Este fin de semana el Museo Diocesano de Jaca celebra su decimosexto aniversario desde su reapertura. Fue el 9 de febrero de 2010 cuando se reabrió un nuevo capítulo del patrimonio histórico del territorio, y desde entonces este espacio se ha convertido en uno de los puntos de referencia para todos los jacetanos. Sus conocidas exposiciones permanentes y temporales hacen que sea visitado por cientos de personas en su día a día. Detrás hay un arduo trabajo de investigación, análisis, conservación y recuperación de piezas. A las que se conocen se añaden muchas otras que forman el famoso fondo escondido, integrado por ejemplares que todavía no han salido a la luz y esconden siglos en su historia. Por delante, se encara un año lleno de ilusión y optimismo, marcado por la noticia estrella de la apertura «muy inminente» de la esperada torre campanario de la Catedral. «La idea es seguir trabajando para atraer no solo a expertos, sino también para dar a conocer a todo el mundo lo que el museo puede mostrarles», expresa Belén Luque, su directora.

9 de febrero de 2010, la reapertura del Museo Diocesano de Jaca
La nueva vida del Museo Diocesano de Jaca se remonta al 9 de febrero de 2010, día en el que reabrió sus puertas tras un período de trabajo y reacondicionamiento de espacios. 16 años después, este fin de semana celebra su decimosexto aniversario con un fin de semana de puertas abiertas para todo el público. Por el camino aparecen miles de historias, recuerdos y un arduo empeño, que ha hecho del Museo Diocesano de Jaca un referente del patrimonio a nivel nacional e internacional.
«Para nosotros celebrar cada año el aniversario es muy muy positivo. Echando la vista atrás, se han hecho muchísimas cosas de las que estamos tremendamente orgullosos. Es cierto que siempre quedan cosas por hacer, pero da un poco de vértigo ver todo lo que se ha conseguido cuando recorres las salas», expresa Belén Luque, directora del Museo Diocesano de Jaca.
Una historia que no sería posible sin el trabajo diario que todo el personal del museo realiza. Parte de una labor que no se ve, pero que permite al visitante admirar a escasos centímetros miles de años de historia. «Al ver una exposición quizá la gente no es consciente de lo que hay detrás. Desde seleccionar las piezas hasta su estudio, análisis, investigación y restauración. Existe un criterio que no se puede exponer nada sin que esté restaurado, así que el proceso es muy largo. Todas las partes tienen que ser aprobadas por el Gobierno de Aragón al considerarse todo el conjunto Bien de Interés Cultural», añade Luque.
«Uno de nuestros objetivos primordiales es que el Museo Diocesano llegue al gran público»
Durante estos 16 años, uno de los principales trabajos en los que se han centrado las fuerzas del museo ha sido en transmitir el mensaje a toda la población. «Somos conscientes que los amantes y expertos del Románico van a venir, pero no nos conformamos con eso. Queremos llegar al gran público en general. Que entiendan que el Románico no era gris ni era piedra», comenta la directora.

Para calar entre la población, se lleva a cabo un proceso de análisis de cada una de las piezas. En él, más allá de su clasificación, se busca contar su historia y mensaje que posee, con el propósito de que todo el mundo entienda su importancia histórica y el sitio que ocupó.
«Por ejemplo, tenemos la gran suerte que parte de nuestra colección viene de pequeños pueblos. Así que a través de esos ejemplares queremos contar la historia de ese lugar, que en algunos casos está inhabitado o incluso en ruinas», expresa. Hay piezas expuestas en el museo que son el único testigo y recuerdo que queda de poblaciones que en su momento fueron hogar de decenas de personas.
El Capitel del Rey David y los Músicos, y el Capitel del Sátiro, dos recuerdos que quedarán para siempre
Pese a guardar cantidad de historias en el recuerdo, Belén Luque admite que «hay un par de momentos que han sido especialmente felices» en estos 16 años. Ambos tienen que ver con los capiteles que pueden admirarse en la actualidad: el Capitel del Rey David y los Músicos y el Capitel del Sátiro.
Sobre el primero, Luque destaca que es «uno de los emblemas de la colección». «Recuerdo que no se pudo tener listo para la reapertura en 2010 porque en los meses de antes vimos que había unos problemas en la propia piedra, que nos obligó a dejar de lado la limpieza con láser y optar por un proceso manual, mucho más lenta. Se comenzó a exponer en mayo de ese año, y ese día lo recuerdo con gran alegría», sostiene emocionada.

El episodio del segundo capitel sucedió en el quinto aniversario, en 2015. «Junto con la Asociación Sancho Ramírez conseguimos restaurarlo, y colocarlo. Su incorporación supuso un antes y un después, ya que era un ejemplar único e importantísimo por su significado», apunta. Cabe destacar que el Capitel del Rey Sátiro pasó muchos años escondido en el altar de la propia Catedral de Jaca, siendo únicamente conocido por los expertos del Románico.
Un apoyo que cada día va a más
En la actualidad, el Museo Diocesano pasa por un momento «muy bueno» en cuanto al apoyo. Su directora comenta que la sociedad cada vez «apoya más cada una de las propuestas «. Un hecho que ratifica el logro de haber transmitido su mensaje a la población.
La labor didáctica también es clave. Cada semana, el Museo Diocesano recibe a niños de diferentes centros educativos del entorno. «Para nosotros es una gran alegría. Hay veces que nos plantean retos, y nos parece muy positivo hacer nuevas dinámicas, porque nos obliga a reinventarnos», subraya.
La colección de piezas también ha crecido notoriamente en los últimos años, aunque el espacio sigue siendo un factor que limita las exposiciones. «Las salas de pintura mural son nuestra joya más conocida, y la parte que más ha evolucionado ha sido la parte de tallas de vírgenes románicas. Intentamos no acumular piezas, de manera que las vamos actualizando y rotando para que en dos o tres años se muestren diferentes ejemplares. En la parte de la Edad Moderna también se han incorporado nuevas, así como en la de orfebrería», destaca.
La «muy inminente» apertura de la torre campanario de la Catedral marca el devenir del Museo Diocesano
En cuanto al futuro a corto plazo, Luque destaca que el principal proyecto es la apertura de la torre campanario de la Catedral. Una iniciativa en la que se lleva trabajando muchos meses, y cuyo final es «muy inminente». «No podemos dar una fecha exacta, pero ahora ya podemos decir que su apertura será en un período de tiempo muy breve. La torre campanario por fin será visitable», anuncia.
«Nuestra ilusión de este suceso no solo es por el turista, sino por la gente de aquí. Queremos mostrarle a la población de Jaca una nueva visión de la Catedral ya que nunca han subido allí, o bien se acuerdan de contemplarlo de muy pequeños. Tenemos una presión que es muy bonita por todo lo que implica», comenta.
Los fondos escondidos, la parte más desconocida del Museo Diocesano de Jaca
La colección de piezas que ostenta el Museo Diocesano de Jaca va mucho más allá de lo que se ve en las exposiciones. Detrás de ellas existen fondos escondidos, donde se cuenta con cientos de ejemplares que todavía no han salido a la luz. «Tenemos que seguir estudiándolos para contar su historia verdadera, es un trabajo arduo», admite Luque.

La mayoría de los fondos pertenecen a pueblos despoblados del territorio, cuyo patrimonio llegó a manos del Museo Diocesano en la década de los 60 y 70, momento en el que se formó este espacio escondido. «Se trasladaron muchas piezas hasta Jaca para evitar robos y abandono, y desde entonces están aquí», desvela la directora.
Cada una de las piezas está «perfectamente inventariada», gracias a una labor muy grande desde la Diócesis de Jaca. Cientos de piezas, que en su mayoría pertenecen a orfebrería religiosa, así como a tallas renacentistas y barrocas. «No te sabría decir una cifra exacta, ya que a las de los pueblos se añade una gran colección de rincones de la propia Catedral de Jaca», añade.
Exposición temporal sobre San Urbez, la más próxima
Además de la gran novedad de la torre campanario, la cita más próxima en el calendario del museo es una exposición temporal sobre San Urbez. Se ha organizado por la Cofradía de San Úrbez junto con los tres museos diocesanos de la provincia: el de Huesca, Barbastro-Monzón y Jaca. «Es la primera vez que los tres hemos participado en el proceso completo de una exposición, desde la selección hasta el movimiento», alega. Llegará a suelo jacetano a finales de febrero.

Se le suma la clásica exposición de Semana Santa, una exposición junto a la Asociación Sancho Ramírez, la colaboración con el Festival Internacional en el Camino de Santiago y la participación en los cursos de verano de la Universidad de Zaragoza. «Esperamos seguir también con toda la labor didáctica y los múltiples talleres que desarrollamos. La acogida de estudiantes en prácticas es clave para nosotros. Hemos formado a casi 35 en los 16 años que llevamos, y verles ahora como doctores es un orgullo», sentencia Belén Luque.
Por Jorge Callau (texto y fotos)
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