La Plataforma pro Refugiados del Alto Aragón denuncia la falta de coordinación y la desinformación de la situación de Quíos

Souda, en la actualidad

por Rebeca Ruiz

La falta de coordinación entre las organizaciones que prestan ayuda humanitaria y la limitación de las libertades de los refugiados que llegan a los campos de la Isla de Quíos son los principales problemas a los que se enfrentan los voluntarios que siguen llegando desde Europa para poder echar una mano en la mayor crisis migratoria que sufre el continente, agravada a partir del 2015 con la guerra de Siria.

Así lo reconoce Fernando Gracia, voluntario de la Plataforma pro Refugiados del Alto Aragón, que acaba de regresar de la zona tras 40 días ayudando en lo que se puede sobre el terreno. Gracia seguía los pasos de Luis Alonso, otro de los miembros del movimiento (y de otros compañeros) que en enero de este mismo año ya se desplazó hasta allí para colaborar en la atención a los refugiados.

LOGO_COLOR_HORIZONTALLa plataforma, una organización pequeña que trabaja principalmente en las comarcas del Alto Gállego y la Jacetania, nació con el objetivo de “hacer algo” ante el drama de los refugiados que continúan llegando a Europa en oleadas, huyendo principalmente de conflictos en sus países de origen. Así, dentro de sus posibilidades, sus miembros trabajan organizando festivales y recogiendo donativos y ropa cuando se necesita y desplazándose, alguno de ellos, hasta los lugares que consideran que su ayuda es más necesaria. Es la ventaja de una organización pequeña, sin burocracia, en la que sus voluntarios utilizan sus propios recursos e, incluso, sus vacaciones, para ir a ayudar a los demás, y con todas las garantías de que la ayuda que se recoge en la zona va a ir destinada directamente a las necesidades de los refugiados.

Fernando Gracia y Luis Alonso, voluntarios de la Plataforma pro Refugiados del Alto Aragón
Fernando Gracia y Luis Alonso.

Fernando Gracia ya estuvo en la zona en mayo (primero en Atenas y después en Quíos). Allí se dio cuenta de la situación que viven las familias que llegan, prácticamente con lo puesto, a los campos de refugiados. Decidió volver y acaba de regresar (antes de lo previsto, ya que las condiciones son muy duras y se ha visto obligado a acelerar su vuelta a España ante los problemas de salud como consecuencia del agotador trabajo sobre el terreno).

La falta de información en el resto de Europa acerca de lo que pasa en Quíos es uno de los grandes problemas para encontrar una solución a la situación de los refugiados. En Quíos había dos campos, que albergaban a unas 3.000 personas. Las autoridades han decidido desalojar uno de ellos, Souda, el más cercano a la zona más habitada de la isla, por lo que cada cierto tiempo se presenta la policía y, con presiones de todo tipo, como cortando el agua en duchas o retretes, obligaban a trasladarse a familias enteras al campo de Vial, más alejado de los servicios mínimos, explica el cooperante.

A veces –afortunadamente, no es una situación habitual-, el alimento no llega, y algunos refugiados se quedan sin comer. Otras veces, no hay agua en los baños improvisados, lo que les obliga a salir a la montaña, explica Gracia, muy impactado con lo que se ha encontrado en los campos griegos, a pesar de que ya contaba con experiencia previa como cooperante en éste y otros lugares, como Gambia (previamente, había conocido in situ las necesidades en la India). Quíos es una isla turística, una situación que pesa mucho en la gestión de la crisis de los refugiados, recuerda Gracia.

El transporte desde el campo de Vial -donde se concentra el mayor número de refugiados- al pueblo más cercano (unos 12 kilómetros) funciona de manera muy irregular, lo que dificulta en gran medida que estas personas puedan realizar sus escasas compras de primera necesidad -como es el caso de agua potable-. “Esta situación genera empujones, peleas y tensión por conseguir entrar en el autobús antes de que se llene y, si no se consigue asiento, hay agresiones de la policía que he podido ver con mis propios ojos”, señala el voluntario de la Plataforma pro Refugiados del Alto Aragón. Una situación que deja con las manos atadas a los voluntarios extranjeros, ya que están muy controlados por las fuerzas de seguridad y no pueden ayudar a desplazarse a los refugiados. Incluso, en ocasiones, no se les deja acceder a los campos.

Fernando Gracia recuerda que a Quíos continúan llegando botes con refugiados. Sus primeras labores sobre el terreno, la primera vez que llegó a la isla, consistían en aportar ropa, mantas y productos de primera necesidad a los recién llegados, y ayudarles con el papeleo del registro, ya que, sin ello, luego no tienen derecho a nada, ni siquiera status de refugiado.

 

 

En este viaje, Gracia ha llevado dinero de la plataforma, que se destinará a salud bucodental de los refugiados, a los casos más urgentes. Un problema muy importante debido a la desnutrición o a la falta de higiene, con situaciones muy graves. Una vez cubiertas las necesidades más básicas, en los campos de refugiados queda mucho por hacer, ya que hay muchos casos cuyos trámites se van retrasando y familias enteras pueden pasar años antes de salir hacia Atenas u otros lugares de Europa.

“Lo primero que se necesita es una coordinación centralizada”, señala Gracia. Como los refugiados se han ido desalojando, hay muchos voluntarios que no podían desarrollar su labor, ya que no existe una estrategia de trabajo planificada y eficaz.

Durante las semanas que Fernando Gracia ha estado en Quíos, ha desarrollado labores de traducción, acompañamiento, acogida,… un poco de todo. “Intentas buscar algo constructivo para que empleen su tiempo”, explica el joven, consciente de que queda mucho trabajo por hacer y de que el mayor problema es el de “la desinformación” y el “control de la información de lo que allí pasa”. Todo ello, mientras el resto de Europa cierra los ojos ante una tragedia que es desconocida e ignorada al otro lado de las alambradas.