En marzo de este año la Fundación L’ Ausín, del Valle de Hecho, comenzó un proyecto muy especial: un cursillo de confección y plisado de camisa chesa tradicional. Su objetivo era la recuperación y enseñanza del proceso de elaboración de estos trajes, símbolo del territorio.
«Las mayores del pueblo sabemos hacerlo, pero era necesario que la gente más joven aprendiera para que no se perdiese, por eso empezó esta iniciativa», destaca María Orensanz, la profesora de este cursillo. Con ello, 10 personas se apuntaron al cursillo, que en su primera edición se iba a centrar en la elaboración de la camisa.
El nivel de las personas apuntadas era muy variado: gente que tenía experiencia en la costura y otras que no habían cosido nunca. Un reto apasionante cuya misión grupal era mantener viva la vida del traje cheso.

la Fundación L’ Ausín, su historia en Hecho
Hace más de dos décadas se originó en el Valle de Hecho un movimiento popular ante la falta de servicios destinados a las personas mayores en la zona de los Valles Occidentales. Esta iniciativa popular se consolidó y formalizó con la creación de la Fundación L´Ausín.
En el año 2000 inició la construcción del Centro de Día y la Residencia y, tras once años de trabajo, el centro inició su actividad en julio de 2011. En la actualidad, la fundación está gestionada por su Patronato, compuesto por miembros propuestos por el Ayuntamiento del Valle de Hecho y por las Asociaciones y colectivos del valle.
Durante toda su trayectoria, L’Ausín ha promovido diferentes causas sociales en Hecho, sobre todo aquellas destinadas a la enseñanza y preservación de costumbres y tradiciones de la zona.
Un taller de confección de camisas chesas
En su labor, en marzo de este año la fundación lanzó un cursillo de confección y plisado de camisas chesas. Una iniciativa cuya misión era traspasar los conocimientos a población más joven para no perder uno de los símbolos del territorio.
«Las mayores del pueblo sabemos hacerlo, pero es necesario que la gente más joven aprenda este tipo de costura para que no se pierda, por eso empezó esta iniciativa», destaca María Orensanz, la profesora de este cursillo.

Así es como 10 personas se embarcaron hace unos meses en un taller que, desde el inicio, se antojaba como una labor complicada. «No todas las personas apuntadas tenían el mismo nivel de costura. Alguna tenía experiencia y otras no sabían coser. Iba a ser un proceso lento, pero teníamos ganas», explica Orensanz.
Meses de trabajo para aprender
En su primera edición, este taller se centró en la confección y elaboración de una camisa propia de Hecho. No se trataba de una prenda fácil, ya que contaba con decenas de detalles y entresijos que dificultaban mucho su realización.

Una vez a la semana, las integrantes se juntaban en la propia residencia para, paso a paso, ir aprendiendo y quemando etapas. «Al principio no pensaban ninguna que era tan difícil, pero hora a hora, con paciencia, fueron entre todas realizándolo», añade la profesora.
La camisa chesa: un proceso muy detallado con el cuello como protagonista
A partir de una tela, que tuvo que ser encargada a una tienda especializada en Barcelona, las alumnas tuvieron que cortar, coser, bordar y mucho más.
«El primer paso de todos fue cortar la tela, que se lo hice yo a todas para que tuviese las medidas necesarias. Luego ya todo lo demás me iban siguiendo», explica. Después vino la confección de mangas, los bordados, la puntilla… y el cuello.

«Sin duda, la parte más complicada de una camisa chesa es el cuello, y les costó bastante como es normal», añade. Para esta pieza, tan característica del traje de Hecho, es necesaria una labor muy detallada, hilo por hilo y milímetro al milímetro.
Contando y quitando hilo por hilo, todas las integrantes del cursillo fueron dando forma a los cuellos, con la idea del dibujo en su cabeza. «La base es contar hilos de la tela, y a partir de allí según el dibujo, se hace de una manera u otra. Este paso es el más difícil, pero luego el resultado es único. Para entenderlo hay que verlo en persona», sostiene Orensanz.
Agosto, un resultado fascinante
Entre mangas, hilos y cuellos, el taller se dio por terminado en agosto. Más de 5 meses de trabajo semana tras semana. «Pese a que era una vez a la semana, mi casa siempre estaba abierta para dudas. Les decía que antes de cometer un fallo viniesen a mí para mirarlo», alega.
Como todo buen trabajo, pese a ser un proceso lento, el resultado no pudo ser más satisfactorio. A finales de agosto, las 10 participantes en el taller pudieron contemplar una camisa chesa confeccionada íntegramente por ellas.

«Muchas no se lo creían, pero sí. Todas quedaron fenomenal y estamos muy contentos todos», subraya María Orensanz. La mayoría de las camisas fueron regalos a familiares; hijas, nietas o sobrinas se hicieron con una pieza de un incalculable valor histórico -y sentimental-. No todos los días se regala una camisa chesa.
«Ver cómo avanzaron desde el inicio hasta agosto también es un orgullo para mí. Yo también dudaba si iba a poder transmitir todo lo que sabía sobre la camisa, y todas las que han participado me han enseñado mucho. Han sido un grupo inmejorable», explica la profesora emocionada.
¿Próximo cursillo?
Con todavía una sonrisa, la Fundación L’ Ausín y María Orensanz miran a 2026 con la idea de hacer un nuevo cursillo. Tras el éxito del primero, la idea es realizar otro del mismo calado.
«Algunas que han hecho la camisa ahora quieren lanzarse a por el traje, son valientes. Todavía lo estamos pensando y nos sentaremos a hablarlo. Las hay que quieren hacer de nuevo el cursillo de las camisas para otro familiar. De una forma o de otra, la decisión que tomemos irá destinada a seguir promoviendo nuestra tradición chesa», sentencia.
Por Jorge Callau
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