Alojamiento en Casa Basajarau: tranquilidad, cercanía y buen hacer en Yosa de Sobremonte

Casa Basajarau es uno de los establecimientos más reconocidos en Yosa de Sobremonte. Un lugar tranquilo y cercano, donde los clientes pueden disfrutar de los acogedores espacios de esta casa rural durante todo el año. Sus primeros pasos se remontan hasta el año 2000, cuando su dueña, Belén Vicente, compró una casa en el pueblo para remodelar. Tras su rehabilitación -larga y costosa-, inició su andadura en el mundo hotelero. A día de hoy, recibe visitantes de diferentes perfiles, y el período estival es su temporada alta.

(Foto: Casa Basajarau)

Casa Basajarau, inicios en el año 2000

Los inicios de Casa Basajarau se remontan a principios de siglo, más concretamente al año 2000, cuando su dueña, Belén Vicente, compró una casa en Yosa de Sobremonte. Pese a no pertenecer al territorio, su familia siempre había estado ligada a la montaña, por lo que Vicente vio en Yosa un lugar idóneo para emprender su camino.

«No conocía Yosa de Sobremonte, pero me encantó nada más verlo. Cuando compré la casa recuerdo que el pueblo estaba prácticamente abandonado y deshabitado. De la mía quedaban las paredes laterales y la frontal, todo lo demás estaba derruido», recuerda la dueña.

Con gran ilusión y pasión, se lanzó con una gran labor de restauración, que se extendió cuatro largos años hasta darse por terminada. «En principio, mi idea ya era destinarla a turismo rural en la planta de en medio, porque yo ya tenía mi propio trabajo en Zaragoza», añade Vicente.

2008, un gran cambio en Casa Basajarau

Los primeros cuatro años de su vida, Casa Basajarau empezó a funcionar como turismo rural, haciéndose un nombre en Yosa de Sobremonte. Solo tenía habilitada la planta intermedia, hasta que en 2008 experimentaría un gran cambio.

«Yo tenía en Zaragoza una empresa de construcción, y a raíz de la crisis tuve que cerrar. Decidí venirme a vivir a Yosa para apostar por Casa Basajarau y ofrecer muchos más servicios. No es lo mismo sino estás allí que si puede estar en el día a día», destaca su dueña.

Esto supuso dar «otro enfoque» al negocio, que multiplicó su oferta y servicios. Se pasó a dar desayunos y cenas, y poco a poco se fue incluyendo en la vida del pueblo. «Fui integrándome, pensaba que me iba a costar más pero los -pocos- vecinos que había me acogieron muy bien. También fue muy importante eso para mí», recuerda. También se lanzó en el mundo agrícola, con gallinas, y huerto para tener sus propios productos.

El medioambiente, un pilar básico

Desde sus comienzos hace ya más de dos décadas, Casa Basajarau ha experimentado grandes cambios en su funcionamiento y estructura. Su objetivo sigue siendo el mismo, brindar a los clientes un espacio cómodo y confortable, pero ha añadido unos cuantos aspectos a su colección.

«Nos hemos ido implicando cada vez más con el medioambiente. Pertenecemos a la reserva de la biosfera y al Cluster de Turismo Sostenible. Los últimos años nos hemos dedicado bastante a colaborar en este sentido. Todos tenemos que trabajar por ello: hemos puesto placas solares, recogemos aguas fluviales y tratamos de apostar por productos de kilómetro 0″, sostiene Belén.

Verano, la temporada alta de Casa Basajarau

En la actualidad, Casa Basajarau cuenta con siete habitaciones, a las que se añade la opción de desayunos y cenas. En verano, sus clientes pueden disfrutar de la tranquilidad de sus jardines, e incluso de una pequeña piscina para combatir el calor. Las gallinas y los conejos son otra de sus atracciones, sobre todo para los más pequeños.

El perfil de visitante varía según la época del año. En época estival y primavera, las familias monopolizan el lugar, mientras que en invierno destacan los esquiadores dada su cercanía a pistas. «También vienen senderistas. y en junio ciclistas por la Quebrantahuesos… Tiene que ser gente que venga a disfrutar de la tranquilidad», puntualiza.

La cercanía, adaptabilidad, buen trato y tranquilidad son las cualidades de Casa Basajarau que destacan los clientes. «Al ser poca gente, se establece una cercanía que no sucede en otros lugares», destaca su dueña.

«Mantenerse por el mismo camino», su reto futuro

Mirando hacia el futuro, el negocio no tiene grandes retos por delante. «No por falta de ilusión, sino porque ya vamos siendo mayores y, pese a que mentalmente podemos, físicamente ya necesitamos tranquilidad», destaca.

Su futuro pasa por «mantenerse por el mismo camino», para seguir haciendo de Casa Basajarau un lugar entrañable para todos sus visitantes, y mostrar la belleza de Yosa de Sobremonte.

Por Jorge Callau

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