El bandolero Lupercio Latrás, un personaje singular en la historia del Pirineo (II)

El bandolero Lupercio Latrás, que nació en Hecho sobre 1550, fue un personaje singular en la historia del Pirineo y de todo Aragón. «Espía, caudillo, desertor, defensor de los Fueros, capitán y mercenario (…) Una azarosa vida con la que se puede hacer una serie televisiva de varias temporadas» a la que nos acerca Javier Lázaro en una nueve entrega de Pinceladas de nuestra historia. Segunda parte: De los tercios, nuevamente al bandolerismo (lee la primera parte AQUÍ)

El bandolero Lupercio Latrás, un personaje singular en la historia del Pirineo (II). Imagen de Hecho. (FOTO: Loli Marco)
El bandolero Lupercio Latrás, un personaje singular en la historia del Pirineo (II). Imagen de Hecho. (FOTO: Loli Marco)

Lupercio, de los tercios, nuevamente al bandolerismo

Tras desertar en Lisboa, Lupercio Latrás regresó a Aragón donde se estaba librando una batalla entre el Conde de Ribagorza -que había recuperado la jurisdicción sobre su territorio-  y sus vasallos que contaban con el apoyo del rey Felipe II y que se resistían a someterse a la nueva situación. Esta vez, Lupercio se unió al conde en contra de sus vasallos.

Cuando el conde fue derrotado, Lupercio se dirigió hacia el Ebro para tratar de reclutar nuevos refuerzos. Allí se reencontró con otros líderes bandoleros, el tensino Martón y Miguel Juan Barber que con otros estaban librando una batalla contra los moriscos de la zona.

Lupercio se inventó una cruzada contra el infiel

Lupercio se inventó una cruzada contra el infiel y junto a Martón realizaron una auténtica masacre en Pina de Ebro, donde asesinaron a 300 moriscos y cobraron un rescate por cada uno de los vivos restantes. Martón posteriormente fue ejecutado en Zaragoza sin esperar a juico, mientras que Lupercio consiguió escapar a la Ribagorza.

Una vez que el conflicto del Conde de Ribagorza con sus vasallos y con el rey Felipe II ya estaba resuelto, no había conflicto alguno al que Lupercio pudiera sumarse.

En la misma línea que había seguido en Pina, Lupercio siguió con su atrevimiento y tomó la ciudad de Ainsa diciendo que actuaba en nombre de la Diputación del Reino para evitar que Felipe II anulase los Fueros de Aragón. El reino puso precio a su cabeza y él respondió poniendo precio a la cabeza del Virrey de Aragón.

La decadencia de las bandas y el fin de Lupercio Latrás

El nombramiento de Juan de Gurrea como Virrey de Aragón, la política de perdón a los bandoleros a cambio de su incorporación al ejército y las fuertes recompensas ofrecidas por la detención de los cabecillas habían disminuido los recursos y la popularidad de los líderes bandoleros, que en esta situación tenían una mayor dificultad para reclutar más efectivos.

Latrás y sus hombres perseguidos por el Virrey con una tropa de 800 hombres iniciaron una huída hacia Cataluña. El acoso de los perseguidores les obligó a una huida más desesperada y a varios cambios de rumbo. Estando por las Cinco Villas, en ese clima cada vez más tenso y difícil, uno de los lugartenientes asesinó a Barber y Lupercio se dio a la fuga escapando a Lisboa.

Quizás por la colaboración de su hermano con el conde Chinchón, algo más tarde Lupercio Latrás apareció en Francia actuando como espía de Felipe II tanto en Francia como en Inglaterra.

Ejecutado en el año 1590

Deseando volver a su tierra desde Inglaterra, Lupercio Latrás se embarcó en una nave de corsarios británicos que atrapada por una tormenta encalló en las costas de Santander. Se detuvo a los corsarios y a Lupercio y se les condujo al Alcázar de Segovia, donde Lupercio fue ejecutado en el año 1590.

Quizás no sea casualidad que poco después de la ejecución de Lupercio se nombrara a su hermano Pedro Caballero de la Orden de Santiago.

Por otra parte, en una reciente conferencia el profesor José Antonio Salas nos desveló un nuevo dato interesante: informó que, en una de las atropelladas y desesperadas huidas de sus perseguidores, Lupercio perdió una bolsa en la que había ido guardando cuidadosamente toda la correspondencia mantenida con el Conde de Chinchón.

Seguramente pensaría que la utilización de toda esa documentación podría utilizarse como defensa de sus andanzas y tropelías en caso de necesidad.

Por Javier Lázaro

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