La Diputación Provincial de Huesca rinde un sentido homenaje a la novela que inmortalizó la historia de Ainielle y de su último habitante Andrés, de Casa Sosas. La lluvia amarilla, escrita por Julio Llamazares en 1988, se ha convertido en todo un símbolo del éxodo rural y además ha conseguido llevar el nombre de la provincia de Huesca y su Pirineo por el mundo, siendo traducida a más de 30 idiomas. Por todo ello, la institución ha programado una serie de actividades y actos en paralelo a una delicada exposición que se puede visitar en Huesca hasta el 31 de marzo y que a continuación viajará a Sabiñánigo.

Muchos altoaragoneses sintieron un auténtico flechazo con la lectura de La lluvia amarilla
Muchos altoaragoneses sintieron un auténtico flechazo con la lectura de La lluvia amarilla, cuya primera edición alcanza casi las cuatro décadas. Remueve las entrañas de los descendientes del Pirineo, de aquellos que tuvieron que trasladarse a otras poblaciones y ciudades como Huesca, Zaragoza o Barcelona, para poder prosperar.
Aunque en realidad el monólogo que escribió Julio Llamazares no tiene fronteras. Habla de un drama humano universal y de un fenómeno del que ahora se hace eco todo el mundo como es la despoblación. El propio autor estuvo en la inauguración de la muestra en la Diputación Provincial de Huesca, acompañado del autor de las ilustraciones que acompañan una edición especial y limitada encargo de la institución Antonio Santos.


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