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Benito y Margari, premio EMMOE y guerrilleros de honor: hosteleros con mayúsculas… y con valores

Cuando hablas de Benito y Margari en Jaca sobran las presentaciones. Hosteleros de pura raza, dejaron en lo más alto a La Abuela 2 hace siete años para hacerse cargo de las cafeterías de los acuartelamientos de la USBAD Oroel en Jaca, San Bernardo y La Victoria. Enseguida se ganaron el cariño y el respeto de los militares destinados en la ciudad, a los que ya les unía una estrecha relación de su etapa anterior al frente de la mítica sidrería de Juan XXIII. El pasado mes de julio, Benito Javier Rodríguez recibía el prestigioso Premio EMMOE por su apoyo al Ejército. Y hace unos días, en Alicante, la Federación de Asociaciones de Veteranos Boinas Verdes de España le nombraba Guerrillero de Honor. Un reconocimiento a dos hosteleros de los que quedan pocos, que aman el oficio y siempre tienen una sonrisa en la cara, por mal que se pongan las cosas. Dos hosteleros que hacen grande la profesión. Profesionales con mayúsculas… y con valores.

Benito y Margari, premio EMMOE y guerrilleros de honor: hosteleros con mayúsculas… y con valores. (Foto: Rebeca Ruiz)

Benito y Margari, hosteleros que hacen grande la profesión

Benito Javier Rodríguez y Margarita Luque viven la hostelería. De hecho, han dedicado su vida a una profesión que aman, y eso se nota en que siempre te reciben con una sonrisa en la cara. por mal que vengan dadas. Por nublado que amanezca el día. Con mucho esfuerzo se han forjado una fama que les precede. Basta decir que cuando nombras a Benito y Margari en Jaca sobran las presentaciones. Son de esos hosteleros que hacen grande la profesión y la dignifican; de los que cada vez quedan menos. Profesionales con mayúsculas… y con valores. Porque más allá de sus obligaciones laborales, que no son pocas, siempre están dispuestos a echar una mano. Su empatía, su humildad, su simpatía y su buen hacer hacen el resto. Sus méritos y su apoyo a las unidades militares que pasan por Jaca les han hecho acreedores de dos prestigiosos reconocimientos.

Dos reconocimientos con un gran valor sentimental

El pasado mes de julio, durante la clausura de los Cursos de Montaña y Operaciones Especiales, Benito recogía, contento y emocionado, el Premio EMMOE. Es una distinción que concede el Ejército de Tierra desde 2020, con la finalidad de «reconocer la labor de personas, entidades, centros u organismos que, de algún modo, hayan colaborado con la EMMOE». Con este gesto, la EMMOE le agradecía los apoyos logísticos prestados a las actividades docentes de ambos cursos.

Benito (o Javi para los más amigos) explica cómo conoció la noticia: «Me pilló de sorpresa, y luego ya me enteré de que era un reconocimiento a nivel nacional. ¿Te preguntas por qué yo? Mi empresa es muy chiquitita… Cuando te dicen que había otras propuestas y que te han elegido a ti… es muy emocionante», reconoce. Fue un momento muy especial para él, como también lo fue el día de la entrega del Premio EMMOE. Nunca había estado presente en acto militar, porque en los días importantes, él se está ocupando de que todo esté a punto para el vino de honor, o para lo que corresponda. Vivir un acto solemne desde dentro, poder disfrutar de un desfile o de los honores de una parada militar casi supuso un segundo premio en un día que recordará siempre con mucho cariño.

El coronel director de la EMMOE, Carlos Núñez-Romero Andreu, entregaba el Premio EMMOE a Benito Javier Rodríguez el pasado mes de julio. (Foto: Rebeca Ruiz)
El coronel director de la EMMOE, Carlos Núñez-Romero Andreu, entregaba el Premio EMMOE a Benito Javier Rodríguez el pasado mes de julio. (Foto: Rebeca Ruiz)

Tres premios muy merecidos

Premios compartidos con todo un equipo

«En los premios aparece mi nombre, pero no es un premio solo para mí. Tengo un equipo detrás que merece todos los honores porque yo soy la cabeza visible de todo esto, pero ellos son los que lo hacen posible», apunta Benito, que tampoco se olvida de los proveedores con los que trabaja desde hace años. «Ahí están los panaderos, por ejemplo, y especialmente Panadería San Nicolás. Si yo tengo que tener bocadillos a las seis de la mañana, a mí el pan me llega a las cuatro y media. Hacen un esfuerzo colosal para que, en esos casos, los chicos se puedan ir al monte o de maniobras con el pan del día. Así es que este premio es un poco de todos», asegura.

Con más de 40 años de trayectoria profesional, los premios llegan en un momento dulce en el que Benito vuelve la vista atrás para recordar aquellos días en los que su padre le sentaba a pelar patatas. Empezó desde abajo, con mucho sacrificio. Y eso le enseñó a llevar su propio negocio y a hacerlo bien. Después, mano a mano con su mujer, comenzaron a escribir una historia que todavía tiene muchos capítulos por contar. Margari siempre está en segundo plano, pero su trabajo es imprescindible para que el engranaje funcione.

«Ella es más tímida, pero siempre está ahí. Yo todo lo consulto con ella y me fío siempre de lo que ella me dice. Ella lo controla todo desde su barra. Y ella es, al fin y al cabo, el motor principal de todo esto. Pone mi nombre en los premios, pero son los reconocimientos de los dos», dice, orgulloso, Benito, que no puede evitar emocionarse al hablar de su mujer y con sus hijas siempre muy presentes.

Siete años al frente de las cafeterías de los cuarteles de Jaca

Hace siete años, Benito y Margari se hicieron cargo de las cafeterías de los acuartelamientos de la USBAD Oroel en Jaca, San Bernardo y La Victoria. Tras llevar a lo más alto la prestigiosa sidrería La Abuela 2, era el momento de dar un cambio. «Nosotros siempre nos habíamos dedicado mucho al trabajador y también a los militares. Muchos pasaban por La Abuela 2 y teníamos una relación de años con ellos. Entonces se quedaron vacantes las cantinas y se nos propuso llevarlas. Yo dudaba, pero fue mi mujer la que tomó la decisión. A la semana supe que me quería jubilar aquí», bromea el hostelero.

A pesar de tener un horario, a Benito y a Margari no les importa tener que hacer horas extra porque una compañía llega por la tarde,… o preparar avituallamiento para llevarlo allí donde se necesite. «Hay veces que los soldados se han quedado en la montaña y no pueden bajar porque les ha pillado una nevada, o porque se les ha estropeado algo y ellos van andando… La coordinación del Ejército es muy buena, pero a veces ocurren imprevistos. Pues entonces yo les digo: ¡Despreocupaos, que voy arreando para arriba! Y allí aparece Benito con su pequeño cochecito -el benitomóvil- lleno de bocadillos o de lo que haga falta al punto donde ellos me digan.

Si no tengo acceso directo, bajan hasta un punto de recogida que acordamos. Pero se hace muy feliz y gustosamente, porque yo sé que ellos son los que están sufriendo en el monte. Porque yo estoy aquí calentito preparando bocadillos. Pero ellos están allí pelando frío y pasándolo mal como campeones», explica Benito. Es solo un ejemplo de esa capacidad de entrega, esos valores y esa vocación de servicio que le han hecho merecedor de estos dos prestigiosos premios.

El servicio de cafetería en la USBAD Oroel

Las cafeterías de los acuartelamientos de Jaca dependen de la USBAD Oroel. Su jefe, el coronel Luis Arias, reconoce que se trata de un servicio muy importante para el buen funcionamiento de las unidades.

«Con Benito estamos muy contentos porque es un hostelero muy conocido en Jaca, con una trayectoria importante, de tradición familiar. Todo su buen hacer y todo su dinamismo se traducen en el buen servicio que nos da aquí. Para nosotros, el servicio de cafetería es una herramienta de apoyo al personal. En el bar almorzamos o nos tomamos un café, pero también trabajamos mucho. Además, es un punto de encuentro para el personal de las distintas unidades. Es un servicio muy bueno logísticamente, pero es un servicio vital de cara a la moral de la tropa», destaca. «Y Benito -añade- no atiende solamente a su responsabilidad contractual o a criterios puramente empresariales, sino que da un plus de disponibilidad. Es lo que ha valorado la EMMOE para otorgarle este reconocimiento».

En el mismo sentido, José Antonio Carrascosa, suboficial mayor de la USBAD Oroel, subraya la voluntariedad del hostelero para todo lo que pueda aportar. «Su predisposición y su actitud» es lo que marca la diferencia, subraya.

Miles de militares interactúan al año con Benito y Margari

Solo en San Bernardo, se pueden llegar a servir 250 cafés y 200 bocadillos en apenas cuatro horas por la mañana. Pero en La Victoria, donde el sistema de trabajo es diferente, en una hora hay que atender a 500 personas -cuando están todos-. Es un ritmo frenético y hay que tener mucho oficio para saber llevarlo.

«La educación y el respeto que tienen los militares hacen que te encuentres a gusto y te lo pone todo más fácil. Es verdad que nosotros ya sabemos perfectamente lo que toma cada uno, porque se convive mucho. Pero aquí no oirás nunca una palabra más alta que otra», explica Benito. Cada año, miles de personas interactúan con el hostelero en las cafeterías de los cuarteles de Jaca o, en el caso de unidades que vienen de fuera, encargándole comida cuando suben a Candanchú.

Evidentemente, no es tan fácil como lo pinta y se ha encontrado, cuando sale del cuartel, en situaciones francamente difíciles. Pinchar una rueda o quedarse atascado en la nieve forma parte del anecdotario. Situaciones que a otro le frenarían a la hora de repetir, pero que Benito asume con la misma sonrisa con la que te pone un café mientras te pregunta cómo estás por la mañana. «Lo bueno es que enseguida he tenido ahí a unos cuantos que me han levantado el coche casi en volandas o me han sacado de donde sea. Así es que… ¿Cómo no voy a hacerlo? Y te puedo decir que, aunque a veces se pase mal, siempre merece la pena», asegura.

Así es Benito Javier Rodríguez. El hombre que, junto a su mujer, Margarita Luque, intenta hacer un poco más fácil la vida de los militares que pasan por los cuarteles de Jaca. Premio EMMOE y guerrilleros de honor: hosteleros con mayúsculas… y con valores.

Por Rebeca Ruiz

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