La mítica radio de Albert Le Lay, el ‘Schindler’ de los Pirineos, regresa a la Estación de Canfranc

A Albert Le Lay, jefe de la aduana francesa de Canfranc, le llamaban el Schindler de los Pirineos por las vidas que salvó durante la Segunda Guerra Mundial colaborando con la Resistencia desde su puesto de responsabilidad en la Estación Internacional. Su familia ha donado a Canfranc la radio original que utilizó Le Lay, que ya puede contemplarse en la Coctelería del Canfranc Estación, a Royal Hideaway Hotel. En un homenaje a Albert Le Lay y a su fascinante historia, la radio regresa al lugar de donde salió.

La mítica radio de Albert Le Lay, el 'Schindler' de los Pirineos, regresa a la Estación de Canfranc. En la imagen, Georges García; Victor Fairén (nieto de Albert Le Lay) y Lola Bonilla, hija de Lola Pardo, agente del correo secreto de la Resistencia. (Foto gentileza de Georges García).
La mítica radio de Albert Le Lay, el ‘Schindler’ de los Pirineos, regresa a la Estación de Canfranc. En la imagen, Georges García; Víctor Fairén (nieto de Albert Le Lay) y Lola Bonilla, hija de Lola Pardo, agente del correo secreto de la Resistencia. (Foto gentileza de Georges García).

La radio de Albert Le Lay

Desde hace unos días, la radio de Albert Le Lay, el jefe de aduanas de la Estación Internacional de Canfranc durante la Segunda Guerra Mundial, puede contemplarse en la Coctelería del Canfranc Estación, a Royal Hideaway Hotel. Víctor Fairén, nieto del Schindler de los Pirineos, que pasó a la historia por poner en juego su vida como espía de la Resistencia francesa para salvar otras muchas, la donó al Ayuntamiento de Canfranc el pasado otoño.

Le Lay llegó a Canfranc en 1940, y a hasta que fue descubierto por la Gestapo en 1943, su papel fue clave para salvar innumerables vidas y hacer llegar a los aliados información crucial para terminar con el nazismo.

Georges García: «Albert Le Lay salvó muchas vidas, incluso después de la guerra»

«Era un colaboracionista -sobre el papel, porque después quedaría claro lo contrario- del Gobierno de Vichy. Se ganó la confianza de los alemanes y aprovechó esa confianza para desenvolverse en funciones ligadas a la inteligencia, al espionaje y, conforme fue avanzando la guerra, terminó ayudando a los refugiados. La historia de Albert Le Lay fue evolucionando en Canfranc con la situación de aquel momento. Hasta que al final fue descubierto y tuvo que huir. Su discreción salvó la vida a muchas personas, incluso ya terminada la guerra», explicaGeorges García, que ha dedicado gran parte de su vida profesional y personal a investigar la historia de Albert Le Lay.

Para Georges García, sigue habiendo una deuda histórica en el reconocimiento a la figura de Albert Le Lay. «Continúan saliendo posibles vías de investigación que amplían la repercusión de las acciones de Le Lay. Hoy sabemos que mensajes relacionados con operaciones como el desembarco de Normandía, que no se enviaban por radio para evitar que se interceptaran las frecuencias, pasaron por Canfranc, que era el sitio más seguro gracias a la red que proporcionaba Albert Le Lay a los aliados. Y eso todavía hay que ir poniéndolo en valor», señala García.

La radio de Albert Le Lay

«La radio de Albert Le Lay es el más claro ejemplo, el testigo, de lo que hizo Albert Le Lay durante la Segunda Guerra Mundial. Es una radio aparentemente ‘normal’, de la época, en teoría para coger frecuencias cercanas, pero que él la supo modificar, empleando la parte norte de la Estación, que hoy ocupa el hotel, como un gran receptor, como una megaantena para poder captar señales a miles de kilómetros. Él utilizaba la radio para agasajar a sus invitados, les ponía música… Y nadie podía imaginar que un objeto tan sencillo como aquella radio le servía para captar los mensajes y las instrucciones de los aliados a través de la BBC», señala Georges García.

Cuando Albert Le Lay tuvo que huir de Canfranc, una persona que trabajaba como parte del servicio para la familia encontró la radio y la guardó con otros objetos personales, como una vajilla. La Gestapo había entrado en la casa y lo había registrado todo, pero no reparó en la radio. Cuando, al finalizar la guerra, Albert Le Lay regresó a Canfranc, le devolvieron aquellos enseres que le habían guardado desde que se fue. Entre ellos, la radio. Después, aquella radio viajó con él hasta el País Vasco-Francés, donde falleció en 1988.

La radio terminó en Madrid en manos de su nieto, Víctor Fairén, que durante años buscó las piezas originales necesarias para restaurarla

La radio terminó en Madrid en manos de su nieto, Víctor Fairén, que durante años buscó las piezas originales necesarias para restaurarla y, de esta manera, poner en valor la historia de su abuelo.

«Ahora era el momento de recuperarla, tras la restauración de la Estación Internacional, con el proyecto de la explanada, y con el edificio lleno de vida», señala García. Él ha sido depositario de la radio y el encargado de entergarla a los responsables del hotel de la Estación de Canfranc, en virtud de su estrecha relación con los descendientes de Albert Le Lay y del trabajo que ha venido desarrollando en los últimos años para dar a conocer su figura.

En este sentido, hay que poner en valor también la generosidad de la familia de Albert Le Lay a la hora de ceder un objeto de tanto valor sentimental. «Su nieto Víctor considera que la radio es un objeto que no pertenece a su familia, sino que pertenece a la historia de Canfranc, a la historia de la Segunda Guerra Mundial y a la historia de la frontera. Porque no hay que olvidar que gracias a los mensajes que pasaron por esa radio, Le Lay pudo salvar, de forma directa o indirecta, la vida de mucha gente. Por eso, más que un recuerdo familiar, él cree que es parte de la historia, algo que hay preservar y que hay que compartir», añade Georges García.

La mítica radio de Albert Le Lay, el 'Schindler' de los Pirineos, regresa a la Estación de Canfranc. en la imagen, la radio ya colocada en La Biblioteca del hotel Canfranc Estación, donde se exhibe en la actualidad. (Foto gentileza de Georges García)
La mítica radio de Albert Le Lay, el ‘Schindler’ de los Pirineos, regresa a la Estación de Canfranc. en la imagen, la radio ya colocada en La Biblioteca del hotel Canfranc Estación, donde se exhibe en la actualidad. (Foto gentileza de Georges García)

La radio regresa donde comenzó todo

Hoy, la radio de Albert Le Lay ha vuelto, curiosamente, a la parte norte del edificio. Se exhibe en La Biblioteca, justo debajo del apartamento donde vivió el Schindler de los Pirineos. «Es el mejor lugar que se podía haber elegido -añade-. Porque esa fue la parte que modificó Albert Le Lay con ingeniería que permitió captar ondas lejanas y recibir las instrucciones. Además, igual que entonces era el lugar de reunión cuando terminaba el trabajo de aduanas, y donde Le Lay agasajaba a sus amigos, hoy ese espacio es un lugar donde descansar, tranquilo, con buena música de fondo».

El regreso de la radio de Albert Le Lay a Canfranc cierra un capítulo más en la fascinante historia de Canfranc y su Estación Internacional. Pero, como asegura Georges García, no es el último: «Todavía no se sabe todo lo que pasó en Canfranc. Cada día van saliendo nuevas informaciones, conforme se van desclasificando documentos de los años 40 al 50 del siglo pasado que hay que traducir y analizar. Mucha gente piensa que es una historia ya cerrada, y como demuestra esta radio no es así. Falta mucho camino por recorrer en la historia de Canfranc».

Por Rebeca Ruiz

Sobre Albert Le Lay

En el año 1940 es nombrado Jefe de Aduanas y le destinan a Canfranc. Hombre culto, educado, elegante y de trato sencillo, que pronto obtuvo buenas relaciones con sus contemporáneos. La frontera ferroviaria de Canfranc era la única abierta de todas las hispano-francesas, concentrándose en ella los acontecimientos fronterizos más singulares de la II Guerra Mundial. Al poco tiempo se pone en contacto con él el Coronel Rémy, líder de la resistencia francesa. Desde ese momento comienza su actividad dentro de la resistencia haciendo de enlace con los aliados.

En 1943 Albert Le Lay es descubierto por la Gestapo, teniendo que huir en barco en una situación desesperada hasta Argel, donde se concentró el gobierno de la Francia Libre comandado por el General De Gaulle. Posteriormente, también estuvo destinado en el Líbano y Siria con la misión de poner orden en una Administración corrupta. En agosto de 1944, desembarcó en la Provenza, Francia, con la intención de ir a París lo más rápidamente y hacerse cargo de la Administración de Hacienda.

Finalizada la Guerra, fue reconocido con múltiples honores que nunca aceptó, pues siempre dijo con humildad: “Solo he hecho lo que había que hacer”. Entre los muchos reconocimientos concedidos estaba el de elegir algunos de los mejores destinos administrativos del Estado Francés, pero él eligió volver a Canfranc, donde se había sentido tan bien arropado en sus actividades por los canfranqueses. De hecho, en tono jocoso, se le escuchaba decir en tertulias amigables en Casa Marraco o en el Bar Nevada: “Estoy tan bien que siento que soy el Rey de Canfranc”.

Entre sus actos cabe destacar el pasar la primera radio usada por la Resistencia Francesa. Pero el más importante fue ayudar a personas salvándoles la vida, entre las que se encontraban judíos, aviadores aliados, resistentes franceses y gente que huía de los nazis sin tener la documentación en regla. Lo hizo bien escondiéndolos en lugares ocultos de los vagones, mezclándolos entre los pasajeros, ocultando a aquellos que atravesaban las montañas o suministrando documentación falsa.

En 1957 lo trasladaron a Bayona y posteriormente a la Rochelle, su último destino. Fue en San Juan de Luz (Francia), donde falleció en 1988 a la edad de 89 años, permaneciendo voluntariamente en el más absoluto de los anonimatos.

Fuente: Taller de empleo Acondicionamiento ferroviario y ajardinamiento del entorno de la estación de Canfranc promovido por el Ayuntamiento de Canfranc, donde existe un rincón memorial dedicado a Monsieur Albert Le Lay

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