Bernabé Aguirre nació con la montaña en sus venas. Un amor que desde bien joven le hizo estar entre picos, nieve y naturaleza, y que le llevó a pisar por primera vez Jaca en 1974. Asturiano de cuna, su relación con la ciudad jaquesa y los Pirineos fue creciendo, hasta que en 1988 se asentó como instructor en el Centro de Adiestramientos Específicos en Montaña de la Guardia Civil (CAEM) en Candanchú. A partir de ese momento, Bernabé Aguirre luchó por el desarrollo de la montaña en Aragón, instruyendo en el arte del montañismo y otras disciplinas a miles de futuros profesionales. En 2013 decidió pasar a la reserva, pero pese a irse de Jaca y volver a su Asturias natal, la montaña no salió de él. Ahora pasa sus días entre alpinismo, escalada, vías y nieve. Su extensa y laureada carrera ha hecho que en los últimos años reciba decenas de reconocimientos y premios, el último hace escasos días en su tierra, la Fayuela 2026.

1974, el inicio de la relación de Bernabé Aguirre con Jaca
Los principios de la historia de Bernabé Aguirre en Jaca se remontan a 1974, cuando iba al Colegio de Guardias Jóvenes de Valdemoro. Allí, mientras se formaba como Guardia Civil, se alistó en la sección de esquí y escalada. «En enero de 1974 acudí por primera vez a Jaca para que me enseñaran a escalar y esquiar, no sabía», recuerda el propio Aguirre.
«Poco después, en 1976, hice en el famoso Col de Ladrones los cursos de esquí y escalada de la Guardia Civil. Y tras superarlo, me vine destinado al Grupo de Socorro de Montaña de la Guardia Civil de Mieres (Asturias), donde trabajaba en los Picos de Europa«, añade.
Tras una década en las montañas asturianas, Jaca volvería a parecer en su vida. En 1988 entró en el Centro de Adiestramientos Específicos en Montaña de la Guardia Civil (CAEM) de Candanchú como instructor. «Estaba en la plantilla de instructores, recuerdo esos años muy felices. Empezamos a trabajar para desarrollar día a día los conocimientos, hasta fuimos y estudiamos cuerpos de otros países para empaparnos», destaca.
Una labor muy exhaustiva para colocar a la Guardia Civil de Montaña como un de los mejores grupos
En esos primeros años en el CAEM, Bernabé Aguirre y sus compañeros llevaron a cabo una labor muy exhaustiva con un claro objetivo: mejorar y perfeccionar la instrucción de nuevos profesionales de montaña. Para ello, desarrollaron estudios, analizando la forma de trabajar de otros grupos de montaña de países vecinos como Francia o Italia.

«De lunes a viernes recuerdo estar en la montaña, muchas veces hasta durmiendo allí. Nuestro deseo era poner en práctica todo el estudio teórico y las ideas que íbamos recopilando. Algunas servían y otras no, pero había que vivirlas en primera persona para luego decidir si transmitirlas. Teníamos referencia de todas las disciplinas de montaña, desde escalada hasta esquí pasando por maniobras de socorro», apunta Bernabé Aguirre.
«En el CAEM éramos siempre en torno a siete y diez integrantes. Trabajábamos todos para uno, para la enseñanza de los futuros socorristas», comenta.
El esquí de montaña, la debilidad de Bernabé Aguirre
Pese a dominar todas las facetas de montaña, Bernabé Aguirre admite que el esquí de montaña fue desde el principio su preferida. Con los años, consiguió ser uno de los mejores, llegando a competir a nivel autonómico y nacional durante más de 25 años.
«A parte de nuestro trabajo, cada uno en el CAEM teníamos nuestra pasión. En mi caso, con el esquí de montaña me encontraba muy cómodo y disfrutaba como el que más. Durante varios años formé parte de la selección de España de esquí de montaña. La escalada también era otro de mis modalidades», sostiene.
«Cuando yo llegué a Jaca el esquí de montaña en las estaciones no se veía del todo bien. Recuerdo que fue una labor de insistir para cambiar esa reputación, hasta el gran peso que tiene hoy, que es de nuevo olímpico», alega Aguirre.

Este amor hacia el esquí de montaña no se quedó solo en la práctica personal para Bernabé Aguirre. Fue uno de los impulsores y creadores del Equipo de Competición de Esquí Nórdico de Aduanas, que se medía contra otros países. Además de ello, poco después fundaría el equipo de Esquí de Montaña de la Guardia Civil, que cuenta con dos décadas de historia. «Era otra manera de dar promoción y visibilidad a la Guardia Civil de Montaña», reclama.
Características de un buen instructor
Durante esos años, Bernabé Aguirre instruyó a cientos de futuros profesionales en la montaña. Una experiencia que le permitió tener una amplia visión de los valores y características que debe tener todo aquel instructor en su día a día.
Además de una capacidad física, técnica y mental notoria, Aguirre destaca que la empatía «es muy importante para el desarrollo». «Tienes que ser consciente que das clases teóricas y prácticas, y saber hasta dónde puedes apretar a los alumnos o darles apoyo. Es una evolución muy bonita y excepcional», subraya.
2013, un paso a la reserva que no significaba el fin de la montaña
Tras más de dos décadas siendo uno de los referentes del CAEM, Bernabé Aguirre pasó a la reserva en 2013. «Podía haber seguido, pero en los últimos años veía ya a los alumnos como mis hijos, y era un sentimiento que no podía tener. Así que decidí dar un paso al lado y ser sincero conmigo mismo», explica el reputado montañero.

Esta decisión llevó consigo otra, su adiós de Jaca.«Fue complicado despedirme de Jaca y Candanchú, pero tras tantos años me tocaba volver a Asturias», añade. Aún así, el recuerdo que tiene de Jaca es imborrable: «Es mi casa, donde mis hijos han crecido e ido al colegio. Un sitio al que siempre volver y donde he sido muy pero que muy feliz».
«Me tendrán que tirar de la montaña»
Pese a pasar a la reserva, la montaña no ha salido nunca de su corazón. Ahora vive en su Asturias, en una casa con vistas a los Picos de Europa,«es lo primero que veo al levantarme, y lo segundo que hacemos es ir para allí a caminar, escalar y disfrutar», comenta.
Sin duda, desde 2013 Bernabé Aguirre ha mantenido su vínculo con la montaña, algo que le acompaña desde pequeño y para siempre. «Yo no saldré de la montaña, me tendrán que tirar porque es mi vida y yo no la pienso soltar nunca», alega.
En la última década ha visto cómo era galardonado en varias ocasiones, la última en su pueblo natal, Parres, que le entregaba hace escasos días la Fayuela de Oro, algo que le produce «un enorme orgullo». «He tenido la suerte de recibir unos cuántos, pero el que me entregó el Club Peñalara, que es una eminencia a nivel nacional, me hace especial ilusión», añade. Admite que la Medalla de Oro de los Guías de Montaña de la Asociación Española tampoco se la esperaba.
El momento actual de la montaña, ¿moda o necesidad?
Como experto montañero, hace un balance de la situación actual de la montaña. «Cuando yo empezaba éramos cuatro locos, ahora ves cómo cada vez hay más y más gente. Una evolución muy positiva y lógica que puso las bases para lo que tenemos hoy», recuerda el protagonista.
El propio Aguirre destaca que «pese a tener muchos medios de apoyo para empezar en la montaña», a día de hoy la gente principiante rescata información de lugares no fiables.«Es muy importante ir a hacer cualquier actividad con previsión, para evitar algún problema o error», añade. Aún así, expresa que «todo el mundo tiene que subir y disfrutar de la montaña, para saber de verdad lo que tenemos a más altura».
«El consejo que daría a los más jóvenes es que nunca se fuesen solos a hacer alguna ruta de montaña o de esquí o de lo que sea. Busca un guía junto a tres o cuatro más personas de tu mismo nivel, para aprender de él y poder ir cogiendo confianza entre todo el grupo, viendo los pasos que hay que dar. Ya llegará el momento de salir solo, pero hay que aprender bien», sentencia.
Por Jorge Callau
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