Unkar es la perra de rescate y búsqueda del GREIM de la Guardia Civil de Jaca. Inteligente, sensible, obediente, carismática y entrenada para salvar vidas, esta pastor belga malinois es inseparable de su guía, Kiko Navarro. Unkar es, sin duda, la compañera más especial. Detrás se esconden años de trabajo del guardia civil para lograr la confianza, la complicidad y el conocimiento mutuos necesarios para que hoy Unkar sea una más del equipo.

Unkar, siempre preparada para el rescate con el GREIM de la Guardia Civil de Jaca
Hace tres años, el Grupo de Rescate e Intervención en Montaña (GREIM) de la Guardia Civil de Jaca recibía a Unkar. La perra, adiestrada para rescate y búsqueda de personas, llegaba a la unidad de la mano de Kiko Navarro, tras un exigente periodo de formación en la Escuela de Adiestramiento de Perros que la Benemérita tiene en Madrid. Hacía unos 25 años que la Guardia Civil de Jaca no contaba con guía canino.
El jacetano Kiko Navarro siempre tuvo muy clara su vocación. «Cada vez que oía el helicóptero, iba corriendo hasta la Escuela -hasta hace unos años el Acuartelamiento San Bernardo se utilizaba como helipuerto- para llegar a verlo», recuerda con cariño. Desde que entró al GREIM -en 2004 y previo paso por el Ejército de Tierra-, siempre quiso formarse como guía canino. Así que cuando surgió la oportunidad, aún en plena pandemia, no lo dudó ni un momento.
Se formó en Madrid, donde la Guardia Civil entrena a su personal y adiestra a los perros para seguridad y rescate, o detectar drogas o explosivos en un centro específico. De allí volvió con Unkar. Tras semanas de intenso trabajo y de conocimiento mutuo, tuvo que elegir entre otro perro y ella. Enseguida se compenetraron muy bien. «Es muy tranquila y trabajando lo da todo», explica el guía. No todos los perros valen para esto. Pero Unkar era ideal. «Enseguida me identifiqué con ella», asegura. No le falló la intuición.
25 años sin guía canino en Jaca
Habían pasado más de dos décadas desde que se jubiló el último guía canino de Jaca, donde no volvió a haber perro de rescate hasta que en 2021 llegó Unkar.
«Unkar es una hembra de cuatro años de pastor belga malinois, la raza más idónea para este tipo de actividad. Nosotros usamos los instintos de los perros: el de cazar, el de búsqueda, el de presa,… Y esta raza tiene los instintos muy definidos y mucha predisposición a jugar con el figurante y a agradar», explica su guía. La perra, a día de hoy, está perfectamente capacitada para el servicio que realiza -búsqueda y rescate de personas, especializada en avalanchas-, si bien, advierte el guía, aún puede desarrollar más su potencial (la falta de nieve de este año ha ralentizado la recta final de su adiestramiento).
Con todo, Unkar ya está perfectamente preparada para trabajar en cualquier escenario. Y lo que es más importante, Navarro sabe que puede confiar plenamente en ella. «Cuando le coloco el arnés y me ve a mí con el chaleco, el casco, las gafas, una sonda con la manga para marcar el viento… ella ya sabe que toca trabajar», explica el guía. Es lo que se conoce como condicionamiento de los perros destinados a actividad profesional.
La complicidad entre el guía y la perra es tan grande que basta una mirada para entenderse
La complicidad entre ambos es tan grande que les basta una mirada para entenderse. De hecho, Unkar vive en casa con Navarro, su mujer y sus tres hijos pequeños. Todos tuvieron que adaptarse -también la perra-, una situación que ya estaba prevista y en la que fueron muy útiles los conocimientos en etología del guardia civil.
Está claro que el vínculo entre Unkar y el guardia civil va mucho más allá de lo profesional. Juntos han tenido que vivir ya alguna situación complicada. No se puede olvidar que la montaña, y más en invierno, entraña muchos riesgos. Hasta para los especialistas. Para ellos, más, si cabe. «En cierta ocasión, yo la puse a buscar a un desaparecido en un barranco con una capa de hielo muy fina, que partió, y tuve que meterme a sacarla», explica Navarro.
Otras veces, ha sido al contrario: «Ella también me ha ayudado a mí. Y ha encontrado el modo de salir los dos del lugar donde estábamos». Una situación, como tantas otras, que refuerza aún más la estrecha relación que existe entre ambos. Incluso, el guía reconoce que cuando conduce, ya lo hace «instintivamente» con mucha suavidad como lo haría cuando lleva a la perra, aunque no sea así. «Unkar no entra a una avalancha sin ARVA», asegura Navarro.
El día a día de Unkar
Cada mañana, lo primero que hacen Kiko Navarro y Unkar es salir a la calle, donde ella socializa con otros perros como uno más, para que pueda recibir todo tipo de estímulos. Después, se van al cuartel. Si a Navarro le toca guardia, cumple con sus obligaciones antes de dirigirse al campo de fútbol del Regimiento Galicia -tiene una autorización especial-. Es su «laboratorio», donde realiza trabajos de direccionamiento con Unkar. Allí, la perra asimila los conceptos que después trasladará a la avalancha. Si hay posibilidad, su compañero de guardia hace de figurante y simulan búsquedas en el entorno cercano de Jaca. Si, por el contrario, toca tecnificar -además de guía canino, Navarro es especialista de montaña-, Unkar no siempre puede acompañarle. Cuando puede hacerlo, realizan ejercicios de indicación. En invierno, la perra marca la ubicación de la persona rascando en la nieve. En verano, lo hace ladrando, tumbada, esperando, para no intimidar a la víctima. Todo ello forma parte de un intenso proceso de adiestramiento que está planificado al milímetro por el guía.
Lógicamente, su crecimiento irá marcando hasta qué momento puede trabajar Unkar. Su vida profesional podría alargarse hasta los ocho o diez años -puede vivir hasta los 14-. Después, una vez jubilado el perro de rescate, la Guardia Civil le da opción al guía de quedárselo. Navarro no lo duda. «Se quedará con nosotros y convivirá con el siguiente perro», asegura.
Unkar es la primera que entra a buscar supervivientes en una avalancha. Una situación en la que las posibilidades de sobrevivir caen más del 90% en los primeros 15 minutos
El teniente de la Guardia Civil Baín Gutiérrez, jefe del Área de Montaña de Jaca, es consciente de la importancia de la incorporación de perros al servicio. «El perro tiene unas capacidades que ningún medio electrónico tiene. Es cierto que es un animal y tiene sus tiempos de trabajo, pero gracias a su olfato, que está muy desarrollado, puede encontrar alguien en un espacio en el que ha caído un alud muchísimo más rápido que una persona o que cualquier aparato», recuerda.
«En una avalancha -continúa el teniente-, el perro es el primero que interviene. Evidentemente, siguiendo unos protocolos establecidos previamente. Pero es el primero que entra en el alud porque es el que más posibilidades tiene de sacar con vida a la persona que haya quedado sepultada. Hay que tener en cuenta que las posibilidades de supervivencia en estos casos caen hasta el 90% en los primeros 15 minutos«. «Para nosotros -añade- es fundamental».
Cinco perros de rescate en Huesca
Su labor es tan importante que en estos momentos, en cada una de las cinco unidades de Huesca, trabaja un guía con su perro (Jaca, Panticosa, Boltaña, Benasque y Huesca). Un hecho sin precedentes, y algo que el jefe de área destaca, poniendo en valor el trabajo del guía: «Es un trabajo muy laborioso, muy sacrificado y, a la vez, muy bonito; al final, empatizas con el perro. Pero hay que estar 24 horas con él».
Están organizados por binomios: el guía y su can. En el caso de Jaca, Kiko Navarro y Unkar. Como explica el teniente Gutiérrez, «ellos tienen una relación especial». Navarro, que está capacitado como guía del Servicio Cinológico, también es especialista en montaña, por lo que tiene que unificar estas dos especialidades en su trabajo cotidiano. «Además de su entrenamiento continuo en montaña, tiene que entrenar permanentemente a la perra: cada día tiene que seguir subiéndola a un helicóptero, a una telesilla, meterla en la nieve, esquiar a su lado…»
Huesca cuenta actualmente con cinco equipos caninos. Entre ellos, en La Jacetania y el Alto Gállego, trabajan Kiko Navarro y su perra Unkar e Iván Tuya y su perro Kares. Ellos son guías caninos y pertenecen, respectivamente, a los GREIM de Jaca y Panticosa. Unkar es una pastor belga malinois que va a cumplir cuatro años. Kares, un pastor alemán que va a hacer tres.
Avalanchas, grandes áreas y estructuras colapsadas
Por otra parte, y aunque está especialmente entrenada para rescate en avalanchas, no hay que olvidar que Unkar tiene otras obligaciones. Por ejemplo, en casos donde alguien se desorienta o se esconde para evitar a la Justicia. La perra está preparada para buscar y rescatar personas -o víctimas- en avalanchas, grandes áreas -bosques extensos- y estructuras colapsadas -un terremoto o una explosión-. «Está adiestrada para buscar en diferentes escenarios. Da igual que sea en nieve o en un edificio que se haya derrumbado…», señala su guía. Su tarea, continúa, es buscar personas. Tanto las que quieren ser encontradas, como las que no (fugitivos, furtivos,…).
«Me sigue sorprendiendo su predisposición al trabajo. Siempre está bien. Llevo tres años con ella y todavía no ha habido un sólo día que no haya querido trabajar», añade Navarro. Y es que Unkar no sólo es una perra de rescate -que no es poco-. Es mucho más que eso. Es la compañera más especial de la Guardia Civil de Jaca.
Por Rebeca Ruiz (texto y fotos)
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