El bandolerismo en el Pirineo Aragonés en el siglo XVI

¿Qué sabes del bandolerismo en el Pirineo Aragonés? ¿Y de los bandoleros del Alto Gállego y La Jacetania? «En ocasiones, determinadas recreaciones históricas nos dan una imagen idealizada de la vida en tiempos pasados: trajes lujosos, bailes, desfiles… que distorsionan la dureza del medio en el que las gentes del común desarrollaron su vida en los siglos anteriores (…)». Por Javier Lázaro.

El bandolerismo en el Pirineo Aragonés en el siglo XVI. (Pixabay)
El bandolerismo en el Pirineo Aragonés en el siglo XVI. (Pixabay)

El bandolerismo en el Pirineo Aragonés en el siglo XVI

En ocasiones, determinadas recreaciones históricas nos dan una imagen idealizada de la vida en tiempos pasados: trajes lujosos, bailes, desfiles… que distorsionan la dureza del medio en el que las gentes del común desarrollaron su vida en los siglos anteriores.

Un ejemplo de la vida real nos lo da el conocer la situación de inseguridad en la que se encontraban muchas zonas de la Península Ibérica en el siglo XVI. Y entre ellas y de forma destacada el Pirineo Aragonés y más en concreto zonas como La Ribagorza, La Jacetania y el camino desde Zuera hasta las montañas de Sallent.

En las últimas décadas del siglo XX, los profesores de la Universidad de Zaragoza Gregorio Colás y José Antonio Salas encontraron y publicaron una gran cantidad de documentos que daban cuenta de la inseguridad en el Alto Aragón en los inicios de la Edad Moderna.

La aparición del bandolerismo

En la segunda mitad del siglo XVI, reinando Felipe II, la zona padecía los conflictos habituales del periodo. Entre ellos, los que se producían entre los concejos entre sí. O entre los concejos y los señores, las rebeliones antiseñoriales, las diferencias entre el rey y las autoridades aragonesas… Pero a toda esta situación, más o menos normal, se les añadió un nuevo elemento de alteración: la aparición del bandolerismo.

El bandolero se puede considerar como un delincuente profesional, que se colocaba voluntariamente fuera de la ley y cuya subsistencia estaba basada en el robo y el atraco en caminos, masadas, torres y pardinas. A diferencia del pequeño ladrón habitual de todos los tiempos, el bandolero actuaba en cuadrillas cuya potencia le permitía eludir la acción de los concejos, que eran la primera autoridad encargada de su persecución.

Algunos destacados bandoleros

Era frecuente que el bandolero infanzón o de la baja nobleza contara con prestigio y dotes de atracción de seguidores, lo que le daba la capacidad de reunir a su cuadrilla y a la vez disponer del respeto y -de algún modo- la protección, de sus vecinos. Así, entre los más destacados bandoleros en nuestro territorio podemos encontrar a personajes como:

  • Antonio Martón, infanzón del valle de Tena.
  • Lupercio Latrás (su hermano Pedro era el señor de Latrás).
  • Bernardo de Castro, infanzón.
  • Los Foncillas hacendados de Binaced.
  • Lorenzo Juan, importante propietario de Fonz.

En muchas ocasiones, las motivaciones de estos líderes para dedicarse al bandolerismo habían sido su enfrentamiento con determinadas autoridades y señores, o el considerar que habían sido tratados de forma injusta por las autoridades judiciales.

En nuestro territorio las dos zonas más afectadas por este fenómeno fueron el camino real a Jaca (Zuera-Ayerbe-Jaca-Canfranc) y el camino real a Sallent (entre Nueno y Sabiñánigo).

Las dificultades para combatir el bandolerismo

La dificultad inicial para combatir el bandolerismo era que el primer responsable de hacerlo era el concejo y su jurisdicción acababa en sus propios límites, precisamente el territorio donde vivía, preparaba el golpe y no actuaba el supuesto bandolero.

Las limitaciones de los concejos, las dificultades de las relaciones de éstos con el Virrey de Aragón y con el Gobernador, y el hecho de que las fuerzas del orden que se organizaban entre los concejos solo podían actuar en los territorios de realengo, ya que en los señoríos la justicia era un atributo del señor, suponía un factor que facilitaba las vías de fuga de los perseguidos.

Los continuos movimientos entre sus casas de origen y los refugios de la montaña, la colaboración con los contrabandistas y muchas veces el silencio de sus vecinos eran factores que dificultaban la persecución y las detenciones.

La utilización del territorio montañoso, las relaciones con los contrabandistas de ambos lados del pirineo y la complicidad o silencio de los montañeses y los vecinos de sus localidades eran factores que utilizados con habilidad facilitaban el poder del bandolero y la inseguridad en el territorio.

El problema del bandolerismo se fue agudizando

El problema desde el año 1556 al 1572 se fue agudizando y convirtiéndose en una importante preocupación para la zona, el reino y la Monarquía. 

Los informes de las autoridades sobre esta situación repetían e insistían en que:

«…los muchos homicidios, robos, insultos, y otras violencias… que muchos días y meses se han cometido y perpetrado…»

Ante la intensidad de la inseguridad en la zona, en el año de 1580, Jaca se dirigió al rey Felipe II pidiendo auxilio y este encargó a la Diputación de Aragón que:

«Para remedio desto, se dispusiesen y procurasen en cuanto pudieran la gente que fuera menester de manera que la tierra quedase limpia de tan ruin gente y sus moradores»

En 1582, la situación era tal que en un informe de la Inquisición dirigido al Rey se llegaba a afirmar que «no hay ministros ni oficiales que osen entrar en la montaña». Y ante este estado de cosas el Rey «ordenaba a Jaca que dirigiera todos sus esfuerzos a la captura de Lupercio Latrás».

Lupercio Latrás, durante mucho tiempo fue considerado por Felipe II como el problema más importante del bandolerismo y ordenó aplicar todo el aparato represivo del Reino a su captura. Al no conseguir el éxito pretendido el rey se ofreció a perdonarle la vida a cambio de que se alistase en los tercios, lo que Lupercio haría en 1583.

El alistamiento en los tercios, una de las medidas para reducir el bandolerismo

Esta medida del alistamiento en los tercios a cambio del perdón de sus delitos, era una fórmula que ya había servido anteriormente para dar una salida a otros bandoleros, consiguiendo disminuir temporalmente el fenómeno.

La salida de Lupercio Latrás y el enfrentamiento entre los bandoleros pirenaicos y los moriscos del valle del Ebro, liberaron a las montañas de la Jacetania y Tena de buen número de ellos y una reducción de los asaltos durante el siguiente periodo.

La vida de Lupercio Latrás continuó con otras muchas e inauditas peripecias que merecen ser tratadas aparte.

Por Javier Lázaro

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