Este fin de semana muchos puntos de España se preparan para celebrar el Día de Todos los Santos. Una festividad muy arraigada y con gran tradición. Sin embargo, aquí, en la montaña, esta fecha casi nunca se ha celebrado. Hasta hace escasas décadas, en nuestros territorios no era un día de festividad, sino que la noche d’animas, que era como se le conocía, era una jornada sobria y de recogimiento, en la que la oscuridad y silencio se apoderaban de las calles. ¿Qué hacían nuestros antepasados en la noche d’animas?

Sobriedad para celebrar la noche D’animas
Hasta hace escasas décadas, nuestro territorio apenas celebraba el Día de Todos los Santos. A diferencia de la actualidad, no había festejos ni risas, sino que la noche del 31 de octubre al 1 de noviembre era sobria, y servía para rendir única y exclusivamente homenaje a los difuntos.
La principal característica, ya comentada, era la sobriedad. «En nuestro territorio no había fiestas en la noche d’animas. Por ejemplo, en Barbastro sí que se celebra de hace años; pero aquí se caracterizaba por ser mucho más sobrio», apunta Mariajo Bescós, experta en tradiciones de la zona.
Nada de música, ni fiesta; únicamente silencio y oscuridad para acordarse de aquellos que un día estuvieron y cuya alma vaga por las calles de los pueblos. «No hay una razón clara de porqué la gente no se juntaba en las calles para celebrar este día, quizá una respuesta lógica es porque en la montaña hacia mucho frío para esta época y se quedaban en casa», explica Bescós.
Una luz para conducir a las almas hasta el cementerio
Una de las pocas tradiciones que existía en esa noche d’animas tenía que ver con las lámparas y candelabros. Los vecinos y vecinas colocaban una pequeña lámpara en sus ventanas o puertas, con el objetivo de guiar con su luz a las almas de las calles hasta el cementerio.
«El pueblo se llenaba de luces esa noche, no había gente por la calle, sino que las lámparas o candelabros se dejaban en las ventanas y puertas de las casas para que las almas de sus difuntos supieran llegar por el camino iluminado hasta el cementerio», añade Mariajo Bescós.
Los niños: en casa y con las calabazas para la noche d’animas
Los más jóvenes eran la parte de la población que más celebraba esta fecha, pero obviamente sin salirse del tono sobrio impuesto. Para la noche d’animas, aprovechando la agricultura del momento en la montaña, los niños y niños se dedicaban al vaciado de calabazas.
«No se hacían formas ni caras para asustar en las calabazas. La verdadera esencia del vaciado de calabazas de nuestro territorio era colocar una vela dentro para lograr esa luz que guiase a las almas hasta el cementerio», comenta Bescós. «Ahora nos quieren hacer pensar que las calabazas siempre han sido con caretas de terror, pero aquí antes ya se utilizaban las calabazas para portar la luz», alega.
Como mucho, los abuelos de las familias podían contar en casa alguna historia, pero muy lejos de la tradición de ahora. «Los niños no tenían el peso de ahora en la jornada, era sobria para acordarse de los difuntos», destaca.
Los más mayores y su historia con el monumento de los difuntos
Los familiares más mayores tenían una labor durante ese día: la preparación del monumento de los difuntos. Se colocaba un banco delante del altar mayor de la iglesia de cada pueblo, y los miembros más mayores, en representación de cada casa, colocaban en dicho mueble la vela en honor a sus difuntos.
«El monumento a los difuntos era un banco muy grande, y allí se ponían las velas de cada casa. Normalmente se sabía de qué casaera cada una ya que los candelabros tenían identificaciones propias. Delante de él se rezaba para que las almas llegaran a buen puerto», sostiene Mariajo Bescós.
Las flores, la tradición que ha llegado hasta nuestros días
Una de las pocas acciones que hacían nuestros antepasados en la noche d’animas y que ha llegado hasta nuestros días es la de llevar flores a las lápidas del cementerio. Pese a haber cambiado mucho, las escenas de las lápidas llenas de flores siguen protagonizando los últimos días del mes de octubre.
«Es triste que se haya comercializado tanto un día que antes era para rendir homenaje a nuestros difuntos. Se puede abrazar una nueva tradición como la de Halloween, pero sin olvidar la nuestra. Y creo que nuestra noche d´animas está totalmente olvidada», lamenta Bescós.
Por Jorge Callau
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