Más de 8.000 piezas conforman la Batalla de Waterloo, la maqueta que la Ciudadela de Jaca inaugura el día 4

 

Raúl Quilez y Alfredo González
Raúl Quílez y Alfredo González, autores de la maqueta.

La Ciudadela de Jaca inaugurará, el próximo 4 de mayo, la Batalla de Waterloo, una impresionante maqueta que se enmarcará en los fondos del Museo de Miniaturas Militares y que refleja con todo detalle este importante episodio histórico. 8.063 piezas conforman este ingente trabajo, formado por 6.650 soldados (3.600 franceses y 3.050 aliados -ingleses, belgas y alemanes, entre otros-) y 1.285 caballos, 71 cañones y 57 carros de munición y avantrenes.  Son algunas de las cifras que forman parte de la espectacular maqueta, de 15 metros cuadrados, que podrá visitarse a partir del próximo mes en el Castillo de San Pedro. Allí, ocupará una sala preferente del Museo de Miniaturas Militares de la Ciudadela de Jaca.

La historia de la gigantesca maqueta de la Batalla de Waterloo de Raúl Quílez y Alfredo González empezó en 1974, cuando ambos rondaban los 20 años. Lo que en un principio iba a ser una pequeña obra de dos jóvenes aficionados cobró vida propia cuando la casa Airfix sacó a la venta una réplica de la famosa granja Haya Santa, situada en medio del campo de batalla de la campiña belga: “Aquello fue la primera tentación”, reconoce Raúl Quílez, un pequeño empresario aficionado desde niño a los soldaditos y las maquetas, que encontró en su amigo Alfredo González a su alter ego. “Él es el investigador concienzudo; yo asumo más el papel de artesano entregado”, explica.

Descubrieron en una librería de Madrid el libro Waterloo, de Henri Lachouque, que fue su primera fuente: “Aquel libro nos abrió las puertas a un desarrollo de la maqueta mucho más concienzudo”. Pero su investigación no se detuvo allí. Mucho tiempo después darían con un dato paisajístico clave que resume la profundidad de su trabajo de investigación: “En Bélgica, se utilizaba el cultivo de rotación y en Waterloo, se alternaban el trigo y el centeno”. Cuando tuvieron la certeza de que en 1815 “tocaba centeno” sustituyeron muchos de los campos amarillos de trigo por los verdes del centeno, que en junio en el norte de Europa aún no ha madurado. Hasta ese punto han llegado.

“Mi obsesión ha sido desde los inicios ser absolutamente fidedigno con los detalles históricos”, explica Alfredo González, un ingeniero técnico dedicado desde siempre al sector de la Informática. “El mayor hallazgo fue conocer el papel fundamental que tuvo en Waterloo el general español Miguel de Álava”. Se sabía o se suponía que había tropas españolas en ambos bandos. Con los franceses probablemente lucharon soldados del Regimiento José Bonaparte, compuesto fundamentalmente de españoles, y entre los aliados seguramente pelearon veteranos de la Guerra de la Independencia. “Pero que Álava, que había luchado codo con codo junto a Wellington en la península y liberado Vitoria, por ejemplo, hubiera tenido un papel tan destacado, es algo que en España era muy poco conocido”.

Alfredo González descubrió en el libro Álava en Waterloo, de Ildefonso Arenas, que el propio Wellington pagó de su bolsillo los trajes de oficiales del Ejército inglés del general español y de su ayudante de campo. “No quería que corrieran riesgos. Tenía confianza absoluta en él y en sus grandes conocimientos militares; además hablaba inglés y francés; y su ayudante hablaba alemán, por lo que podían entenderse con las tropas a su mando”. Wellington eligió el traje de mayor rango entre los ingleses convirtiendo de facto a Álava en el oficial aliado de mayor rango después del general inglés.

(Precisamente, el Consorcio del Castillo de San Pedro ha programado, entre los actos previstos para la inauguración de la maqueta de la Batalla de Waterloo, una conferencia de Gonzalo Serrats, descendiente de Álava y autor del libro El general Álava y Wellington, en el que recopila las cartas inéditas que se enviaron. Este acto tendrá lugar el 3 de mayo en el Salón de Ciento del Ayuntamiento de Jaca, a las 20.00 horas y con entrada libre, el día anterior a la inauguración oficial, prevista para el día 4).
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La conferencia se enmarca en los actos de inauguración de la maqueta.

1974-1996
Los primeros veinte años de historia de la maqueta fueron muy intensos. La primera exposición fue en 1980 en el Casino Mercantil de Zaragoza. La última, en 1996 en la Agrupación Artística Aragonesa de la capital del Ebro. Para cada exposición se preparaba una maqueta corregida y aumentada. “Cada vez era más laborioso el montaje y perdimos la ilusión por las exposiciones temporales”, dice Raúl. “Recuerdo que declinamos una invitación de Galicia”, añade Alfredo. Estaba todo en cajas, distribuido en tableros que unidos forman el todo. “Y eso que era la mitad de grande que la que se ha instalado en la Ciudadela”. Por eso, durante casi veinte años, el núcleo original de aquella maqueta descansó en un sótano.

2014-2017
Pero entonces entró en escena el Consorcio del Castillo de San Pedro de Jaca y su Museo de Miniaturas Militares. El coronel Benjamín Casanova, su director entonces, y el director del museo, Diego Fernández, contactaron en 2014 con los maquetistas zaragozanos y pusieron la Ciudadela de Jaca a su disposición. “Vimos que podíamos cumplir nuestro sueño; que la maqueta podría estar expuesta de forma permanente y en el mejor sitio posible. Para nosotros es un honor”. Así que se embarcaron en otros tres años de trabajo. Tenía que ser perfecta.

Raúl Quílez tiene calculado que han sido entre 1974 y 2017 “tres años de trabajo real, ocho horas diarias; cuarenta horas semanales”. Pero distribuidos a lo largo de casi 45 años. De repente cobraban sentido todas aquellas horas, los viajes a Waterloo, las horas de investigación y lectura no computadas… “Ha sido maravillosa la colaboración de la Ciudadela”, reconocen ambos con “una satisfacción enorme”. No se atreven a decirlo, pero no hay una maqueta comparable de la Batalla de Waterloo; con su rigor, su tamaño, su dinamismo y su escenografía en todo el mundo.

Para entender el trabajo artesano y el dinamismo logrado, baste decir que como las posiciones de cuerpo de los soldados que había en el mercado eran solo media docena y eso le daba un aspecto de escena repetida, fabricaron sus propios moldes para hacerlos en plomo. Troncos y piernas por separado para fundirlos en cientos de combinaciones. “Eso le da una variedad y un realismo que no tienen otras maquetas”.

Para la famosa derrota de Napoleón tras aquellos cien días desde su fuga de la isla de Elba, cada uno pone su propio acento. Raúl Quílez considera crucial la postrera entrada en combate de los prusianos, cuando Wellington estaba casi derrotado. Alfredo González apunta a una combinación de causas para que los casi 100.000 franceses fueran derrotados por apenas 60.000 aliados: la formación precipitada del Ejército de Napoleón, con muchos realistas en sus filas, su mal equipamiento y peor cohesión; los errores del propio Napoleón…

Lo que está claro es que Waterloo dibujó un mapa de Europa distinto al anterior. Quizá sin aquella batalla la configuración política hoy sería distinta. Algo parecido a lo que ocurre con la amistad entre Raúl y Alfredo: “Sin Waterloo sería distinta, qué duda cabe”.