Hace exactamente 30 años, el Regimiento de Infantería de Cazadores de Montaña Galicia 64 partía de Jaca rumbo a Bosnia Herzegovina en misión de paz, en lo que fue su primer despliegue en el exterior. Este viernes, más de 150 militares que formaron parte de aquel contingente se volvían a reunir en el Acuartelamiento La Victoria. Con una parada militar, en la que no ha faltado el sentido recuerdo para los caídos, se han convertido en los protagonistas de un sencillo, pero entrañable homenaje en torno a un momento histórico para las Tropas de Montaña.

XXX años del despliegue del Regimiento Galicia en Bosnia
El patio de armas del Acuartelamiento La Victoria de Jaca se convertía este viernes en el escenario de la conmemoración del trigésimo aniversario del despliegue del Regimiento de Infantería de Cazadores de Montaña Galicia 64 en Bosnia Herzegovina. En el transcurso de la jornada, también se han entregado reconocimientos a varios militares de la unidad.
Corría 1995 cuando de aquí partía el contingente que desplegó en un país que apenas tres años antes había entrado en una guerra fraticida que se cobró, según Naciones Unidas, más de 100.000 vidas. Fue un momento histórico: era la primera vez que los cazadores del Galicia desplegaban en el exterior, bajo el mando de la ONU y la OTAN. Más de 150 de ellos se reunían hoy, de nuevo, en el cuartel. Lo hacían entre anécdotas, la emoción de los recuerdos de aquellos años y con los compañeros fallecidos siempre presentes.
Aquel despliegue en Bosnia supuso, como recordaba el coronel Francisco de Asís Iranzo, jefe del Galicia 64, todo «un hito«. Fue «la primera misión internacional de las Tropas de Montaña, abriendo el camino a posteriores participaciones en prácticamente todos los escenarios en los que han desplegado las fuerzas Armadas Españolas en los últimos años: Bosnia, Albania, Kosovo, Afganistán, Mali, y Líbano». Despliegues que han ido forjando la historia del Regimiento Galicia, que escribirá un nuevo capítulo con su regreso al Líbano, previsto para 2026.
Las Unidades de Montaña en Bosnia
El coronel Iranzo explicaba cómo transcurrió aquel periodo en Mostar, epicentro de un conflicto que marcó un punto de inflexión en Europa y que despertó los fantasmas de la Segunda Guerra Mundial, poniendo en valor la capacidad y la preparación de las unidades de montaña para la misión que se les había encomendado.
Relataba cómo se pintaron de verde los vehículos blancos de la ONU «en una sola noche»; o cómo a partir de aquel momento cambió la imagen de los militares allí desplegados, con su característica boina azul hasta entonces, por la verde de los cazadores de montaña. Fue una misión que puso a prueba no sólo «los conocimientos tácticos» o estratégicos de la unidad, «sino también sus valores», reivindicaba el jefe del Regimiento Galicia, en un guiño a los homenajeados.
El general Antonio Ortiz, Jefe del Mando de Tropas de Montaña Roncesvalles, era el encargado de presidir el acto. Una parada militar que concluía con un desfile donde Ortiz compartía tribuna con el hoy teniente general Fernando Sánchez-Lafuente -en el 95, jefe del Batallón Pirineos- y el general Manuel Rodríguez – que mandó las Tropas de Montaña cuando la Jefatura estaba en Jaca, hasta hace una década-. En su transcurso, los militares que formaron parte de aquella misión de 1995 han recibido una bandera de mochila conmemorativa. Al mismo tiempo, el teniente general Sánchez-Lafuente entregaba al coronel Iranzo un cuadro con el emblema del Batallón Pirineos.
Treinta años después, el mismo patio, el mismo orgullo
El Suboficial Mayor del Regimiento Galicia también formó parte de aquella primera misión en el exterior. Antonio Tena explicaba cómo se vivieron aquellos meses, y recordaba cómo la Agrupación Aragón se formó en base a la Brigada de Cazadores de Alta Montaña -con el Batallón Pirineos-. Treinta años después, en el mismo patio de armas que les vio partir, se vivía una jornada de celebración. «Es un día de reencuentro, de felicidad. Un día de orgullo, de emociones encontradas, y especialmente de recuerdo para los compañeros que no pueden estar con nosotros», señalaba, con cierta nostalgia, el Suboficial Mayor del Regimiento.
Cuando desplegaron en Bosnia, «fue un momento de emoción y de orgullo. Con un poco de incertidumbre, no lo vamos a negar, porque era la primera vez que salíamos a realizar misiones fuera de nuestras fronteras. Íbamos a un país que se estaba desintegrando. Las imágenes de la televisión eran brutales, y sólo nos mostraban dolor y destrucción», recuerda Antonio Tena. Se preparaban para interponerse en las facciones que estaban en conflicto en un escenario, en Los Balcanes, «para mantener la paz y el orden» y «transmitir tranquilidad, seguridad y calma».
El granito de arena del Regimiento Galicia en Bosnia
Lo hicieron bien. Tanto, que hoy Mostar «es una ciudad preciosa, donde todos conviven sin ningún problema. Y es motivo de orgullo cómo ese granito de arena que pusimos los militares españoles ha ayudado a que treinta años después, en esta nación, puedan vivir en paz», destaca el Suboficial Mayor.
España mantuvo abierta la misión de Bosnia i Herzegovina durante 23 años (1992-2015). Como recuerda el Ejército de Tierra, «fue una de las operaciones más complejas acometidas por la ONU: la Fuerza de Protección de Naciones Unidas (UNPROFOR) en Bosnia-Herzegovina. En ella, España tuvo una participación muy importante, tanto cuantitativa como cualitativamente. Fue la primera misión en la que el Ejército español participó con un contingente elevado de efectivos durante un periodo de tiempo amplio».
Por Rebeca Ruiz (texto e imágenes)
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