Los comederos de Ansó y La Garcipollera, claves en la conservación del quebrantahuesos

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Imagen de uno de los comederos del Gobierno de Aragón. (FOTO: Comunicación Gobierno de Aragón/Nacho viñuales)

El Gobierno de Aragón, a través del Departamento de Desarrollo Rural y Sostenibilidad, gestiona cuatro instalaciones para la alimentación del quebrantahuesos, ave rapaz en peligro de extinción que tiene uno de sus últimos refugios naturales en los Pirineos, una especie que se nutre exclusivamente de huesos y restos óseos.

Se trata de cuatro puntos de alimentación específicos para este animal salvaje que están situados en el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, en el valle de La Garcipollera, en los montes de Ansó y de Torla, todos ellos vallados, pero con un funcionamiento y trabajo distinto al resto de muladares de la Red Aragonesa de Comederos de Aves Necrófagas (RACAN) existentes de forma dispersa por toda nuestra comunidad autónoma para alimentación de buitres y otras aves carroñeras. Todos ellos han sido autorizados como tales por parte del Ministerio de Agricultura, Pesca, Alimentación y Medio Ambiente, y cuentan con el informe favorable de los ayuntamientos en cuyos términos municipales se ubican.

De estos cuatro comederos selectivos o puntos de alimentación suplementaria para el quebrantahuesos, el más veterano de todos es el situado dentro de los límites del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, donde se viene trabajando desde el año 1990. Allí, en cada aporte realizado por parte de guardas, celadores, personal de mantenimiento, agentes de protección de la naturaleza y técnicos, se depositan entre 100 y 120 kilos diarios de subproductos animales no destinados al consumo humano como patas y huesos, traídos de mataderos de Escalona, Binéfar, Monzón y Huesca. Éstos son previamente lavados con agua a presión por cuestiones higiénicas y sanitarias, puesto que pueden contener ectoparásitos o fungicidas en los cascos de las patas. Los kilos anuales aportados en este comedero oscilan entre los 10.000 y 14.000, y los días de aporte van entre los 80 y 100 cada año, siendo especialmente relevante el trabajo en aquellas jornadas de nieve, frío y mal tiempo.

En el comedero para quebrantahuesos del valle jacetano de La Garcipollera el aporte es muy similar, con unos 10.000 kilos al año de comida procedente de restos óseos de cerdo, cordero y ternera. Este alimento se deposita también dos días a la semana, dentro de un recinto cerrado y protegido que evita la entrada de posibles depredadores terrestres. Además, en este enclave, al año se obtienen unas 1.500 detecciones de quebrantahuesos, tanto de observaciones directas de los ejemplares marcados, como de señales recibidas por los receptores VHF que portan algunos animales. De hecho, este comedero es muy importante para el estudio y la conservación, ya que además aporta la información de más del 80% de la población marcada en el Pirineo, muy por encima de los datos obtenidos en los otros tres comederos existentes.

Supervivencia, reproducción, observación y punto fotográfico
Todas estas actuaciones coordinadas resultan ser de vital importancia para garantizar la supervivencia de los ejemplares juveniles de una especie faunística amenazada que vive asociada a la ganadería extensiva en zonas de alta montaña, así como de gran ayuda a la mejora de la productividad de las parejas reproductoras que inician su larga incubación ya en los meses más fríos del año, cuando todo el entorno natural está nevado y con temperaturas bajo cero.

Estos cuatro puntos comederos para quebrantahuesos de Aragón son, además, extremadamente útiles para el control de la población y para la realización de trabajos de marcaje que permiten obtener datos demográficos fundamentales en la gestión y protección de la especie. En cada día de aporte, los Agentes de Protección de la Naturaleza del Gobierno de Aragón realizan las correspondientes observaciones que son anotadas en un ficha técnica de seguimiento donde se reflejan las especies avistadas –buitres, alimoches, águilas, córvidos- el número de individuos y si éstos están marcados o no.

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Imagen de uno de los comederos del Gobierno de Aragón. (FOTO: Comunicación Gobierno de Aragón/Nacho Viñuales)

Por otra parte, el punto de alimentación suplementaria del Cebollar de Torla, de menor volumen en aportes alimenticios, es utilizado fundamentalmente como punto de fotografía al que acuden fotógrafos, cámaras profesionales, televisiones y naturalistas de todo el mundo tras haber sido seleccionados por concurso y haber sido autorizados expresamente por parte del INAGA (Instituto Aragonés de Gestión Ambiental) para la obtención de las mejores imágenes de una especie muy rara de ver bien en buena parte del mundo.

Todos estos trabajos de alimentación segura para la especie se enmarcan dentro de los objetivos y actuaciones del Plan de Recuperación del Quebrantahuesos en Aragón, Decreto 45/2003 de 25 de febrero, y están coordinados con las administraciones francesas de la vertiente norte y con las comunidades autónomas pirenaicas vecinas, mediante un protocolo común de actuación.

La única ave de nuestro país que se alimenta exclusivamente de huesos
El quebrantahuesos (Gypaetus barbatus) es un de las aves más singulares y emblemáticas del conjunto de la avifauna mundial, la cual se alimenta exclusivamente de huesos, lanzándolos desde el aire.

Esta especie animal salvaje encuentra en las poblaciones del Pirineo y del Prepirineo aragonés el bastión más importante para la especie en toda Europa, con más de 120 parejas reproductoras, es decir, el 60% de los territorios habitados por quebrantahuesos en las dos vertientes de las montañas pirenaicas.

Tanto a nivel nacional como autonómico, el quebrantahuesos está catalogado como  especie en peligro de extinción, existiendo una Estrategia Nacional para su Conservación, así como un Plan de Recuperación para la especie en Aragón.

Los mayores problemas ambientales que afectan al quebrantahuesos son los tendidos eléctricos, la caza ilegal, el uso de venenos, la trasformación del hábitat, el fracaso reproductor y el retroceso de la ganadería extensiva en zonas de montaña, lo que disminuye la probabilidad de reses muertas y por lo tanto condiciona el alimento disponible para esta carroñera tan especializada en su alimentación.