Belenes en las montañas de Biescas

Belenes en las montañas de Biescas. Historia, tradición y leyenda en la Tierra de Biescas. Por Pedro Estaún, sacerdote de Biescas.

La tradición de los belenes montañeros

La costumbre de la instalación del belén durante los días de Navidad tiene una larga tradición. Son muchos los hogares en los que se coloca, no solo como decoración sino como una piadosa devoción. Es también frecuente que se pongan en diferentes lugares: comercios, oficinas, y en muchos otros sitios y, ¿cómo no? también en la montaña.

Son numerosos los clubes montañeros cuyos socios ascienden, unos días antes de la Nochebuena, a un lugar destacado y allí dejan las figuras de la Virgen, San José y en Niño recién nacido. Generalmente, después lo celebran con una buena comida que, en cierto modo, constituye el comienzo de la Navidad.

Belenes en la Tierra de Biescas… Historias y leyendas

Eso mismo es lo que desde años se viene realizando con los vecinos de Biescas. Son dos (o más bien tres) los belenes montañeros que durante el fin de semana anterior al día de Navidad se instalan en las proximidades del pueblo. He tenido la suerte de participar este año en ellos. Os contaré lo que he vivido.

El primero de los belenes, en la ermita de Santa Elena

El sábado, 21 de diciembre, los vecinos del pueblo fueron convocados en la puerta de la iglesia del Salvador a las 11 de la mañana para dar inicio a una marcha hacia la ermita de Santa Elena. En ese momento sonaron las campanas de la iglesia dando la salida. Un grupo de una treintena personas iniciamos nuestra andadura por el camino viejo que lleva a la ermita. Caminamos a buen paso, en parte, porque hacía frío. La marcha comienza con una fuerte subida para  ser más tendida después. A lo largo del recorrido, la conversación de los caminantes era muy animada.

Alguien recordó alguno de los muchos acontecimientos históricos que ocurrieron en los lugares que cruzábamos, como la victoria a los hugonotes en el barranco Os luternans, el 19 de febrero de 1592, llevada a cabo por los pelaires, en la que hasta las mujeres de Biescas lucharon con gran valentía. Poco después, mientras se llaneaba por un espeso bosque se indicó el camino, recientemente abierto, que lleva al antiguo Puente de Molá.

La fuerza de la tradición

Más detallado fue el comentario al pasar por la Silla de Santa Elena, en la que la tradición cuenta que la santa se sentó en su huida a descansar marcando después en el barro las huellas de sus pies en dirección contraria para despistar a sus perseguidores.

Fue también comentada la historia del Puente del Diablo, en la que una joven muy guapa de Biescas fue seducida por un mozo del pueblo gracias a un pacto que éste hizo con el mismo diablo. En su paso volando en una escoba por aquellos lugares, el maligno obligó al mozo a arrojar a su amada. Ella solicitó ayuda del cielo y fue el joven el que cayó muriendo del golpe mientras que ella pudo salvarse. 

En el Llano de Santa Engracia no nos detuvimos, pero pudimos ver el calendario celta y allí Ricardo comentó que próximamente se va a instalar un jardín geológico con doce rocas diferentes de la comarca. No reparamos tampoco en los dólmenes ni en la en la ermita de Santa Engracia, sino que subimos directamente hacia Santa Elena.

Allí nos esperaban Miguel y Pedro que tenían todo preparado a nuestra llegada. Una vez dentro procedimos a la instalación del belén. Ricardo fue llamando, uno por uno, a los que guardaban las figuritas: el buey, la mula, los pastores, San José, la Virgen y el Niño. Cada uno se aproximó al altar dejando así instalado un auténtico Nacimiento que fue bendecido con unas oraciones. Después todos cantamos villancicos y canciones navideñas.

Pero la celebración en Santa Elena no estaba acabada con esto. Descendimos entonces por la escalera de piedra que conduce a la cueva debajo de la ermita. Hubo que superar con cuidado la cortina de agua que por allí discurre, que este año no tenía chupones.

En la entrada de la cueva se nos entregó una pequeña candela a cada uno. Nuria y Ricardo se instalaron al fondo y todos les entregamos los cirios que se colocaron alrededor de las figuritas que allí se habían depositado. Finalizó el acto con el canto de algún villancico.

Belenes en las montañas de Biescas. Historia, tradición y leyenda en la Tierra de Biescas. Por Pedro Estaún, sacerdote de Biescas.

A continuación, nos dirigimos a la Casa de la Primicia restaurada por la Asociación Santa Elena donde los dos Antonio Claver y Pedro Cajal nos habían preparado una magnífica comida en la que todos disfrutamos.

A la ermita de San Benito

Al día siguiente, el domingo 22, a las 8 de la mañana, un grupo de unas veinticinco personas volvimos a encontramos en la Plaza de Biescas dispuestos a salir para la instalación de otro belén. Pero ahora en un lugar mucho más elevado, en la ermita de San Benito a más de 2.000 metros de altitud. En varios coches nos desplazamos hasta la base de la montaña un poco más arriba de Barbenuta y Espierre.

Dejados los coches comenzamos a subir. El tiempo, aunque frío parecía bueno pero más arriba se complicó por un fuerte viento. Ascendimos lentamente, disfrutando de aquellos parajes. No había demasiada nieve. Pocos días antes aquellos lugares estuvieron completamente cubiertos pero el viento de estos días se llevó la nieve.

Quedaban, no obstante grandes manchas que tuvimos que cruzar en varios momentos. A medida que ascendíamos comprobamos que el viento aumentaba. Al alcanzar la cumbre de Erata ( 2.003 metros) el viento era verdaderamente fuerte. Teníamos que andar con cuidado, ayudándonos de los bastones porque al menor descuido nos podía tirar. Llegamos a la ermita y el viento continuaba muy fuerte. Nos protegimos como pudimos colocándonos bajo unas piedras, pero aún así no conseguimos liberarnos del vendaval que, unido a la baja temperatura, hicieron que el ambiente fuera helador.

De todas formas, compensaba por la maravillosa vista que disfrutábamos. No muy lejos de nosotros veíamos el valle de Bujaruelo con las grandes montañas de sus laderas como el Pico Otal o el Vignemalle. También se distinguía muy bien la pared norte del valle de Ordesa y más hacia el oeste  las cimas de Fajalata y Peña Telera, todas con abundante nieve. A nuestros pies, muy por debajo de nosotros, aparecía el abandonado pueblo de Otal.

Tras un ligero almuerzo, colocamos el belén y procedimos a su bendición con unas oraciones en las que recordamos la realidad de lo que ocurrió en el establo de Belén hace más de dos mil años. Todos participamos con gusto.

La cita con los belenes se repite año tras año en la Tierra de Biescas

No pudimos permanecer mucho tiempo por el frío y comenzamos el descenso. Lo tuvimos que hacer con mucho cuidado pues el viento continuaba zarandeándonos. Tras una parada para reunir los diferentes grupos, llegamos al lugar en el que habíamos dejado los coches. Tuvimos que limpiarnos bien las botas porque el último tramo, ya por pista, era de barro.

Descendimos juntos los cinco vehículos, dejamos Escuerre a nuestra izquierda y llegamos a Barbenuta donde Manuel Ramón (Pol) y Peinón nos habían preparado un suculento almuerzo a base de jamón, chorizo y queso regado de frías cervezas y otras bebidas.

Durante la comida, la conversación fue agradable. Muchos recordaron sucesos pasados, todos ellos llenos de aventura, que nos hicieron reír a todos. Finalizábamos así la tradicional colocación de este belén que no se ha interrumpido ni siquiera en el año de la pandemia.  Al despedirnos todos acordamos que, si Dios quiere, el próximo año volveremos a repetirlo.

Por Pedro Estaún, sacerdote de Biescas

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