El mercadillo de Jaca da vida y mucha alegría a la ciudad». Vendedores y ciudadanos coinciden en las primeras impresiones ante el cambio de ubicación del mercado, que se ha estrenado este viernes junto a los glacis de la Ciudadela en medio de un gran ambiente. Ocho puestos de fruta, queso y textil -algunos con una trayectoria de más de 30 años- se han convertido en los grandes protagonistas de la jornada.

En medio de un animado ambiente, el mercadillo de los viernes de Jaca ha estrenado ubicación
En medio de un animado ambiente, el mercadillo de los viernes de Jaca ha estrenado ubicación junto a los glacis de la Ciudadela, en la intersección entre el paseo Giménez Abad y la calle Pico Aneto. Con la reubicación, el Ayuntamiento de Jaca da respuesta a una reivindicación histórica tanto de vendedores como de los propios ciudadanos.
El alcalde de Jaca, Carlos Serrano, y los representantes de la asociación Martes y Sábado de Huesca llegaban a un acuerdo para la reubicación del mercadillo junto a los glacis de la Ciudadela. El acuerdo contempla que los seis puestos fijos del mercadillo se situarán en la intersección entre la calle Pico Aneto y el paseo Manuel Giménez Abad. Los puestos eventuales, en su caso, se ubicarán en el paseo Manuel Giménez Abad.
«Nosotros no estamos para hacer competencia al comercio local, sino para brindar un servicio»
Cristina Laborde, propietaria de una parada de fruta de verdura donde ofrece productos directos del agricultor, celebra el cambio de ubicación. Ella regenta uno de los ocho puestos que este viernes han estrenado localización y acude al mercado de Jaca cada 15 días desde hace casi tres años.
«Ahora estamos en la campaña de cítricos y vamos a buscarlos a La Pobla de Vallbona, en Valencia. Nosotros hacemos la cosecha, el transporte y la venta directamente», señala. En la nueva ubicación, «la gente está más receptiva y contenta… y los que son de aquí y recuerdan cuando estaba por aquí el mercadillo están alegres y nostálgicos. Ha venido mucha gente y está muy concurrido. Y está ayudando bastante el día», añade la vendedora mientras da a probar una naranja a sus clientes.
«Nosotros no estamos para hacer competencia al comercio local, sino para brindar un servicio. Y no solo ofrecemos un servicio de calidad, sino que damos un servicio distinto al del comercio local. Todos buscamos trabajar y cada uno tenemos nuestra parcela», señala Laborde.
Su optimismo es compartido por su vecino de puesto, Roger Blanco. Éste se desplaza desde Biescas para ofrecer en Jaca su queso artesano de Cataluña. «El cambio de ubicación se tiene que ver; a ver si es para bueno… Hoy está mucho más animado que de normal», advierte Blanco. Sin embargo, se muestra prudente. Habrá que esperar para ver si al final la reubicación es tan beneficiosa como se presume.
«Nosotros siempre hemos estado al pie del cañón»
Laura Vanessa Giménez es de Jaca. Junto a su familia, se dedica a la venta ambulante de ropa desde hace 23 años. «Vamos por los pueblos de La Jacetania entera. Estamos muy contentos de que nos hayan cambiado a este sitio. Es una maravilla y el sitio es precioso… Ahora el tiempo dirá si funciona», apunta Giménez. «Llevábamos muchos años -continúa- pidiendo que se trasladara el mercado. Hemos visto gente que ha venido, que se iba,… pero los que hemos estado siempre al pie del cañón somos nosotros».
Desde Zaragoza lleva viniendo a Jaca Ellis Barrera, al igual que su compañera de puesto, los últimos 23 años. «Cuando hay cambios, las primeras semanas se nota mucho porque la gente quiere mirar. Y eso es muy bueno. Pero aparte de eso, creo que el cambio de lugar está muy bien», asegura. Se dedica al textil, y está especializada en ropa de montaña, sobre todo en invierno.
«Han sido muchos años de lucha para cambiar de lugar el mercadillo»
Su alegría se ha visto empañada porque le hubiera gustado estar con su marido, Raúl Restrepo, al que acaban de operar y no ha podido acompañarla. «Él es uno de los que inició el movimiento para cambiar el lugar del mercadillo. Pertenece a la junta directiva de la asociación. Han sido muchos años de lucha», explica, no sin mostrar su agradecimiento al alcalde de Jaca. Y es que todavía se acuerda cuando se trasladó el mercado al Llano de la Victoria, una decisión que pudo terminar con el mercado de Jaca.
«La gente está contentísima… Todo el pueblo. Las señoras que son del mercadillo, que ya iban allá a cuentagotas, porque les quedaba lejos, están felices», dice Barrera. Y, efectivamente, dos de sus clientas asienten, mientras sonríen, desde el otro lado del mostrador de ropa. «Allá, había días que no sacabas ni para los gastos».
«Esto tiene buena pinta»
Para Manuel Navarlaz, el cambio también «ha sido muy positivo». Navarlaz lleva viviendo en Jaca desde 2005, pero es uno de los más veteranos, porque «ya venía de Zaragoza cuando se ponía el mercado enfrente del Echevarría». «Antaño el rastro era ahí… hace unos 30 años», recuerda. «Entonces había un mercado de cuarenta y tantos puestos, grande, con vendedores que venían de fuera. Pero con lo lejos que está Jaca, lo caro que está el gasoil, las tasas,… la gente dejó de venir. Ahora estamos ocho puestos…», señala, confiando en que, con la reubicación, el mercadillo vaya a más.
En Infanta Doña Sancha, «estábamos abandonados, con muy pocos servicios. Aquí quizá el inconveniente es que hará más frío cuando llegue la época, pero tiene buena pinta», señala este vendedor de ropa de cama y ropa interior, que asegura que sus clientes son muy fieles y que Internet no le quita ventas. «Como damos la cara cada semana, si a alguien no le vale, nos arreglamos. Incluso, hay clientes que saben donde te sitúas y que se llevan el género, se lo llevan, sin pagar ni nada, lo prueban y a la semana siguiente vienen y me pagan», explica Navarlaz, al que acompaña su familia.
El comercio de siempre, la proximidad y la frescura del mercadillo
Es el comercio de siempre, la proximidad y la frescura del mercadillo. La confianza que dan los años y el oficio bien hecho. Un oficio que da puestos de trabajo y del que viven muchas familias.
«El trato con la clientela, si eres formal y cumples, es muy importante; mantener la clientela lo es todo, aunque a veces tengas que perder un céntimo», asegura este curtido vendedor. «En el mercado -dice Navarlaz- se mantiene esa convivencia del día a día que ya no se da en otro sitio. Y el ambiente del mercado es muy bonito: se charra, nos contamos nuestras cosas, que no todo es negocio, y se pasa la mañana. Hay clientes que vienen a buscar a mi mujer y se la llevan a tomar un café. Es un negocio, pero lo llevamos como amigos con el cliente. A veces, el vendedor tiene que hacer de psicólogo… hay una convivencia bonita. El rastro es bonito. Donde va el mercado, el barrio coge vida». Y el buen ambiente, al final, beneficia también a los negocios tradicionales.
«Aquí se ve alegría… hay vida»
Tras 34 años acudiendo puntualmente al mercadillo de Jaca, Sara Giménez también tiene mucho que contar. «Aquí se ve alegría. Hay vida… Lo de allá estaba muy batidico. Yo soy de Huesca, y sigo viniendo a Jaca todas las semanas, los viernes, y a Sabiñánigo todos los jueves. Las quiero a todas (se refiere a sus clientas). Conozco a todas y todas son mis amigas. Niñas que se ponían de pequeñicos debajo de la parada ahora ya son hombres», dice, mientras varias mujeres que se acercan a su puesto la saludan y le dan la enhorabuena. Ella vende ropa de hogar y pijamas.
Sus hijos no han querido seguir su camino, porque al final el oficio es muy duro. Es una forma de vida, pero como dice Giménez, «te tiene que gustar, pero es muy sacrificado. Lluvia, agua, nieve,… la montaña es así». Eso es el mercado de Jaca. Con todo, la vendedora no pierde el buen carácter y la sonrisa. «Los de Jaca son muy majos. Y yo dando gracias a Dios de que siempre, siempre, he estado con gente muy buena. Aquí no me ha salido una persona mala».
Cristina, Roger, Laura Vanessa, Ellis, Manuel, Sara,… Son todos los que están, pero no están todos los que son. Más vendedores han estrenado la nueva ubicación del mercado de Jaca. Y todos esperan que cada vez vaya a más… como hace tres décadas. Por lo menos.
Por Rebeca Ruiz (texto y fotos)
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