillas, lámparas, cuadros, ropa, carteras, neceseres o bolsos también forman parte de la lista. Todo ello con marcas reputadas a nivel nacional e internacional, bajo un estricta y trabajada calidad.

El Desván, una apuesta que comenzó hace un año
La historia de El Desván y Fernanda Quiroga comenzó hace un año, cuando decidió coger el negocio junto a su familia. Era una tienda que ya conocía y frecuentaba bastante, por lo que no dudó en hacerse con ella cuando la antigua dueña se jubiló. «Hablamos para hacer traspaso, nos tuvimos que venir justo a Sabiñánigo a vivir y nos pareció una gran oportunidad», destaca.
Coger la tienda, además de ser una gran oportunidad, permitía a Quiroga la conciliación con su familia. «Tengo tres hijos, y hacerme con el negocio me daba una calidad y libertad para disfrutar de ellos que en pocos sitios iba a encontrar», añade. Desde los inicios, la acogida fue «bastante buena», aunque, tras unos primeros meses muy intensos, la afluencia bajó. «La mayor dificultad era el desconocimiento en general. Soy muy joven y no tenía apenas conocimientos del sector, era mi primera vez como emprendedora, así que he tenido que ir desarrollando y aprendiendo con la tienda ya abierta», sostiene.

Un trayecto definido como «un carrusel de emociones»
Durante este año, Fernanda Quiroga y El Desván han vivido momentos muy diversos, con grandes altibajos según la época. «Podría definir este año como un carrusel de emociones, con sentimientos encontrados, duros y felices. También he tenido que ir formándome», comenta.

Tras el verano, y ya con más tablas y una clientela fija, la actual dueña decidió dar un paso más y realizar un «lavado de cara estético» a la tienda física. «Fue una inversión necesaria, ya que todo estaba como antes. Quedó verdaderamente bonita y para los clientes también es así», subraya.
A base de esfuerzo y sacrificio, Quiroga ha ido cumpliendo los objetivos uno a uno, aunque admite que «todavía estoy en el proceso». Sabiñánigo tiene un gran peso en este desarrollo. «Ha habido momentos de mucha afluencia y otras de muy poca. Sí que es verdad que poco a poco la gente ha ido conociéndonos y nos sentimos muy apoyados», explica Fernanda.
Una amplia gama de productos nacionales e internacionales; mucho más allá de la artesanía
Sin duda, la artesanía sigue siendo el sector principal de El Desván. Más de la mitad de sus productos son artesanales, siendo un rincón perfecto para amantes de lo artesanal y coleccionistas. Sin embargo, desde el cambio de propietario, el negocio ha abierto las puertas a más productos.
Una oferta que ha crecido mucho en otros ámbitos, sobre todo en el plano de detalles y regalos. «Decidimos abrirnos más allá de la artesanía. Seguimos teniendo claro que es muy importante, pero no queríamos centrarnos todo en ello. El otro 50% de nuestra oferta está destinado a detalles y regalos», alega. Vajillas, lámparas, cuadros, ropa, carteras, neceseres, jabonería, platería y bolsos, además de souvenirs de la ciudad, forman parte de su interminable lista. Todo ello bajo marcas nacionales e internacionales muy reputadas, que aseguran «calidad, garantía y seguridad al cliente».

Desde verano, El Desván también apostó por productos naturales y las figuras de acción de Warhammer. «Han sido dos inversiones fuertes, al principio teníamos miedo, pero es de las cosas que más vendemos. Hemos acertado de lleno», añade. Una amplia gama de productos destinados a todos los públicos.
Un futuro «ilusionante», pero «con los pies en el suelo»
«No sé qué deparará el futuro, pero yo mantengo la misma ilusión que el primer día», estas son las palabras de Fernanda Quiroga al hablar sobre épocas venideras. «Ahora mismo somos una tienda para entrar y pasar horas admirando los detalles que tenemos, pero aún queremos más. Estamos en un proceso que sabemos que no es sencillo pero, con la ayuda de todos, saldremos más fuertes. Ese carrusel de emociones que hemos tenido que vivir tiene que ser la siembra para, posteriormente, recoger», sentencia.
Por Jorge Callau

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