222 millones. Artículo de opinión de Juan José Mairal

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por Juan José Mairal

Ha sido el culebrón del verano. Ni canción del verano ni nada parecido. El fichaje del brasileño Neymar por el club de futbol PSG francés. Un fichaje que ha suscitado polémica en portadas de prensa y debates televisivos y que ha costado solamente 222 millones de euros. Muchos millones por hacerse con los servicios de un joven de 25 años que quería nuevos retos deportivos, que decía amar a Cataluña, esa nación de naciones, y que se vanagloriaba hasta hace cuatro días de compartir vestuario con Messi y Suárez o, lo que es lo mismo, la MSN y pertenecer a unos de los mejores equipos del mundo, ganando unos 300.000 euros a la semana. ¡Menos mal! Y eso siendo ídolo de masas de una cultura descomunal, vendiendo camisetas por doquier y teniendo el lujo a su alcance. ¡Pura y dura envidia!

Quizás este mundo está loco, quizás todos nosotros estamos algo locos o nos están haciendo volvernos locos. Cifras o números que marean, exagerados y asombrosos, con cláusulas y contratos de otra planeta, de otro status al cual nunca mortal de a pie podremos aspirar o soñar.

Se ha abierto la veda en el fútbol para fichar a base de talonario, para cazar al mejor con millones de euros, ponga usted la cifra, para elevar a héroe o dios pagano a cualquier talento cuyo único mérito es vender camisetas, atraer dinero y meter un balón entre tres palos. Eso sí, habiendo querido desde pequeñito pertenecer al club de sus amores,  siempre y mientras no venga otro club con más pasta de por medio. Me da a mí que eso de besar el escudo de la camiseta de manera constante es algo así como el beso de Judas en pleno siglo XXI y sin cena de por medio.

Cuesta imaginar lo que podría hacer con 222 millones de euros en este país en el ámbito social, educativo, sanitario o vayan ustedes a elegir. Mejor no imaginar, créanlo. Y es que el fútbol en este país y en otros cuatro es algo así como el motor de nuestros sentimientos masculinos, sobre todo, de nuestras actitudes más internas y de nuestros valores más oscuros. Sin fútbol, nuestro país no sería un país, y eso a pesar de los 222 millones de euros, del fiasco de Villar y sus secuaces o de las deudas sin pagar de la mayoría de clubes de fútbol con Hacienda… que somos todos, dicen.  A lo dicho: ¡Qué barbaridad de millones y qué felices seguimos siendo!

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