El salterio es uno de los instrumentos por excelencia de nuestra zona. Con una gran tradición a sus espaldas, lleva siglos aportando sus melodías como banda sonora de la vida de los jacetanos y los serrableses, entre otros. Un instrumento único, en La Jacetania y el Alto Gállego, que con su fiel compañero, el chiflo, consigue compartir armonías que forman parte de celebraciones como la de Santa Orosia o la de San Juan. Sin embargo, su vida comienza mucho antes. Desde que la madera es recogida, se debe de llevar a cabo un proceso milimetrado, donde todos los detalles son claves. Luis Salesa, uno de los mayores exponentes de la artesanía con madera de la región, lleva varias décadas trabajando en ellos.

El salterio: la importancia de la madera y su secado
El proceso para elaborar un salterio no es fácil. Suele ser lento, y , sobre todo, muy mecánico. Tiene varios pasos que deben seguirse de manera estricta para que todo salga como se tiene pensado.
Los primeros pasos para la confección de un salterio se basan en la elección de la madera. Los hay de abeto, de nogal o de cerezo. Cada una de ellas tiene unas características determinadas que, posteriormente, son claves en el sonido.
«Si la madera es nueva, es decir, la he cortado yo del monte o de donde sea, lo primero que hago es dejarla secar. A veces la sierro ya en tablones y la seco. Este paso puede ser de años, como tengo material de sobra prefiero que se seque bien, ya que es muy importante», explica Luis Salesa.
En el caso de Luis, él mismo recibe cada año decenas de kilos de diferente madera que va a ser utilizada para leña. «No prefiero una madera respecto a otra, sirven todas. Trato que sean del país, como abeto, nogal y cerezo. Aunque de esas tres la que menos trabajo es la de nogal por tema económico», destaca.
Una labor de pieza por pieza
Tras el secado, y siendo conscientes de qué tipo de madera se va a trabajar, se procede a la elaboración del armazón y de los clavijeros superiores. «Aquí hay una clara diferencia con las guitarras. En el salterio no se pueden coger chapas y doblarlas para obtener la forma», puntualiza Salesa.
Por esta razón, hay que recortar parte por parte, con maderas detalladamente perfiladas con medidas establecidas. Para este paso, primero se dibuja la silueta sobre la madera, para después pasar a un recorte mucho más claro, para dar consistencia.

Con todo recortado, al armazón se encolan los laterales y los clavijeros superiores e inferiores, y después se añade la chapa de abajo y de arriba. Una tarea muy mecánica y que no exige errores ni de ejecución ni de medidas.
«Una vez está todo encolado y montado, ya no se puede despegar. Es decir, después de este momento si hay un problema en la caja de resonancia o en el interior habría que romper una de las partes de arriba o abajo para corregirlo. Eso significa una pérdida de material y de tiempo muy valioso», añade el artesano.
Las decoraciones y los puentes, dos partes muy características del salterio
Con todo pegado -y asegurado-, llega el momento de la personalización del salterio. Las decoraciones, propias de cada artesano, se hacen por medio de la talla, y sirven para diferenciarlos.
Otro paso clave es la colocación de los puentes, uno superior y otro inferior. Aquí existe una gran diferenciación entre los que conocemos. Según desvela Salesa: «el modelo del puente del salterio de Yebra es recto, y el de Jaca curvo. Ahora trabajo también con uno de Épila, que salió de una pintura. Este, en vez de tener una curva como el jaqués, tiene dos».

Posteriormente, se barniza la madera y se añaden las cuerdas y grapas metálicas, que son las que dan ese sonido tan característico al instrumento. «En mi caso, doy 4 manos de barniz, y las cuerdas son de tripas que antes conseguía en Alemania y ahora las encargo a India», señala.
Un trimestre para llevar a cabo el proceso
Una vez conocido el proceso, se deja entrever que se trata de un trabajo laborioso, largo y, sobre todo, detallado. Pocos son los artesanos especializados en su elaboración. «Al ser muy cansado y requerir de mucho tiempo, hago un año salterios y otro no. Por ejemplo, este año de verano a verano voy a hacer 9 salterios en total, normalmente suelo hacer menos», comenta Salesa.
En el caso de Luis, la confección de un instrumento de este tipo puede llegar a costarle «más de tres meses» desde el primer momento -elegir la madera de su almacén- hasta el último detalle. «Si haces uno, al ser el mismo proceso, puedes hacer 4 o 5 a la vez. La principal dificultad está en el principio, para preparar todo», subraya.

Luis Salesa, más de 100 salterios a sus espaldas
A día de hoy, Luis Salesa es uno de los pocos artesanos de madera que ostenta el privilegio y sabiduría para confeccionar salterios. Empezó hace varias décadas de forma autodidacta, debido a la falta de salterios en Jaca, y desde allí su relación ha ido creciendo.
«Comencé por necesidad. Me dejaron el salterio de la Catedral de Jaca, me informé y llegué a subirlo al hospital para, por medio de radiografías, pudiera ver el interior. Tomé medidas y me hice mis bocetos. De esa manera me inicié», recuerda con una sonrisa.

En la actualidad, cuenta con más de 100 salterios elaborados íntegramente por él, y sus trabajos no solo se pueden encontrar en nuestra zona. «He mandado alguno a Galicia, Canarias o País Vasco. También Francia o Italia. Funciono por encargo y a veces te sorprendes de donde te llaman porque pensamos que el salterio es cosa solo nuestra», detalla.
Él mismo celebra que en los últimos años el salterio ha vuelto a resurgir. «Existe nuestra tradición, pero hay grupos de música medieval o grupos folk que trabajan y funcionan con este instrumento», apunta.
«Para hacer un salterio, hay que saber cómo se toca y suena»
Además de formar parte del grupo tan privilegiado que puede llevar a cabo la construcción de salterios, Luis Salesa también los toca. En otras palabras, se puede decir que está presente en todo el proceso: desde la recogida de madera hasta la melodía.
En la actualidad, aporta el sonido de su salterio y chiflo en el paloteao del Grupo Folklórico Alto Aragón de Jaca, así como en el conocido Miércoles de Cecina. En trayectoria como músico también ha participado y colaborado con otras agrupaciones de la zona y de España.
«Para mí es clave tocar el salterio para su elaboración. Conforme voy confeccionándolos, voy probándolos, y sorprende porque, aunque los hagas igual, hay diferencias en el sonido: uno te sale más fuerte, otro más dulce… Así cuando vienen a por uno, dependiendo para qué lo quieran yo puedo ayudarles», explica.

Lógicamente, los salterios que él toca, también los ha hecho. «Tengo unos cuantos, pero en ocasiones especiales como Santa Orosia siempre suelo acudir al primero que me hice. Es muy especial, y créeme que tiene bastantes errores que noto. Pero es el primero y con el que mejor me siento simbólicamente hablando», recuerda.
«En cambio, para los conciertos de Miércoles de Cecina me suelo llevar dos dependiendo de la canción: más agudo o grave. Últimamente estoy cogiendo el salterio de Épila que tengo, que al tener dos puentes tiene 10 cuerdas -5 y 5- y me permite con un salterio solo interpretar varias melodías«, concluye.
Por Jorge Callau (texto e imágenes)
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